Vox y el Cristianismo

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Desde antes de escribir este post, ya sabemos que muchos de nuestros seguidores quedarán decepcionados porque ven en Vox una alternativa «cristiana» en la Política… pues para ellos, precisamente, escribimos.

No se trata de criticar a Vox o de desanimar a sus votantes para que desistan de votarlos; antes bien, la única intención de este post es dejar bien claro que Vox es, cada vez menos, una alternativa «cristiana» en la Política para que, a partir de ahí, cada cual actúe en conciencia con su voto.

Y no, no lo hacemos ni mucho menos porque Vox haya «afeado» a la Conferencia Episcopal Española su apoyo al proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes porque, precisamente nosotros, hemos sido y seguiremos siendo muy críticos con la Conferencia cada vez que creamos que se equivocan, por acción y omisión (como, por ejemplo, con el Valle de los Caídos).

La prioridad nacional es un principio profundamente anticristiano.

Además, es el propio partido Vox el que rehuye de la etiqueta pública de «cristiano», jugando siempre en la ambigüedad a acercarse a todos los que así se denominan con juegos de palabras como «mantener las tradiciones».

Pero el concepto de «prioridad nacional» choca frontalmente con todo lo que Jesucristo nos enseña y no podemos callar ante semejantes fórmulas de revestir una actitud completamente anti-cristiana.

Basten las lecturas de la Misa de hoy, para comprenderlo: En la primera lectura, Hch 6 (1-7), unos «extranjeros» (Griegos) vienen a quejarse a los Apostoles de que sus viudas no están siendo atendidas correctamente. Y, soprendentemente, los Apostoles no invocan ningún tipo de «prioridad nacional» para justificarlo, sino que se ponen manos a la obra para que no siga ocurriendo.

Es muy importante que, al menos, los cristianos, formemos nuestras conciencias correctamente en las fuentes de la Doctrina Social de la Iglesia para que podamos conocer la Verdad y, a partir de ahí, obrar en consecuencia, optando incluso por el «mal menor» cuando sea necesario, pero siempre con coherencia con lo que, se supone, deberían ser nuestros pensamientos en materia de política.

El Papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) abordó la confusión y la mentira dentro de la Iglesia y el mundo cristiano con gran preocupación, describiendo la situación como una crisis profunda de fe provocada por el relativismo, la pérdida de la verdad objetiva y la falta de «criterios» claros para distinguir el bien del mal.
Para Benedicto XVI, la mentira no es solo un pecado individual, sino una fuerza cultural que distorsiona la realidad, mientras que la confusión es la «primera hija de la mentira», un arma diseñada para sembrar división y aturdimiento.
Y los de Abascal han recortado ya tanto nuestros principios, que es imposible que se sostenga que un cristiano vote a Vox «por ser un partido Cristiano»… Podrán votarlo por muchas otras razones, pero no invoquen, por favor, el motivo «partido cristiano» para apoyar a un partido que ha optado por «esconder» la defensa de la vida (aborto, eutanasia), aceptar el matrimonio homosexual y que ahora viene a decirnos cómo tenemos que hacer acepción de personas en nuestra sociedad.
Quizás ese sea nuestro problema también, y es que muchos, sin darnos cuenta, vamos adaptando el cristianismo a nuestra vida (y no al revés, que es como debería ser), a base de «recortar» principios evangélicos fundamentales (amar al enemigo, renunciar a los bienes, perdonar sin límites…) y, claro, nos acaba pasando como a Vox, cuya estabilidad, magistralmente representada por Jucho en la viñeta que acompaña al post, empieza a flaquear, porque es imposible sostener una mesa con tres patas, ni una vida cristiana sin los principios fundamentales del Evangelio.
Dani & Jucho

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