Ese señor tan serio que ahora sale en Instagram sin camiseta

COMPARTIR EN REDES

Hay que ver la de hombres que se han echado al monte del estoicismo. Abres Instagram y te salen en procesión, uno enseñando abdominales, otro mirando al horizonte como si le debiera algo la vida, otro recomendando ducha fría, ayuno, sentadillas y una dosis de café. Ah! Y outfits empresariales para rematar la faena. 

Y yo, que no tengo nada contra la templanza ni contra el señor Marco Aurelio, sospecho que aquí hay mucho tufo a cartón-piedra y poca verdad.

El estoicismo aparentemente muy noble, muy severo, muy digno es más frío que el mármol del busto de Séneca.

La cosa viene de lejos. Ahí está Esquilo, que no era precisamente un tertuliano de sobremesa, dejando caer en boca de Prometeo aquello de que el timón lo llevan las Moiras y las Erinias. Y cuando le preguntan si Zeus puede escaquearse de ellas, responde poco menos que no, que ni el propio jefazo del Olimpo se libra del guion ya escrito. Estupendo y prometedor panorama, uno se imagina a los dioses muy enjoyados y muy omnipotentes, pero al final están también metidos en la rueda de hamster del destino.

Séneca, por su parte, lo resume así, o sea, resígnate, chato, que patalear no cambia los hilos de la red hilada. Traducido al lenguaje de hoy, respira hondo, acepta, no te quejes y procura poner cara de estatua mientras el universo te pasa por la piedra. 

Hay en eso una grandeza, no digo que no. Pero también hay una tristeza y una especie de dignidad sin consuelo. Lo denominaría como perder sin esperanza. Lo que al fin y al cabo deja al hombre como un soldado muy disciplinado, muy fortachón y muy triste en mitad de la nada.

El hombre puede ser valiente, noble, heroico, fiel a los suyos, pero no deja de ser una pieza con una gran misión en un mundo sublime que él no ha diseñado. Puede morir con honor, desde luego, incluso quedar magnífico en el poema, pero no puede torcer en su totalidad el rumbo último de la historia. Pues de todo Dios puede sacar algo bueno.

El catolicismo no le dice al hombre simplemente “aguanta”. Es algo mucho más grande y que nos precede y supera “tu dolor tiene sentido y tu final no está en manos de una rueca ciega”. Ahí cambia todo.

Pues de golpe, el hombre ya no es un juguete, es una criatura llamada, conocida, querida y destinada a algo más alto que resistir con la mandíbula apretada y la agenda muy muy organizada.

Ésta es la superioridad radical del catolicismo sobre el estoicismo.

El estoico procura dominarse mientras el católico procura salvarse y salvar a los demás. Y todavía hay más, pues el estoico muy amigo del individualismo se blinda pero el católico se entrega. 

Varios de los grandes problemas psicológicos de hoy en día vienen por la frustración de no estar a la altura. Continuamente alimentado por las redes sociales deseamos la vida “perfecta” del otro. Un hombre estoico aspira a no doblarse ante la vida mientras que el católico persigue esa aspiración pero sabe que puede caer, pedir perdón, levantarse y ser amado. 

Además, vamos decirlo todo, esto se adereza con que el estoicismo que hoy se vende en redes no es estoicismo, sino viene mezcladito con narcisismo, una feria con farolillos del yo. 

Machotes solemnes, empresarios de éxito, que anteponen su marca personal a la virtud. En el fondo no te empujan a ganar la vida eterna, no hay combate interior con trascendencia, sólo hay escaparate. Es más de lo mismo, imagen, de como ser imperturbable, viril, indomable y por todo ello rentable. Todo sea por la caja registradora.

¿Y qué revela esta plaga de estoicos casi todos hombres? Pues una sed muy real. Hay muchos varones hartos de una sociedad floja, caprichosa, infantilizada y llorona. Intuyen aunque sea a palos de ciego que hace falta orden, disciplina, jerarquía interior, temple. Y aciertan. 

Pero luego van y dan aspirinas a un muerto. Porque una cosa es tener templanza y otra es acabar adorando una caricatura de la fortaleza. Sin Dios, la hazaña termina demasiadas veces en puro teatro.

El peligro principal de esta moda es que conviertan la dureza en ideal supremo, que sustituyan la humildad por la autosuficiencia, y la misericordia por el rendimiento.

Cristo no es el gurú de la invulnerabilidad. Suda sangre, cae, pide agua, perdona…Ahí está toda su majestad. Ser simplemente estoico es andar corto de vuelo. No se trata de parecer fuerte y dominarse, sino en serlo para darse hasta el extremo del amor. 

Camina, que hay promesa. Y entre una vida dedicada a apretar los dientes y otra abierta a la esperanza, a la gracia y a la salvación, me quedo con la segunda.

Lo otro podrá quedar muy bien en Instagram. Pero para vivir, darse, sufrir y morirse como un cristiano, hace falta bastante más que una frase solemne y un abdomen perfecto.

 

¿Te ha gustado el artículo?

Ayúdanos con 1€ para seguir haciendo noticias como esta

Donar 1€
NOTICIAS RELACIONADAS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.