Entre el 10 y el 12 de octubre se realizó en Tucumán –provincia de Argentina- el XXIV Encuentro nacional de Mujeres. El objetivo de esta reunión era según fuentes de la organización ‘reivindicar el género’, debatir sobre la violencia doméstica, la trata de blancas, la salud reproductiva, el derecho a abortar y expresar su preocupación por la violencia que se vive en la actualidad.
Los católicos de Tucumán alertados por lo sucedido en anteriores concentraciones se apostaron frente a las iglesias para proteger los templos de posibles ataques. Los creyentes permanecieron cogidos de la mano y con carteles que reivindicaban la vida del niño por nacer mientras oraban.
Los católicos se situaron ordenadamente rodeados de unas vallas de protección y encabezados por los hombres que resguardaban a las mujeres y los niños. Este hecho enfureció a las manifestantes que arrojaron botellas, pintura, orina, pastillas y escupieron a los cristianos.
La manifestación tenía entre uno de sus objetivos la de ser una contra réplica de la manifestación del 17-O que tuvo lugar en Madrid a favor de la vida y contra el aborto, de cuyo éxito se ha hecho eco la prensa internacional
Una protesta violenta y denigrante
El resultado de la protesta fueron numerosos altercados violentos. La marcha que reivindicaba la liberalización total del aborto estaba repleta de ideología homosexual, falta de integridad moral y ética, y constituía un desfile de cuerpos desnudos y libertinaje extremo.
Las manifestantes mostraron sin pudor sus senos y se besaron entre ellas. Arrojaron preservativos y faltaron el respeto a las personas apostadas ante las Iglesias con reiteradas provocaciones: pintaron bigote a chicos que ni se inmutaron mientras seguían sus oraciones cogidos de la mano, se pasaron signos católicos por los genitales para acabar rompiéndolos, etcétera.
La policía permaneció pacientemente intentando mantener un cerco entre las manifestantes y los cristianos. El resultado fue de varias personas ensangrentadas, heridas y con lesiones. Además, numerosos monumentos históricos fueron arruinados por las pintadas.
En aquella jornada destacó por encima de todo la actuación de miles de jóvenes, ancianos y familias que defendieron sus creencias con entereza y valor sin responder la violencia empleada por las manifestantes. La única voz que se oyó fue la de los católicos rezando mientras les interpelaban con blasfemias y provocaciones
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