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04/06/2010 - Editorial
El Plan de Empleo Rural como causa de subdesarrollo
ForumLibertas

Existen temas tabú que ocultan su realidad bajo máscaras prestigiosas: los derechos de la mujer, la solidaridad. El PER es uno de ellos. En esencia se trata de una compensación económica, limitada a Andalucía y Extremadura, para paliar el insuficiente trabajo agrario que se produce a lo largo del año y que no permite un mínimo de jornadas ocupadas, ni tan siquiera para acogerse al paro.
 
El PER es, por esta razón, un exponente objetivo de subocupación, es decir de exceso de mano de obra agrícola. De ahí que inicialmente, un origen que se remonta a más de una generación, fuera concebido como una medida paliativa y temporal. Era lógico que así fuera justificado porque su naturaleza es contraria a toda lógica de desarrollo económico: subvencionar para mantener fijada una situación de subocupación. Pero, a pesar de su provisionalidad y condición de freno al desarrollo, se ha mantenido.
 
Las actividades que se realizan en el marco del PER, en el mejor de los casos, tienen una utilidad y, sobre todo, una productividad marginal, porque su fin no es el de producir bienes y servicios, sino 'ocupar' un tiempo trabajando o haciendo como si se trabajara. Es interesante constatar la falta de estudios desde las instituciones del Estado y de las Juntas de Andalucía y Extremadura sobre el impacto en el desarrollo económico y social del Plan de Empleo Rural. Pero, no es un dato menor que la primera ocupe un primerísimo lugar en número de parados por Comunidades Autónomas.

Si algo falla de muy profundo en el modelo económico español para que alcance un 20% de paro, algo mucho más grave acaece en el sistema productivo andaluz para que la escandalosa cifra se multiplique hasta una magnitud propia de países subdesarrollados. Atención, esto no equivale a afirmar que Andalucía en su conjunto merezca tal calificativo, pero si su cifra de parados. El PER está en la base de este problema, no solo, pero si de manera decisiva.

Razones:
 
1.      Dicho Plan subvenciona el mantenimiento de la subocupación, de un excedente de mano de obra, sin perseguir ningún fin productivo. Esto tiene una pretensión social que solo tendría lógica como un estadio temporal, nunca definitivo, porque genera una población en edad de trabajar subvencionada. En este sentido, degrada el capital humano. Como fase puente ligada a la formación, al fomento de nuevas actividades, tiene sentido; en los actuales términos carece de él.
2.      Al trabajador agrario afectado le ofrece una salida fácil, le otorga unos ingresos mínimos, una economía de subsistencia con poco esfuerzo y eliminando todo afán de superación. La posibilidad de complementarlos con 'apaños' mediante la práctica de la economía sumergida y la disponibilidad de  tiempo libre forman parte del PER. Esto, en un entorno rural que facilita el autoabastecimiento parcial, el intercambio y la existencia de precios más bajos, la sanidad y enseñanza gratuita, el subsidio de paro y la jubilación, facilitan la cronificación de un determinado estilo de vida al margen de las exigencias en la que viven los españoles en edad de trabajar. Este, digamos, 'estilo' menos consumista sería elogiable si no dependiera de la subvención, es decir del dinero de los demás para poder mantenerse.
3.      Favorece a los grandes propietarios agrarios, que tienen a su disposición un 'ejército de reserva', una mano de obra cautiva, sub ocupada, a la que pueden dar trabajo o despedir en función de sus necesidades. Es el marco soñado por el capitalismo puro y duro disfrazado de solidaridad que no pagan ellos. Yo te contrato, te despido, y el Estado, es decir todos los ciudadanos, corren con el gasto de mantenerte
4.      A medio y largo plazo es contrario a los interés de los trabajadores porque la sub ocupación, el 'ejercito de reserva', permite presionar los salarios a la baja y esquivar la mejora de la productividad, que es la vía central al desarrollo y al aumento de los ingresos de los trabajadores.
5.      Este planeamiento es una causa de subdesarrollo porque disuade la iniciativa empresarial, la búsqueda de una mayor productividad agrícola, mal utiliza los recursos públicos que podrían aplicarse para otro fin, no genera una ocupación productiva estable, y desincentiva la mejora del capital humano, al crear un marco en el que no tiene mayor sentido acrecentar las capacidades personales y la vocación emprendedora. Así mismo, dificulta la localización de nuevas actividades que podrían generar empleo a cambio de un trabajo mas duro que el PER
6.      Es un factor de injusticia para :
a.      Los jornaleros agrícolas de otras comunidades. Que haya menos no significa que no existan.
b.     Para los parados de larga duración que ven desaparecer su subsidio sin disponer de contrapartidas equivalentes. La vida de una de estas personas en una ciudad no es menos difícil, seguramente mucho más, que la de un jornalero agrícola.
c.      Para el conjunto de los ciudadanos, que deben subvencionar una solidaridad mal entendida con carácter permanente para un grupo de población muy específico, de unos territorios específicos. Quienes contribuyen a él no son las grandes fortunas, sino en su mayoría trabajadores asalariados o autónomos, pequeños empresarios
7.      Además, el sistema ha pervertido la política en Andalucía y Extremadura, porque la combinación de PER, gobierno autónomo y gobiernos locales han fabricado un voto cautivo. Esto explica la anomalía socialista andaluza: el centro derecha gana en las grandes ciudades y la poblaciones intermedias, allí donde el PER no influye, mientras que los socialistas ganan en el mundo rural profundo, allí donde el Plan de Empleo tiene incidencia, cuando de acuerdo con la sociología rural debería darse la tendencia a una situación inversa. Este voto cautivo y el hecho de que el PSOE funcione en realidad como el Partido Regionalista de Andalucía explica la pervivencia del sistema. Esto y el pensamiento políticamente correcto, que silencia todo análisis, no sólo racional, sino guiado por criterios de bien común y solidaridad real
 
El PER solo deja de ser injusto si se financia con los recursos surgidos de las grandes explotaciones agrícolas, que son quienes en definitiva se benefician de la subocupación, y aun así continuaría siendo un factor de subdesarrollo y subocupación.
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