Durante meses antes del estreno de La Brújula Dorada, ha circulado de manera bastante anárquica la información de que se trata de una película basada en libros anticristianos, que insultan a la Iglesia y al cristianismo y que no era adecuado para las familias cristianas apoyar la película.
Incluso aunque es cierto que el filme ha retocado mucho aspectos de la novela para no enfadar al público cristiano, un éxito en taquilla significaría fomentar aún más la venta de las novelas (que si son radicalmente cristianófobas) y significaría incitar a filmar la segunda y tercera parte, de contenido mucho más anticristiano que la primera.
¿Qué efecto ha tenido esta campaña de boicot que en España ha sido totalmente descentralizada, caótica y ha aparecido muy matizada en la prensa cultural cristiana?
Estos son los datos en España: la primera película de Narnia atrajo en 2005 a 1.468.000 personas en sus 5 primeros días. La Brújula sólo ha atraído a 598.000 en estos mismos 5 días. Por lo tanto, ha habido 870.000 españoles que en el puente de la Inmaculada de 2005 consumieron un filme de fantasía protagonizado por niños que dos años después, también en un puente de la Inmaculada, teniendo exactamente la misma posibilidad, se han quedado en casa (no se ha advertido una especial afluencia a otras películas, Bee Movie no ha arrasado, aunque Encantada, de Disney puede haber restado algún público pre-adolescente femenino).
¿Significa esto que una campaña cristiano-familiar consciente y militante es capaz de "desactivar" a 870.000 espectadores de forma completamente anárquica y viral? Es difícil de saber. Pero si alguna vez se pudo hacer un experimento de comparación sociológica es ésta.
Comparar estos dos productos en España es especialmente adecuado porque su estreno fue en condiciones idénticas en un puente de la Inmaculada, cinco días prenavideños. Cuando la segunda película de Narnia, El Príncipe Caspian, se estrene en julio de 2008 será en distintas circunstancias (véase ya el prometedor trailer en http://www.disney.es/FilmesDisney/narnia/ ).
¿Por qué comparamos La Brújula con la primera película de Narnia? Ambas películas son del género de fantasía, ambas costaron 180 millones de dólares, ambas están protagonizadas por niños, ambas se basan en series de novelas fantásticas, que en ambos casos escribieron autores británicos: Narnia es una serie de 7 libros de C.S Lewis, un ateo que se convirtió al cristianismo anglicano conservador; La Brújula pertenece a la trilogía "Materia Oscura", de Phillip Pullman, ateo militante, anticlerical y enemigo confeso de las novelas de Narnia.
La película de Narnia era una apuesta de Walden Media -un grupo declaradamente pro-familia y pro-valores- en alianza con Disney para la difusión. La de La Brújula es de New Line Cinema, un estudio que no es anti-cristiano: el año pasado traía a nuestras pantallas "La Natividad" (con una María más protestante que católica, es cierto) y antes dio el salto con El Señor de los Anillos, tres películas bastante fieles al 100% católico J.R.R. Tolkien.
La Brújula, en cualquier caso, contaba con una ventaja sobre Narnia: actores famosos como Nicole Kidman, Daniel Craig, la voz de “Gandalf” (Ian McKellan) e incluso un cameo de “Saruman / Dracula”, es decir, Christopher Lee, haciendo, obviamente un papel de malvado. Frente a este estrellato, Narnia solo tenia 4 niños. Y sin embargo, La Brújula no ha triunfado.
Algunos han comentado que el éxito de Narnia se basó en una potente base de fans y lectores, como Harry Potter y El Señor de los Anillos, mientras que las novelas de Pullman son mucho menos conocidas. No me convence. En España, las Crónicas de Narnia eran muy poco conocidas. Calculo que el número de seguidores de Narnia y el de Pullman eran similares -relativamente pocos- antes de 2004, cuando empezó a sonar el proyecto de la película. Otra cosa es que Lewis tuviera muchos seguidores entre el público cristiano adulto por sus libros de tema literario o religioso, o entre cristianos lectores cristianos de Tolkien y Chesterton.
Y parece indudable que en España (y el extranjero) la prensa y las escuelas cristianas fomentaron hasta cierto punto la “cultura Narnia” poco antes del estreno del film, mientras que por el contrario han hablado mal de La Brújula, al menos de las novelas. No es tan aventurado pensar que eso ha influido, y mucho.
En el Reino Unido, las novelas infantiles de C. S. Lewis sí llevan educando a tres generaciones de niños, desde los años 40. Pero también es allí donde las novelas de Pullman han tenido más éxito. Pese a todo, también allí Narnia ha ganado en taquilla.
Los 3 días de estreno de Narnia en el Reino Unido recaudaron 8 millones de libras. En un estreno equivalente, La Brújula Dorada ha recaudado 7,2 millones de libras. No parece mucha diferencia, pero pensemos que han pasado 2 años (entradas más caras) y convirtamos esas cifras en espectadores. Es bastante gente de diferencia para ser el país natal de Pullman.
Y llegamos a Estados Unidos, donde la debacle de La Brújula ha sido total: ha recaudado 25,8 millones de dólares, mientras que Narnia recaudó en su estreno más del doble, 65 millones de dólares. Y no es por numero de cines: la Brújula se estreno en 3.500, casi los mismos que los 3.600 de Narnia. Pese a 70 millones de euros gastados en promoción mundial (además de los 180 millones de coste de la película), el publico no ha respondido.
Para que quede claro el desastre de taquilla en EEUU: en febrero 2007, el estreno de una pelicula de poco coste de Walden Media, Un Puente a Terabithia, en 3.140 cines (360 menos que la Brujula) consiguió recaudar 2,7 millones de dolares más, según BoxOffice Mojo. Un Puente a Terabithia se anunció como otra Narnia -aunque era algo muy distinto- y también estaba protagonizada por niños y se basaba en una novela de éxito en el publico juvenil, de una autora cristiana.
Ya ni hablemos de comparar con estrenos de Harry Potter (El Cáliz de Fuego, 102 millones; El Prisionero de Azkaban, 93,6; la Piedra Filosofal, 90,2; La Cámara de los Secretos, 88,3) ni con El Señor de los Anillos (El Retorno del Rey, 72,6 millones).
Por eso se entiende que la prensa de cine hable de “desastre” (Slashfilm), “rota y quemada” (Cinematical), “decepciona en taquilla” (agencia Reuters)...
Rolf Mittweg, presidente de marketing y distribución mundial de New Line dice que “todo depende de la longevidad”, es decir, que espera que a nivel mundial y durante las semanas navideñas y de vacaciones escolares se compense el fracaso en EEUU. Pero en Navidad ya hay muchas mas películas infantiles y juveniles en juego, que se reparten al publico.
Y las críticas y el boca a oreja no están ayudando a La Brújula Dorada. Es difícil encontrar reseñas o críticas positivas en la prensa o en los blogs de cine.
Además, no está claro que el marketing fuera el adecuado: los anuncios y los carteles parecen buscar un público infantil y quizá femenino (chicas de 9-10 años, el público infantil de Narnia... aunque Narnia se lleno de adolescentes sedientos de mas “Señor de los Anillos” y para ellos se hizo una gran batalla final). Un mal enfoque, porque en realidad La Brújula Dorada es demasiado oscura para niños pequeños y no suficientemente épica o adulta para la gente de 18 a 35 años amante del género fantástico.
Puntos fuertes y débiles de la película
A los amantes del genero fantástico les gustaran algunos elementos. El diseño en general es imaginativo y evocador: se trata de una Tierra paralela a la nuestra, donde la tecnología ha seguido otro camino, una especie de “steam-punk” (punk a vapor, al estilo Blaylock y Tim Powers), tecno-victoriano. Por usar las palabras de Tolkien sobre los mundos de fantasía convincentes y seductores, consigue ser “extraño, pero no demasiado extraño”. Curiosas agujas y cúpulas se añaden al Oxford y el Londres de este mundo.
Una idea magnífica de las novelas y plasmada genialmente en la película es la de los daimons, animales-alma que acompañan a cada persona. A la señora Coulter le acompaña un mono dorado, a Lord Asriel le acompaña su leopardo de las nieves...
Ver un Oxford donde cada persona va acompañado de un animal, y que fluya con naturalidad es un gran éxito. La película lo consigue.
Decía Tolkien que uno de los deseos naturales del ser humano, animal filológico, es hablarle a las criaturas y entender su idioma (como hace Sigfrido tras beber la sangre del dragón Fafnir). Y el temor de nuestros días es estar solo, no tener autentica compañía intima y compañerismo. Más aún si no hay Dios, si no existe ese “Otro” que siempre esta con nosotros. Los daimones, compañeros animales, que hablan, escuchan, entienden, comparten, padecen-con-nosotros responden a un anhelo fuerte del corazón humano y son un gran hallazgo de las novelas de Pullman. Y en el filme los recogen muy bien.
También ha gustado a muchos el combate entre los osos del hielo, una cultura de osos guerreros en el ártico, con armaduras de metal.
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El vestuario logra apoyar la creación de un ambiente adecuado. El Magisterio –que en las novelas es la Iglesia católica después de desaparecer el ultimo Papa, Calvino, y sustituir Roma por Ginebra y el Papado por un conclave de jerarcas- aparece en el filme representado por personajes con aspecto de diplomático victoriano-imperial después de pasarse por el sastre de una logia masónica. Es decir: nada eclesiástico y todo muy confabulativo.
De hecho, la única alusión en la película a que el Magisterio es algo “eclesial” es que se llama Magisterio, que usa la palabra “herejía” y, extrañamente, que su pequeña sede local en una ciudad de NordNoruega esta decorada (¡por fuera!) con iconos ortodoxos. Nunca se menciona a Dios ni a Adán y Eva en el film (mientras que en la novela se cita un párrafo entero de Génesis, se dan muchos nombres de Dios, etc...), sino que se habla de “la Autoridad” y “un error de nuestros antepasados”, todo muy abstracto.
Precisamente, ahí empiezan los fallos. No sabemos por qué los malos son malos. De hecho, no hacen nada realmente malo, no les vemos matar a nadie. Sí, secuestran niños y los separan de su daimon con una máquina terrible, algo espantoso. Lo hacen para “protegerles del Polvo”. Pero no sabemos exactamente por qué eso es malo.
El Magisterio en las novelas es claramente maligno: es la Iglesia católica, maligna y dominadora en todos los mundos paralelos. El cristianismo no podría ser bueno por muchos mundos en que lo intentase: es la tesis del novelista Pullman.
Pullman en sus novelas nunca habla del Islam ni otras religiones. Solo del cristianismo, que no puede ser sino mentira, dominación, hipocresía, autoflagelación, obsesión con el pecado (el Polvo). Todo da pecado. Claro, en realidad, el cristianismo es una religión de perdón y humanidad, porque Cristo sana del pecado y perdona, quita el pecado... pero es que en las novelas de Pullman nunca sale Cristo. Su cristianismo es una cosa rara, sin Cristo. Obviamente, eso es hacer trampa.
La película deja fuera los tres últimos capítulos de la novela, que son sermones de Lord Asriel (es decir, Azrael, nombre de un demonio; su daimon se llama “Stelmaria”, una mofa anti-mariana, y más si recordamos que María debe pisar la cabeza al demonio, no ser su “daimon”), sermones en los que explica lo mala que es la iglesia. Se agradece que la película omita estas clases de EpC, pero con todos estos tijeretazos, el Magisterio, como malos malísimos, quedan desdibujados.
La batalla final contra un montón de guardias tártaros (que, vaya usted a saber por que, hablan ruso entre ellos, y no lenguas tártaras) es una copia absurda y poco creíble de Crónicas de Narnia y de El Señor de los Anillos. “Vienen las brujas” (volando) sustituye al “vienen las águilas”, de Tolkien. El género en cine pide batalla épica al final, y se sacan una de la manga sin mucho sentido.
Pero lo peor, y lo que más se critica, es el montaje apresurado, acelerado, caótico, sin mucho sentido, la forma de encadenar acciones, imágenes. Todo es atropellado y torpe. Las películas fantásticas que están triunfando tenían 3 horas de duración. La Brújula intenta condensar en menos de dos horas. Y el resultado es apretujado y desaliñado.
El papel de los cristianos
¿Que hacer, entonces, con La Brújula Dorada, si uno es padre de familia cristiano, o un cristiano aficionado al género fantástico?
Las novelas están orientadas para chavales de 13 años en adelante. Precisamente, los 13 años es la edad en que según todas las estadísticas la gente pierde masivamente la fe en España.
Uno no pierde la fe por “simplemente leer” La Brújula Dorada. Pero si las tres novelas te dicen que la Iglesia es un timo y que Dios es solo un aguafiestas que hay que matar y rechazar para ser libre y crecer, y además tus amigos pasan de Dios, y “todo el mundo” dice que “los curas son unos aprovechados”, y el diario 20Minutos que te regalan por la calle trata de curas pederastas cada día y a Almodóvar le dan premios por pelis de curas pervertidos, y en ninguna serie de televisión salen cristianos excepto cuando son cristianos tontos (como en Los Serrano), y si afrontas las crisis clásicas de la adolescencia (de sexo, autoridad y autoestima)... pues, sí, las novelas de Pullman hacen daño al acumularse, al llover sobre mojado.
Sería deseable que New Line no haga películas de las dos novelas que quedan de Pullman, las más cristianófobas. Pero por ver La Brújula Dorada, no pasa nada grave, excepto que para muchos espectadores será una película confusa y apresurada.
Si queremos regalar libros o películas de fantasía estas Navidades, además de los clásicos cristianos (los siete libros de Narnia, la trilogía de Ransom de C.S. Lewis, El Señor de los Anillos y todo Tolkien), una buena opción es la película (muy pro-familia) de Los Seis Signos de la Luz, y sus 4 novelas, que están editadas en español y gustaran al adolescente y adulto joven que leería las novelas de Pullman.
Y recordemos que el 4 de julio de 2008 se estrenará El Príncipe Caspian, la segunda película de Narnia: el trailer, impresionante, ya se puede ver en la web oficial: http://www.disney.es/FilmesDisney/narnia/
Mientras tanto, el cine fantástico y su exitoso hermano, el de superhéroes, siguen llenando de héroes nuestras pantallas. Y eso es bueno en un mundo que muere de nihilismo, desvinculación y gente que arrastra vidas vacías y amorfas. Como Tolkien insistía: la fantasía verdadera no es un escapismo de evasión narcisista, sino un recuperarse, un mirar con nueva esperanza para seguir luchando.
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http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=9412
'Los Seis Signos de la Luz': fantasía familiar 'made in Walden'
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La Última Batalla: lea las reseñas de las 7 novelas de Crónicas de Narnia de C.S.Lewis
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