El milagro más reciente —el número 72— fue anunciado públicamente el 16 de abril de 2025, en un momento especialmente simbólico: tras el rezo del rosario y coincidiendo con la fiesta litúrgica de la santa vidente.
El rector del santuario, padre Michel Daubanes, comunicó la noticia ante los peregrinos congregados en el lugar, a orillas del río Gave de Pau, donde se levanta la conocida estatua de Nuestra Señora de Lourdes. Poco después, el propio santuario confirmó en la red social X que la beneficiaria del hecho extraordinario era una mujer italiana, Antonietta Raco, quien se habría curado en 2009, durante una peregrinación a Lourdes, de una enfermedad neurológica grave: la esclerosis lateral primaria.
La esclerosis lateral primaria (PLS, por sus siglas en inglés) es un tipo de enfermedad de la neurona motora que afecta a las células nerviosas del cerebro responsables del movimiento. Su progresión suele provocar debilidad muscular y dificultades para controlar piernas, brazos e incluso la lengua. En muchos casos, la pérdida de movilidad acaba obligando al paciente a utilizar silla de ruedas, lo que convierte cualquier recuperación completa en un evento altamente inusual.
Según la información difundida por la diócesis italiana de la afectada, Raco experimentó el cambio durante su estancia en el santuario, después de bañarse en las piscinas de Lourdes, un rito espiritual muy arraigado en la devoción del lugar. A su regreso a casa, comenzó a moverse de forma independiente y, de acuerdo con el testimonio recogido, los síntomas de la enfermedad “desaparecieron de manera inmediata y definitiva”.
Fue el obispo Vincenzo Carmine Orofino, de la diócesis de Tursi-Lagonegro (sur de Italia), quien declaró oficialmente el carácter milagroso de esta curación el 16 de abril de 2025.
El reconocimiento, sin embargo, no es fruto de una proclamación espontánea. Lourdes cuenta con un sistema de evaluación que combina investigación médica y discernimiento eclesial. El obispo Orofino subrayó que, tras “un largo periodo de cuidadosa investigación”, el Comité Médico Internacional de Lourdes —organismo oficial que examina posibles curaciones— concluyó que el caso era “médicamente inexplicable” según el estado actual del conocimiento científico. Solo después de esa conclusión médica se abre la puerta al juicio religioso sobre si, además, puede hablarse de intervención divina.
La noticia llegó apenas cuatro meses después de la confirmación del milagro número 71, atribuido a la curación de un soldado británico herido durante la Primera Guerra Mundial.
Esto pone de relieve que, aunque miles de personas afirman haber recibido gracias y sanaciones en Lourdes, el número de milagros oficialmente reconocidos es muy reducido. De hecho, el director de comunicación del santuario, David Torchala, explicó que existen más de 7.000 casos registrados y estudiados con declaraciones de curación, pero que el proceso para llegar a la categoría de “milagro” es largo, exigente y depende también de que la persona curada regrese, informe formalmente y acepte nuevas pruebas y revisiones. Además, recordó que la decisión final no corresponde al santuario, sino al obispo de la diócesis del paciente.
Torchala aprovechó también para rendir homenaje a quienes hacen posible la peregrinación, destacando a Unitalsi, una gran organización italiana que acompaña enfermos a Lourdes durante todo el año. Los italianos, señaló, son el grupo más numeroso de visitantes después de los franceses, y su presencia constante sostiene buena parte de la vida del santuario.
Desde las 18 apariciones que Bernardita dijo haber presenciado a partir del 11 de febrero de 1858, Lourdes se convirtió en un lugar asociado a curaciones físicas y espirituales, especialmente vinculadas al manantial que, según la tradición, la Virgen indicó a la joven.
Tras el parón por la pandemia, las bañeras y piscinas del santuario reabrieron plenamente en agosto de 2024, permitiendo de nuevo la inmersión completa en el agua fría, un gesto que muchos peregrinos viven como símbolo de limpieza interior y esperanza.
En palabras de la diócesis de la mujer curada, este nuevo reconocimiento invita a la gratitud: un “signo divino” que, afirman, manifiesta la presencia de Dios entre su pueblo y ofrece a María Inmaculada como mediadora de gracia. Entre la fe y la investigación médica, Lourdes vuelve a situarse en el centro de una historia que, para millones, sigue abierta.






