fbpx

Recuperemos los grandes vectores de la fuerza de la Nueva Evangelización

COMPARTIR EN REDES

En tiempos dominados por la lógica de la inmediatez, también dentro de la Iglesia corremos el riesgo de reducir nuestra atención a lo último dicho, a la declaración más reciente, al gesto que ocupa titulares. Sin embargo, la vida eclesial no se construye por impulsos, episodios, sino por la continuidad orgánica de un magisterio que atraviesa pontificados y generaciones. Las grandes propuestas de los papas no caducan con el paso del tiempo; o bien se institucionalizan, o bien se diluyen. Y cuando se diluyen, empobrecen.

Entre esas grandes intuiciones estratégicas destaca la “nueva evangelización” formulada por san Juan Pablo II. No fue un eslogan coyuntural, sino un diagnóstico estructural: los países de antigua tradición cristiana ya no podían sostener la fe por inercia cultural. Era necesario anunciar de nuevo el Evangelio, con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones. No otro Evangelio, sino una nueva etapa histórica de su transmisión.

Conviene preguntarse hoy, con serenidad y rigor, qué significa eso en términos operativos. Porque si la nueva evangelización no se traduce en vectores prácticos, queda reducida a una consigna retórica.

El primer vector es la credibilidad del sujeto evangelizador. No hay transmisión eficaz sin coherencia personal. La renovación espiritual —vida sacramental sólida, formación en la oración, acompañamiento personal— no es un añadido piadoso, sino la condición de posibilidad de cualquier misión. La santidad no es un ideal abstracto; es capital moral elevado a su máximo exponente. Y porque la credibilidad es esencial, por eso es tan necesario combatir con inteligencia, prudencia y verdad las campañas de desprestigio. Prudencia, sí, para todos en el sentido exacto de la palabra y no en el timorato que algunos le dan. De hecho, la prudencia es la forma básica y virtuosa que adopta la estrategia.

El segundo es la formación intelectual. La secularización ha producido un analfabetismo religioso notable incluso entre bautizados. Recuperar la inteligencia de la fe exige itinerarios sistemáticos de formación, catequesis de adultos, estudio serio del Catecismo de la Iglesia Católica y capacitación para el diálogo cultural. Una fe sentimentalmente sostenida, pero intelectualmente débil, no resiste el debate público.

El tercer vector es cultural. La nueva evangelización no se agota en la pastoral intraeclesial; apunta a la transformación de los marcos de referencia sociales. Universidad, medios de comunicación, producción artística, pensamiento y política: ahí  se configuran las categorías con las que una sociedad piensa. La construcción de los marcos de referencia dentro de los cuales la gente construye sus opiniones y criterios es esencial y seguramente es uno de los mayores déficits del catolicismo en nuestro país, sobre todo a causa de una incomprensible abstinencia política y de los políticos entre los católicos; la falta de formación y criterio de sus pastores, y la deserción de los laicos.

Demasiados son apolíticos, lo que, si fuera cierto, que en muchos casos no lo es, significaría que carecen de virtudes que aportar para construir el bien común, o bien confunde algún partido con la “décima o novena cruzada”, añadiendo confusión e imprudencia al problema. Si esos espacios quedan vacíos de presencia cristiana articulada, la transmisión de la fe se vuelve estructuralmente improbable. No hay buena tierra donde arraigue la semilla.

Cuarto: el protagonismo del laicado. El bautismo confiere responsabilidad pública. La misión en la política, la empresa, la educación o la sociedad civil no es delegable en el clero. Requiere redes, organización, formación específica y conciencia de corresponsabilidad. Sin estructura laical organizada, la evangelización se fragmenta.

Quinto: el lenguaje. La propuesta cristiana debe expresarse de modo comprensible en el ecosistema comunicativo contemporáneo. Esto implica profesionalización, narrativa testimonial y presencia digital estratégica. No basta con estar; hay que saber comunicar. Una película de éxito y premiada, “Los domingos”, aunque no fuera su intención, da una idea de una forma de presentar la gracia que algunos católicos confunden tan equivocadamente con el sentimentalismo.

Sexto: la familia como sujeto activo. Allí donde la transmisión intergeneracional se rompe, la comunidad eclesial envejece y se debilita. La preparación matrimonial exigente, el acompañamiento posterior y la formación de esposos y  padres no son políticas accesorias, sino inversión estructural. La mostración de la masculinidad cristiana, que tiene en San José el gran estandarte, es hoy más necesaria que nunca para mostrar que en eso de las “nuevas masculinidades” los cristianos hace más de dos mil años que ya acuñamos la mejor respuesta

Séptimo: los jóvenes. No como destinatarios pasivos de actividades, sino como protagonistas reales. Experiencias intensivas, liderazgo efectivo y formación exigente generan compromiso duradero más allá del entusiasmo puntual. Seguramente, hoy contribuir a la formación de los jóvenes para que florezcan como personas exige una tarea de descontaminación de todos los inmensos errores y vicios que les inculca el mundo secular para su desgracia.

Y, finalmente, la dimensión social de la fe. La doctrina social no es apéndice opcional, sino expresión pública de una cosmovisión. Sin incidencia cultural y normativa, la fe se privatiza.

Mantener viva la propuesta de la nueva evangelización no significa repetir fórmulas del pasado, sino actualizar su lógica estratégica. Como hace, por ejemplo, Corriente Social Cristiana, dirigiéndose al conjunto de una sociedad plural con propuestas a partir de la cultura cristiana, que solo necesita de la razón para ser asumidas. Significa comprender que la misión en sociedades secularizadas requiere planificación, continuidad y densidad formativa. Y, sobre todo, significa reconocer que las intuiciones fuertes del magisterio no compiten entre sí por actualidad, sino que se complementan en un mismo horizonte.

Mantener viva la propuesta de la nueva evangelización no significa repetir fórmulas del pasado, sino actualizar su lógica estratégica. No otro Evangelio, sino una nueva etapa histórica de su transmisión. Compartir en X

¿Te ha gustado el artículo?

Ayúdanos con 1€ para seguir haciendo noticias como esta

Donar 1€
NOTICIAS RELACIONADAS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.