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Fulton J. Sheen, el primer obispo influencer en la radio y la televisión

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Hace unos días la prensa se hizo eco de la próxima beatificación del arzobispo estadounidense Fulton J. Sheen. Para muchos, hoy en día, su nombre puede resultar desconocido. Sin embargo, fue una figura de enorme impacto en los Estados Unidos de los años cincuenta. En 1952 apareció en la portada de la revista TIME y, en 1953, recibió el premio Emmy a la mejor personalidad televisiva, galardón creado apenas cuatro años antes, en 1949.

Sheen fue, en muchos sentidos, un precursor de lo que hoy se denomina influencer: un comunicador capaz de llegar a grandes audiencias a través de los medios. De hecho, puede considerarse el primer obispo influencer de la historia. Fue un auténtico pionero en el uso de la radio y la televisión para difundir el mensaje cristiano, adelantándose varias décadas a una realidad que hoy resulta habitual en la comunicación religiosa.

La vida merece ser vivida (Life is Worth Living) fue el título de las charlas que, desde 1930 y primero a través de la radio y más tarde por televisión, monseñor Sheen difundía semanalmente. El programa llegó a reunir una audiencia de cerca de 30 millones de oyentes y espectadores. En sus intervenciones insistía en una idea central: la única respuesta definitiva a los problemas humanos es Jesucristo.

Peter John Sheen nació el 8 de mayo de 1895 en El Paso (Texas), en el seno de una familia de origen irlandés. Fue ordenado sacerdote a los 24 años en la diócesis de Peoria (Illinois) y comenzó su ministerio como vicario en una zona periférica. Posteriormente viajó a Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología. De regreso a Estados Unidos, desarrolló una intensa actividad académica: entre 1926 y 1950 fue profesor de filosofía en la Universidad Católica de Washington.

En 1930 comenzó su relación con los medios de comunicación cuando la cadena NBC lo invitó a participar cada domingo en un programa radiofónico titulado La Hora Católica. Dos décadas más tarde, en 1950, su estilo directo y su lenguaje accesible lo llevaron también a la televisión con el programa Life is Worth Living. Ese mismo año fue nombrado director nacional de la Sociedad para la Propagación de la Fe, desde donde impulsó la labor misionera de la Iglesia mediante numerosos viajes por Asia, África y Oceanía.

El arzobispo estadounidense Fulton J. Sheen durante la década de 1950, cuando su programa televisivo “Life is Worth Living” alcanzaba millones de espectadores.

En 1951 fue consagrado obispo auxiliar de la archidiócesis de Nueva York. Años más tarde, en 1966, fue nombrado obispo de Rochester (Nueva York). También desarrolló actividad académica en Europa como profesor asociado de filosofía en la Universidad de Lovaina.

El 20 de septiembre de 1979 celebró la Santa Misa con motivo de sus sesenta años de sacerdocio. Durante la homilía pronunció unas palabras que hoy resultan especialmente significativas: «No es que no ame la vida, pero ahora quiero ver al Señor. Pasé muchas horas ante Él en el Santísimo Sacramento, le hablé en oración y hablé de Él a quien quisiera escucharme. Ahora lo quiero ver cara a cara». Falleció en Nueva York dos meses después.

A lo largo de su intensa trayectoria, Fulton Sheen destacó también como escritor y conferenciante. Gracias a su habilidad comunicativa y al uso de los medios de su tiempo, contribuyó a impulsar un notable renacimiento de la fe, especialmente en Estados Unidos. No solo predicaba desde el púlpito: lo hacía también frente a las cámaras, con un micrófono en la mano y una audiencia de millones de personas, compitiendo en horario de máxima audiencia con figuras populares de la época como Frank Sinatra.

Su capacidad para explicar cuestiones profundas de la fe con claridad y cercanía le permitió conectar con las preocupaciones y aspiraciones de un público muy amplio. De este modo, se convirtió en una de las figuras más reconocibles de la televisión estadounidense de mediados del siglo XX.

En muchos aspectos, Sheen recordaba a un Juan Bautista contemporáneo: poco preocupado por la opinión pública y profundamente convencido de la verdad que anunciaba. Predicaba con firmeza, apoyado en una sólida formación intelectual y un estilo oratorio elegante. Su voz se alzaba como un mensaje singular en medio de una sociedad cada vez más secularizada.

Durante las distintas etapas de su vida, su capacidad para comunicar el Evangelio atrajo a numerosas personas a un encuentro con Cristo. A esa pasión por la verdad y la fe católica se sumaba una notable sensibilidad hacia quienes atravesaban crisis espirituales o experimentaban el alejamiento de la fe.

En sus últimos años, su trabajo en el ámbito de las misiones subrayó una idea central de su pensamiento pastoral: la Iglesia está llamada a todos. Recordaba con frecuencia que la misión cristiana implica servir especialmente a los más necesitados y a quienes buscan escuchar y experimentar el Evangelio en cualquier lugar del mundo.

El proceso de canonización de Fulton J. Sheen se inició en 2002, cuando fue proclamado Siervo de Dios. En 2012, el papa Benedicto XVI lo declaró Venerable. Dos años más tarde, en marzo de 2014, una comisión médica aprobó un presunto milagro atribuido a su intercesión: la recuperación de un bebé nacido sin signos vitales que volvió a la vida tras 61 minutos sin latido ni respiración. En 2019, el papa Francisco reconoció oficialmente este milagro, paso previo a su beatificación, cuya fecha aún está pendiente de fijarse.

Fulton J. Sheen fue una de las voces más influyentes de la evangelización en la Iglesia y en el mundo durante el siglo XX. Su trayectoria refleja un compromiso constante con el servicio eclesial, profundamente marcado por su devoción a la Virgen María y a la Eucaristía. Sigue siendo uno de los pocos obispos estadounidenses cuya voz logró influir tanto en la vida de la Iglesia como en la cultura popular, conectando púlpitos, aulas universitarias y estudios de televisión con una naturalidad poco común.

El título de portada recoge una de sus frases más conocidas: «No hay Pascua sin Viernes Santo».

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