En España se vuelve a entonar aquel célebre “No a la guerra”, que ya cobró notoriedad a finales de 2002 y principios de 2003, durante la guerra de Irak, siendo presidente de EEUU George W. Bush, y José María Aznar de España.
Esta vez la bandera la enarbola nuestro presidente, a diferencia de entonces, cuando el jefe del Ejecutivo apoyó la invasión (recuérdese la célebre cumbre de las Azores, en la que participó también Tony Blair). Pero yo me pregunto, ¿es sincero ese No a la guerra de Pedro Sánchez?
Sospecho, y es mi opinión (aunque no sólo la mía), que detrás hay elaborados cálculos electorales. Y también, creo, un tanto de hipocresía. Pienso que lo justo o injusto de esta guerra no es la razón última que lleva a Pedro Sánchez Castejón a liderar el No a la guerra. Estamos ya acostumbrados a las mentiras del presidente (o a sus cambios de opinión), y también nos ha demostrado que España le importa muy poco, incluso que sus ministros y colaboradores le importan muy poco. A Sánchez le importan sus propios intereses, y ahora la mejor manera que ha encontrado para defenderlos es entonar el No a la guerra.
El Gobierno que Sánchez preside no pasa, precisamente, por uno de sus mejores momentos en cuanto a popularidad se refiere. En general, las encuestas (excepto las que elabora el cocinero de la Moncloa, José Félix Tezanos) auguran una clara derrota de las izquierdas en las próximas elecciones generales, se celebren cuando se celebren. Es lo que dicen las encuestas. Después puede pasar cualquier cosa, como ya vimos en 2004.
Numerosos casos de corrupción cercan al líder socialista, corrupción que salpica a todo su entorno, ministerial y familiar. Parece, e insisto en que es mi opinión, que Sánchez, que no tiene un pelo de tonto, y ha demostrado en no pocas ocasiones ser capaz de resurgir de sus cenizas cual Ave Fénix, parece que está aprovechando el momento y la situación mundial para correr una tupida cortina sobre esa corrupción, y, de paso, tratar de movilizar a los votantes de izquierda, algo que ya les salió bien durante la mencionada guerra de Irak.
Pero es que además, por lo que algunos medios de comunicación cuentan, hay más motivos, además de los electoralistas, para pensar que el No a la guerra de Sánchez no es muy sincero que digamos.
Mientras el presidente hace una declaración institucional negando el uso de las bases americanas en España para esta guerra, de esas mismas bases están despegando aviones rumbo a Irán. También partió una fragata hacia Chipre, pero en este caso, concedámosle al discurso del presidente un voto de confianza, pues se trata de la defensa de uno de los países miembros de la UE. Sin embargo, como le ha reprochado la oposición, también en esto Sánchez ha decidido no cumplir la ley, en este caso la ley de Defensa Nacional, por la que debería haber consultado al Congreso la decisión de enviar esa fragata. Pero ya sabemos que para Sánchez el Congreso es prescindible.
Como buen alumno del fundador de su partido, Pablo Iglesias Posse, que dejó claro que “estaremos en la legalidad cuando nos convenga, fuera de ella cuando no nos convenga”, Sánchez emula a su predecesor, pasando por el Congreso cuando le conviene, y pasándose el Congreso por el arco del triunfo cuando no le conviene.
Además de la utilización de las bases americanas en España, a pesar de la palabra de Sánchez, nuestro país también vendió a Irán diversos materiales bélicos. No parecen, ni una cosa ni la otra, la mejor manera de mantenerse al margen de una guerra. No considero pues, legítima la palabra de un presidente que por un lado dice una cosa y por otro hace la contraria.
Dejando a un lado la posición de España, un aspecto importante a analizar es si esta guerra es justa o no lo es.
Para ello habría que ponderar las razones que han llevado a EEUU y a Israel a bombardear Irán. No soy, ni mucho menos, ningún experto en política ni en Derecho internacional, por lo que no puedo emitir un juicio propio sin meterme en un jardín. Se lo dejo a los que saben del tema, y si buscan bien encontrarán literatura de sobra para hacerse una idea de lo que está pasando. Lo que parece claro es que esta guerra no empieza porque un día los presidentes Donald Trump y Benjamín Netanyahu se levantan con el pie torcido y deciden bombardear Irán. La cosa viene -como en Ucrania, por poner ejemplo de otra guerra reciente- de mucho tiempo atrás.
En cualquier caso, como católico, me interesa lo que dice al respecto la Iglesia. Para ello, qué mejor que acudir al Catecismo.
Punto 2307. El quinto mandamiento condena la destrucción voluntaria de la vida humana. A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, la Iglesia insta constantemente a todos a orar y actuar para que la Bondad divina nos libre de la antigua servidumbre de la guerra.
Punto 2308. Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras. Sin embargo, mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa.
Punto 2309. Se ha de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a esta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:
- Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.
- Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
- Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
- Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.
Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la “guerra justa”.
La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común.
Punto 2314. Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones”. Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.
Punto 2315. La acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones. Este procedimiento de disuasión merece severas reservas morales. La carrera de armamentos no asegura la paz. En lugar de eliminar las causas de guerra, corre el riesgo de agravarlas. La inversión de riquezas fabulosas en la fabricación de armas siempre más modernas impide la ayuda a los pueblos indigentes, y obstaculiza su desarrollo. El exceso de armamento multiplica las razones de conflictos y aumenta el riesgo de contagio.
Además, el Papa León XIV, un día después de estallar la guerra, expresó su preocupación a través de la red social X, con las siguientes palabras:
Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Oriente Medio y en Irán en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable.
Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia.
Días después invitó, a través del mismo medio, a la oración por el fin de este y otros conflictos:
Oremos juntos para que las naciones procedan a un desarme efectivo, particularmente el desarme nuclear, y los líderes mundiales elijan el camino del diálogo y de la diplomacia en vez de la violencia.
¿Se cumplen los requisitos para una guerra justa? Juzguen ustedes, después de leer lo anterior.
A mí me parece que, a las alturas que estamos de siglo XXI, se podría hacer mucho más, por parte de todos los contendientes, antes de hacer estallar una guerra. También me parece que nos faltan muchos elementos de juicio, porque en lo que nos cuentan los medios de comunicación hay muchas mentiras, muchas medias verdades, demasiados sesgos, mucha propaganda, y que, en general, nos cuentan la historia cada cual a su manera, a menudo con el fin de hacernos tomar partido, ya sea por unos o por otros. Pero al final las que salen perdiendo son las personas inocentes, a las que se les viene el cielo encima, literalmente, y para las que la vida se convierte en un verdadero infierno.
Pienso que, en el mundo de hoy, se mezclan demasiados intereses que, muchas veces, acaban provocando guerras. No voy a juzgar al presidente Trump, como está haciendo media humanidad. Tampoco lo voy a defender, como está haciendo la otra media. Sí creo que, con demasiada frecuencia, los EEUU, y esto no es nuevo, no es cosa de Donald Trump, se arrogan el poder de hacer justicia -según su concepto de justicia- allá donde ellos decidan que deben hacerla. Ya lo cantaban los Celtas Cortos, “Haz turismo invadiendo un país”. Por supuesto, siempre alegando causas humanitarias.
Otra cosa son los verdaderos intereses que hay detrás, como en la guerra que nos ocupa (y no es solamente el petróleo, como algunos defienden). También es cierto que el régimen iraní no se caracteriza, precisamente, por respetar los Derechos Humanos, aunque esta no sea la causa real de esta guerra. No lo ha sido la violenta represión que sufrió recientemente el pueblo iraní a manos de sus gobernantes cuando salieron a protestar, pacíficamente, por las reiteradas violaciones de los Derechos Humanos que sufren a diario, especialmente, como señala Amnistía Internacional, las mujeres y las niñas, las personas LGTBI y las minorías étnicas y religiosas. Insisto, Irán, y en general los países gobernados por la sharía, no son ejemplo de respeto a las personas. Pero habría que ver si, por ejemplo en la cárcel de Guantánamo, no se cometen también violaciones de esos mismos Derechos Humanos.
En cualquier caso, parece claro que los motivos de esta guerra son otros bien distintos. ¿O es que se están respetando los Derechos Humanos, por ejemplo, en Nigeria, donde se está llevando a cabo un verdadero genocidio contra la población cristiana? Ante esas matanzas, no estoy viendo a los grandes líderes mundiales movilizarse ni tomar medidas de ningún tipo para solucionar el problema.
En fin, al final, ya lo he dicho, los que pagan son siempre personas inocentes. Recemos, con el Papa León, para que Dios mueva, y conmueva, los corazones de los responsables de todas las guerras, para que sean capaces de detener esa espiral de odio y violencia que sólo lleva a la destrucción del género humano. Y en lo que a nosotros respecta, hagamos lo posible, como dice el punto 2308 del Catecismo de la Iglesia Católica, por evitar las guerras. O sea, sembrar semillas de paz a nuestro alrededor. Eso se hace amando y perdonando. Nada más… y nada menos.
Como católicos, nos ha de interesar lo que dice al respecto la Iglesia. Para ello, qué mejor que acudir al Catecismo. Compartir en X








