En Parla pasó Cristo.
El Colegio Juan Pablo II de Parla, único colegio católico del municipio, sacó por primera vez la procesión del Corpus Christi a las calles. Hasta ahora, desde su apertura en 2014, esta solemnidad se había celebrado dentro del centro. Este año, sin embargo, la fe cruzó la puerta y fue testimonio.
La jornada comenzó temprano, con el colegio engalanado guirnaldas, flores, alfombras de sal, alumnos expectantes y profesores volcados.
A las nueve de la mañana se celebró la Santa Misa, presidida por Mons. José María Avendaño, Obispo Auxiliar de Getafe, y concelebrada por el capellán del centro, Dimitri, junto a otros sacerdotes invitados. Los alumnos mayores participaron en la Eucaristía; los pequeños acompañaron después al Santísimo por los pasillos del colegio. Todo tenía ese aire de las cosas sencillas pero sublimes que se quedan grabadas para siempre.
Un niño puede olvidar una ficha o una explicación pero difícilmente olvidará haber visto a todo su colegio detenerse porque pasaba Jesús Sacramentado. Difícilmente olvidará que un día las calles de su ciudad se llenaron de oración y difícilmente olvidará que sus profesores, sus padres, sus compañeros y su obispo caminaron juntos detrás de la custodia.
A media mañana, el Santísimo salió bajo palio hacia la parroquia de San Francisco de Sales. Y ahí Parla, por unas horas, fue una ciudad atravesada por Jesús Eucaristía. Y eso hace bien. Mucho bien.
Hace bien a los creyentes, porque les recuerda la razón de su fe y que no están solos. Además se hace evidente que la fe no se vive a escondidas que hay que ponerse en camino detrás del Señor.
Hace también bien también a quienes miran desde fuera. De repente, en una calle donde normalmente solo hay tráfico aparece adoración. Donde tantas veces hay indiferencia, aparece una comunidad arrodillada ante Alguien.
Mons. Avendaño recordó durante la celebración que el mundo necesita testigos creíbles del Evangelio. Ahí está el corazón de lo vivido en Parla. Pues no se trataba solo de organizar una procesión bonita sino de mostrar una fe viva que cambia la vida.
El director del colegio, Alfonso Die, explicó que el deseo era manifestar públicamente la fe y pedir que el Señor bendijera a las familias de la ciudad. Esa frase resume todo.
El Corpus no es una conquista del espacio público; es una bendición sobre el espacio público. Se sale por todos a la calle, por los que creen y por los que no.
Tres altares marcaron el recorrido. Se rezó la Coronilla de la Divina Misericordia, tan vinculada al colegio, y también el rosario en el regreso. Hubo música sacra, bendiciones y recogimiento. Al final, cuando el Santísimo volvió a la capilla y sonó el Himno Nacional interpretado por alumnos quedaba la certeza de que Cristo había pasado.
Parla vio pasar al Señor, fue mirado, acompañado. Otros quizá no entendieron nada. Pero todos, de algún modo, fueron alcanzados por esa bendición que deja Jesús Eucaristía. La certeza de que Cristo había pasado.








