Con La Razón bajo el brazo: la patria íntima de Fernando Vilches

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Con la Razón bajo el brazo (Dykinson, 2026), Fernando Vilches Vivancos, doctor en Filología Hispánica, demuestra que los buenos libros se van formando lentamente, semana a semana, al ritmo de la conversación pública y del pulso íntimo de quien observa el mundo con atención y respeto por la palabra.

Durante más de dieciséis años, Vilches acudió puntualmente a su cita con los lectores del diario La Razón a través de su columna El poder de la palabra. Aquella disciplina —tan literaria como moral— ha terminado por cristalizar en este volumen que recoge una parte sustancial de ese itinerario. El resultado es un curioso y sugestivo caleidoscopio: política, sociedad, recuerdos personales, comentarios sobre libros, reflexiones sobre amigos y, sobre todo, una permanente indagación en la lengua española, ese territorio en el que Vilches ha habitado con la doble vocación del filólogo y del maestro.

No es casual que este libro tenga algo de cuaderno de bitácora. En cada columna se percibe la mirada de un testigo que escribe con independencia de criterio y con una honradez intelectual cada vez más infrecuente. Vilches pertenece a esa tradición —tan importante en nuestro tiempo— del articulismo que entiende el periódico como una plaza pública donde se puede, y se debe, pensar en voz alta. Desde Mariano José de Larra hasta Azorín o Francisco Umbral, el género de la columna ha sido una forma de conversación con el tiempo presente. En ese linaje se inscribe Con la Razón bajo el brazo, con una particularidad: aquí la reflexión siempre vuelve, de una forma u otra, a la palabra misma.

Porque si algo distingue a Fernando Vilches es su defensa apasionada del lenguaje. Para él, la lengua no es un simple instrumento de comunicación, sino una arquitectura del pensamiento y, en cierto modo, una patria íntima. Quien haya sido alumno suyo —como yo lo fui— reconoce enseguida el tono del profesor que habla del castellano con el mismo fervor con que otros hablan de la historia o de la política. No como una materia escolar, sino como un arte delicado que exige precisión, sensibilidad y respeto.

Yo tuve la fortuna cuando, en primero de carrera, me encontré con Fernando Vilches en un aula universitaria. Fue entonces cuando comprendí que el castellano no era únicamente un vehículo para transmitir ideas, sino un universo vasto y deslumbrante que podía ser trabajado con la paciencia de un artesano. Bajo su guía, con la autoridad intelectual que impone su vasto conocimiento, descubrí que la lengua heredada de Miguel de Cervantes, de Fernando de Rojas o de Machado no era solo una tradición que estudiar, sino una realidad viva que exige cuidado y responsabilidad. Porque Vilches siempre habla de la palabra como quien habla de una casa común, de una patria secreta donde se guardan nuestras emociones, nuestras ideas y también nuestras batallas.

Quizá esa sea la enseñanza más profunda que atraviesa las páginas de Con la Razón bajo el brazo. Lo que podría parecer un simple ejercicio de estilo —la búsqueda de la palabra justa— se revela, en realidad, como una tarea cívica, pues escribir una columna cada semana es un constante compromiso con el lenguaje y el pensamiento.

Por todo ello, este libro es mucho más que una simple recopilación de columnas. Es el testimonio de una vida dedicada a pensar el mundo desde el respeto por la palabra y desde la convicción —cada vez más necesaria— de que el lenguaje sigue siendo una de las formas más nobles de comprendernos. Escribir, al fin y al cabo, es también una manera de vivir con lucidez.

Es el testimonio de una vida dedicada a pensar el mundo desde el respeto por la palabra y desde la convicción de que el lenguaje sigue siendo una de las formas más nobles de comprendernos. Compartir en X

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