Cuando la Pasionaria, símbolo del comunismo, se convirtió al catolicismo

Pocas personas saben que un referente histórico del comunismo español, Dolores Ibárruri, más conocida popularmente como la Pasionaria, murió abrazando el catolicismo. Así lo explica en un artículo en el diario El País la madre Teresa, testigo personal a sus 93 años de la conversión discreta de Ibárruri a Jesucristo.

Ibárruri simbolizó la lucha de clases y el esfuerzo de los barrios, que elevaron su voz, entre otros, a través de esta mujer, una líder innata. Junto con el padre José María Llanos decidieron que él se afiliaría al PCE y a Comisiones Obreras y ella comulgaría. Hasta ese extremo llegó el amor de este sacerdote para ayudar a la salvación del alma de la Pasionaria al final de sus días.

Este episodio está recogido también en el libro biográfico sobre este sacerdote Azul y rojo. José María de Llanos (La esfera de los libros) cuyo autor, Pedro Miguel Lamet describe esa intensa relación espiritual entre ambos a través de la cual intercambiaban pensamientos, cartas, inquietudes, misas y oraciones.

Dolores Ibárruri, muy devota de joven

Se sabe que Dolores fue devota de niña y de joven, mucho, pero el comunismo la apartó de su crecimiento espiritual en la década de los 30, se casó con un minero ateo y dejó de escribir en la hoja parroquial para pasar a hacerlo en la revista Mundo Obrero, en ambas publicaciones utilizaba su famoso pseudónimo, la Pasionaria. Su devoción la acompañó de manera nominal al menos en su militancia marxista.

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En el libro se puede ver qué nunca consideró positivos los expolios a la Iglesia y que cuando regresó a España, devolvió en Madrid a un convento de madres reparadoras una imagen de la Virgen y un crucifijo incautado en la guerra por milicianos.

En su muerte uno de los pocos que la visitó al hospital fue su amigo sacerdote que dijo seguro se encontraría con su amiga en el cielo. “Todo se llevó con una enorme discreción”, explica Lamet. Incluso hoy, la madre Teresa lo recuerda como algo muy privado. “Llegó al padre Llanos por medio de la orden de las reparadoras de la calle Torrija. Vivió desde muy dentro su conversión. Yo creo que sencillamente deseaba una buena muerte. Hablaba del asunto y se llevó a Dios con ella: estoy convencida”. De entonces, solo guarda recuerdos agradables: “Era una mujer muy delicada y educadísima. Eso siempre se nota en la conversación. También muy creyente y devota de la Virgen”.

Fue cuando la líder comunista abrazó el catolicismo.

 

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