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Decálogo en la Era de la IA

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No se trata de un decálogo o una lista más de consejos técnicos para el buen uso de la IA, sino un manifiesto para la resistencia personalista y el florecimiento personal, inspirada en Aristóteles, Santo Tomás y MacIntyre.

Decálogo para el Florecimiento Humano

  1. Prioriza la Phronesis sobre el Algoritmo: La Phronesis no es un conocimiento teórico, sino la capacidad de deliberar correctamente sobre lo que es bueno y conveniente para uno mismo y para los demás en situaciones concretas. Es la virtud de la inteligencia que nos permite aplicar principios generales a casos particulares. Ante una decisión importante, usa la IA para recopilar datos, pero nunca le entregues el juicio final. La prudencia es una virtud que solo tú puedes ejercer porque solo tú asumes las consecuencias morales y esto vale tanto para una decisión personal, como para la selección de personal en una empresa; para lo individual como para lo social, económico y político.
  2. Protege tus «prácticas» vitales: No permitas que la IA sustituya aquellas actividades que te hacen crecer (escribir, pensar, crear, cuidar). Si la máquina hace el trabajo difícil por ti, te está robando la oportunidad de adquirir aquella virtud en concreto. Úsala para ahorrarte trabajo, sobre todo el más reiterativo y mecánico. Incluidos resúmenes y síntesis, pero asume que la última versión debe ser la tuya.
  3. Busca la «Amistad Aristotélica», la amistad civil, que podemos traducir también en términos muy aceptables por concordia: Cultiva espacios de diálogo cara a cara. La política y la ética solo ocurren entre personas de carne y hueso que buscan juntas el bien común. El algoritmo conecta intereses; la virtud conecta personas.
  4. Ejercita la soberanía de la atención: En un mundo de estímulos automáticos, la templanza es tu escudo e interviene también para decidir “cuanto”, “cuando” “donde” del mundo digital, de la IA. Decide tú cuándo entrar y salir del mundo digital para preservar el «ocio contemplativo», que es donde nace la sabiduría. Dale a la IA las indicaciones más precisas y desarrolladas que puedas, ese es tu esfuerzo inicial, pídele que se reajuste al cómo y que decir, no te dejes llevar por su fluidez y propuestas, asegura la afirmación de tus tesis. No vayas por el camino fácil de lo primero que te dice.
  5. Reclama la verdad ontológica: No aceptes el simulacro como realidad. Entrena tu mente para distinguir lo que es (la realidad creada) de lo que solo parece ser (la generación sintética). Reconocer la realidad es una exigencia cristiana. No permitas que la IA te la fabrique, esfuérzate para  identificarla. Trabaja si es posible con más de una IA y compara sus respuestas. La verdad es el alimento de la libertad.
  6. Sé un «Razonador Independiente»: Usa la IA como un andamio, no como una muleta. Si no puedes explicar un razonamiento sin recurrir a la máquina, has perdido tu independencia intelectual. Vuelve a los fundamentos. Como más uses la IA, más debes trabajar sobre tus fundamentos religiosos, morales e intelectuales. Más debes ser capaz de examinar tu conciencia en el vacío del silencio y de la máquina.
  7. Honra la tradición y la narrativa: Esto enlaza con lo anterior. Tu vida tiene un sentido y una historia que ningún modelo de lenguaje puede comprender. Lee a los clásicos para entender que tus preguntas son perennes y que la solución no es un nuevo gadget, sino una vieja virtud. Como mínimo, lee y relee tres. La Ética a Nicodemo de Aristóteles, Aunque la Suma Teológica es la obra cumbre de Santo Tomás de Aquino, es inabarcable para un inicio. El opúsculo «De Magistro” (Del maestro) que forma parte de las “Cuestiones Disputadas sobre la Verdad” es una joya breve y fundamental, o en su defecto un buen glosador: Etienne Gilson y su “El tomismo: Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino” donde logra algo difícil: explicar conceptos complejos (como el acto de ser, la ley natural y el fin último) con una elegancia y sencillez magistrales. Por último, Alasdair MacIntyre, el profeta de la catástrofe Occidental del siglo XXI, sin pretenderlo, en “Tras la Virtud” Y siendo católico, por descontado los evangelios y si puede ser en forma de Lectio Divina, tanto mejor.
  8. Practica la humildad intelectual: Reconoce tu dependencia de los demás. La IA nos hace creer que somos autosuficientes; la virtud y la tradición nos recuerda que florecemos solo en comunidad y reconociendo nuestra propia vulnerabilidad. No prescindir nunca de la escucha, atención y respeto  de los demás y si lo que dice es simplemente intelectualmente deleznable, no te “calientes” con él. Simplemente abandona aquella fuente, ignórala.
  9. Fomenta el trabajo manual y corpóreo: No permitas que tu intelecto se desconecte de tus sentidos. La unidad hilemórfica (cuerpo-alma) exige que sigas usando tus manos para transformar el mundo. El contacto con la materia nos mantiene cuerdos. Si no tiene una práctica manual, por simple que sea búscala, cuidar de las plantas de un balcón con seriedad puede servir, o coser o cualquier otra cosa, que no depende de una máquina. Y practica deporte de acuerdo con tu nivel y tu edad, es una forma excelente de tomar conciencia de tu cuerpo y aprender de tus limitaciones. Toda práctica deportiva es buena y algunas son excelentes. Aunque pueda extrañarte prácticas como judo, karate, aikido, kendo, y algunas escuelas de jiujitsu logran esta excelencia. Si eres suficientemente joven o piensas en la educación de tus hijos o nietos, el rugby es una gran escuela de virtudes.
  10. Actúa con Propósito (Telos): Antes de usar cualquier herramienta de IA, pregunta: “¿Esto me hace más humano o solo más eficiente?”. Si la respuesta es solo eficiencia, descártala. El fin del hombre no es la producción, sino la Eudaimonia (el florecimiento). La Eudaimonia es el fin último de la vida humana. A diferencia de la felicidad entendida como una emoción pasajera o placer, es un estado de plenitud duradera. Busca el «florecimiento» humano. No es algo que se tiene, sino algo que se hace. Se alcanza cuando el ser humano vive de acuerdo con la razón y la virtud. Es la autorrealización máxima de nuestras capacidades. Es la búsqueda de la voluntad de Dios hacia nosotros y su cumplimiento.
Si la máquina hace por ti lo difícil, te roba la virtud. Usar IA sin perder humanidad es el verdadero reto.#IA Compartir en X

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