Qué importante es el descanso en familia. La grandeza de la persona reclama la grandeza de la familia… El lugar por excelencia de la persona, de la libertad y la creatividad, que nace del amor. El cariño es una experiencia afectiva que nos da “alas” para volar alto; aunque no solo son sentimientos, también precisa inteligencia y voluntad para querer.
El hogar es el espacio de la intimidad donde nacen y se desarrollan las verdaderas relaciones personales, donde surgen vínculos afectivos que estrechan esas relaciones.
Ahí se aprende todo lo importante de la vida, y a vivir la inteligencia emocional en su mejor sentido. Se guardan gratos recuerdos, sumergidos en cariño del bueno…, que nos acompañan toda la vida.
Cada persona crece humanamente con ese alimento, que rezuma belleza, porque la familia es el ámbito natural del cariño y la belleza. Cada persona necesita sentirse querida, y darse a los demás, para ser una persona cabal, puesto que somos «seres relacionales”, “seres de aportaciones”, diseñados para trascendernos en los demás.
Un pensamiento genial de G. K. Chesterton: “Al nacer y entrar en la familia, entramos de verdad en un mundo incalculable que tiene sus leyes propias y extrañas, que podría muy bien continuar su curso sin nosotros, pues no la hemos fabricado nosotros. En otras palabras, cuando entramos en la familia entramos en un “cuento de hadas”.
La familia es eso, como un cuento de hadas, donde cobra sentido la maravilla, la belleza, la afectividad de cada persona. El hacer las cosas con la mirada de un niño, con su asombro, sabiendo contemplar la realidad con esos ojos que saben descubrir y sorprenderse de tanta belleza y prodigio, y sobre todo de las personas. Saber apreciarlo y agradecerlo.
En la familia intentamos que las personas sean lo más importante, y la relación con ellas también.
¡Ponemos el corazón en ello! El lugar propio del cariño, de las relaciones verdaderamente humanas, y la primera escuela de humanidad. En ella se forja cada persona, y sale a los diversos ambientes sembrando con su vida valores, sonrisas, cuidado, amabilidad, servicio atento… Es decir, humanizándolos.
La familia surge de su núcleo vital, el amor en pareja, que se desborda hacia los hijos. Y ese amor se plasma en muchísimas cosas. Por ejemplo, en hacer que el ser querido sea lo más importante, porque lo llevamos en el corazón…, en dar prioridad a la relación, el mayor tesoro que tenemos. Por eso hay que cuidar, mimar, ¡custodiar! ese amor que nos alegra y hace dichosos.
Y luego se concreta en mil cosas con los hijos. En que se sientan de veras queridos, en preservar su mirada de niños, en hacerlos fuertes, empáticos, generosos, y enseñarles a querer. Lo cual no significa darles mil caprichos, sino capacitarlos en autonomía bien pronto y fomentar su libertad: la que puedan manejar según su edad y madurez. Así podrán crecer y desarrollarse bien.
La mayoría de las veces, amar significa pensar en la otra persona, mirarle a los ojos, encontrar tiempo para estar, para hablar con calma, para divertirse, para hacer cosas juntos… Darle lo que necesita y le alegra, sonriendo aunque no apetezca mucho en ese momento, pero se hace por amor. Poniéndole en el centro de la vida y de los afectos, sin «egocentrismos», teniendo un alma generosa, comprendiendo, siendo flexibles, cediendo. Y aprender a contemplarla: descubrir y admirar sus cualidades y su esfuerzo por mejorar, por querer a todos.
En efecto, el ser querido nos importa, y ¡mucho! Y encontramos tiempo para hablar, comunicar y conectar corazones… Así, las conversaciones pueden ir ganando en calidad. Podremos comprender, sintonizar y compartir sentimientos, que es lo que más nos alegra y enriquece la vida.
Necesitamos un espectador de nuestra vida que nos escuche, que nos mire con cariño, que nos aconseje, que nos anime… que esté siempre a nuestro lado. Y el ser querido es ese amigo incondicional que nunca falla, con el que queremos compartir la vida entera porque le queremos infinito. Y al otro le sucederá lo mismo.
Entonces, ya no se concede tanta importancia a cuestiones más triviales, sino que se desciende a los detalles, pensamientos y sentimientos. ¿Cómo te encuentras?, ¿qué tal has pasado la mañana?, ¿a quién has visto?, ¿qué tal está?, ¿le has podido ayudar?… Descubrimos la importancia de esos pequeños gestos en las relaciones personales. También con los amigos.
Podemos hacer de las conversaciones un intercambio de intimidades, un diálogo de pensamientos. Pero no salen solas, hay que poner intencionalidad, pensar qué tema tratar, tener en cuenta al otro, lo que espera, cómo reacciona, cómo se siente…, para no pedir lo que no puede dar. Conversar es algo vivo que se crea entre los dos, como una obra de arte que va construyendo, alimentando y aquilatando el amor y la relación.
De esta forma nos descubrimos como personas, y descubrimos a los demás en sus mejores actuaciones.
Nos quedamos con lo mejor de cada uno, porque es el modo de conocerlos de veras, puesto que lo más “mediocre” sale solo con dejarse llevar, pero en lo valioso hay que poner pensamiento, intención, esfuerzo, e ilusión, y deja una huella personal.
Y aprender pronto a perdonar, porque todos somos más vulnerables de lo que parece, y muchas veces necesitamos más cariño de lo que podemos merecer.
Hay que liberar esos rencores, odios, culpas, prejuicios… Como decía Walt Disney: “La vida es demasiado corta como para no perdonar.” El perdón es maravilloso, y se hace posible cuando amamos de veras. Tiene el poder de restaurar lo que estaba lesionado o herido.
Podemos aprovechar el amor que nace cada día en nosotros, acogerlo y desplegarlo, para hacer acopio de buenos sentimientos y emociones, en la dirección de quererse más… Y es importante la ilusión y la motivación, mostrar empatía con quienes más queremos, para conectar intimidades. Mirar al rostro, usar las «neuronas espejo» que nos facilitan esas capacidades, aprender a captar los estados afectivos de los otros.
Como señalara Mercedes Salisach: “La verdad del amor es que no siempre se siente, sino que se practica”. Los sentimientos no acompañan en todas las ocasiones. A veces hay que poner voluntad en tener detalles y demostrar ese cariño… Y de ese modo resurgirán sentimientos positivos de admiración y cariño mutuos. Se descubre la dicha de estar juntos, disfrutando.
Se trata de poner pensamiento y empatía con la otra persona, para estar bien unidos, con la meta clara en la mente, como te contaba en otros artículos.
En familia, es importante que todos se sientan queridos, y noten ese amor, pues es el artífice de su valoración y de su autoestima… y el que les enseñará a querer en la vida. ¡Somos su modelo y referente! Dejemos un sendero atractivo.
De este modo ayudar a los hijos a educar las emociones, desde bien pequeños. Enseñarles a controlar caprichos e impulsos, a tener autodominio, hacerles fuertes ante las contrariedades, tener unas normas que señalen el camino… Y todo sumergido en cariño “del bueno”, que les llegará como por ósmosis…, para desarrollarse plenamente como personas, plantearse metas nobles y pilotar su propia vida.
En verano tenemos más tiempo para compartir en familia y dedicarlo a lo importante… «Mimar» un poco nuestros amores, empezando por la propia pareja.
Y descansar, que es cambiar de actividad, sin descuidar lo más significativo de nuestras vidas. Pensar “qué hacer con el tiempo que se nos ha dado”, ver qué actividades aportan algo que no podemos hacer durante el año, para aprovechar el tiempo. Leer con calma, aprender algo que nos ilusiona, mirar un paisaje, contemplar una puesta de sol, un trinar de los pájaros, la bóveda celeste llena de estrellas, caminar en la naturaleza, un riachuelo, una granja, cuidar el jardín, una comida sin prisas, una conversación con alguien…
Buscar la forma de poder disfrutar con los que más queremos: tiempo para compartir, para conectar con ellos, desconectando pantallas, que tantas veces atrapan la atención y dispersan la mente…, descuidando a las personas cercanas. Cuidar la familia, hacer que sea lo más importante, lo cual dejará una huella alegre, luminosa y acogedora en los corazones. Y ese ambiente se expandirá a nuestro alrededor.
Ideas para disfrutar con los hijos
-Una excursión al monte, dormir en tienda de campaña. Hacer una cabaña con maderas o ramas…
-Caminatas por la montaña. Apreciar la naturaleza, el valor del esfuerzo…, calma y relax.
-Visitar cuevas o grutas.
-Ver fuegos artificiales.
-Tertulias familiares en el campo, en la playa por la noche…
-Pintar un cuadro con acuarelas u otro tipo de pintura.
-Leer algunos libros con valores humanos nobles, por ejemplo, alguno clásico como Platero, El Principito…, las aventuras de «Los cinco», Los Hollister. También cómics como Tintín… Para adolescentes: «Aquel verano» de Miguel Aranguren, o «Vigo es Vivaldi» de J. R. Ayllon… O también «La Reina sin nombre», novela de María Gudín sobre los godos, que se puede leer a cualquier edad y siempre atrae por su belleza.
-Plantar semillas que crecen rápido, incluso un árbol. Cuidar una planta.
-Visitar un pueblo. Recoger frutas o verduras.
-Un postre, un helado, una comida veraniega especial… y sorprender a los demás.
-Un día de picnic en el campo.
-Decorar piedras.
-Hacer tareas de casa, como comprar el pan, fregar, limpiar la cocina, poner la lavadora o el lavaplatos… A ellos les encanta.
-Jugar con la arena de la playa, recoger conchas, volar cometas, hacer submarinismo… etc.
-Un paseo en barca, o en canoa, rafting, bajar los rápidos de un río como el Sella, u otro más pequeño… Vela…
-Una merienda con globos de agua.
-Cuidar a los amigos. Escapadas en bici o algún deporte…
-Jugar con disfraces.
-Ver el cielo por la noche, las estrellas…, las constelaciones. Una puesta de sol, o un amanecer. El movimiento de los planetas…
-Visitar un museo de ciencias, para aprender y experimentar con todo lo que tenga. Ver una exposición.
-Dar forma a las nubes, usar la creatividad…, imaginar alternativas en un cuento o novela…
-Ver una tormenta, escuchar la lluvia, las hojas de los árboles…
-Contar chistes simpáticos que alegren a los demás.
-Una excursión por un río con piedras, musgo, peces, renacuajos…
-Ir a una granja de animales, echar pienso, ordeñar vacas, montar a caballo…
-Escribir cartas por correo postal tradicional. Incluso pensar un cuento o una narración…
-Ver mapas, planos… y aprender a situarse.
-Recorrer alguna etapa del Camino de Santiago. El valor de la fortaleza, descubrir la naturaleza, cultivar el espíritu…, conversar con los caminantes.
-Una vista desde un avión: ciudades, montes y valles, picos nevados…
-Un campamento con valores e ideales acordes que nos dé confianza, para crecer en autonomía y aprender destrezas… También hacer amigos y ayudarles.
-Para mayores, un voluntariado, o echar una mano en un «campo de trabajo»… El pensar en los demás es fuente de satisfacción y alegría. Además se sienten útiles, aprenden un sinfín de cosas y hacen buenos amigos.









