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El católico actual tiene tres frentes de lucha


Antes del Concilio Vaticano II el bautizado tenía solo la lucha por su santificación personal porque en Occidente la sociedad era cristiana en general o por lo menos no era hostil a la moral cristiana y a la ley natural.

Con el paso de los años, el secularismo y la forma más agresiva del laicismo, el social pasó a ser el segundo frente de lucha del cristiano.

Pero el panorama en los últimos tiempos terminó de complicarse porque surgió la confusión doctrinaria y moral dentro de la propia iglesia Católica, -como enseña el P. Santiago Martín FM-, apareciendo universidades y parroquias que actúan muchas veces contra el Evangelio y la doctrina teológica o moral de la Iglesia, ante el silencio lamentable de las autoridades eclesiásticas. Es lo que dijo Benedicto XVI. No sólo no se debe abusar por parte del clero del cuerpo de los niños y jóvenes sino tampoco, lo cual es tan grave como lo anterior, de las mentes y de las almas de los pequeños, enseñándoles contra el Evangelio y la moral católica por parte de pastores que son lobos vestidos de corderos, “falsos profetas” que predican sus posiciones pero no la verdad que debe enseñar la Iglesia.

Acaecen cada vez más conferencias en universidades pontificas católicas donde exponen partidarios de la ideología de género, Pontificios Consejos o Academias de la Santa Sede donde sucede otro tanto, integrados por personas hostiles al pensamiento católico.

Con menos gravedad pero igualmente antitestimoniales, suceden otros hechos. Donde se acaba de inaugurar un baño universal o unisex en una universidad jesuita. Sobre lo cual hemos escrito. En particular de esta orden están saliendo los peores atropellos a la doctrina y la moral cristianas que hacen recordar al texto evangélico que refiere a los “falsos profetas”, cuando Jesús nos pide que nos cuidemos de ellos. Y no vemos reacción alguna de la Santa Sede, en particular del Dicasterio para la Educación Católica ni del Romano Pontífice, originario de esa orden religiosa fundada por San Ignacio de Loyola.

Todo esto es producto de la nefasta y anticientífica ideología de género que en los Estados que deben observar la laicidad, viene avanzando en violación de las normas constitucionales y del derecho de los padres a educar a sus hijos. El colmo es que ya no se contenta la misma con infectar la enseñanza estatal laica, sino que se ha colado en las propias instituciones confesionales, como venimos de ver y podríamos citar muchos ejemplos más.

Por eso el desafío de la hora es hablar claro y en particular los laicos, que tenemos derecho a hacerlo y hasta el deber según el Código de Derecho Canónico. Un buen ejemplo de ello fue la decisión de varios miembros anteriores de la Academia Pontificia Pro Vita de la Santa Sede, al ver la nueva integración dada por Francisco, con algunos académicos totalmente contrarios al pensamiento católico, que resolvieron crear un Instituto Pro Vita siguiendo fielmente la idea creadora de San Juan Pablo II, para la defensa de la vida y la familia,  y en clara protesta contra la Sede del Sucesor de Pedro y su intervención funesta acompañada por Mons. Vincenzo Paglia, que dirige la Pontificia Academia.

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