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El preocupante auge de la reproducción asistida: reflejo de una sociedad hedonista que prioriza la inmediatez por encima de los vínculos naturales

Familia

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La modernidad ha traído consigo avances impresionantes en todos los campos de la ciencia, y la medicina reproductiva no ha sido una excepción; eso ha traído el auge de la reproducción asistida. Sin embargo, recientes estadísticas revelan una tendencia alarmante: uno de cada diez nacimientos en España es producto de la reproducción asistida. ¿Qué ha llevado a nuestra sociedad a este punto? La respuesta se encuentra en una combinación de factores biológicos, culturales y espirituales.

Las cifras son claras. La edad promedio en la que las mujeres deciden convertirse en madres ha aumentado, y la calidad del semen ha experimentado un deterioro notable. No obstante, más allá de estas razones biológicas, parece haber un trasfondo cultural y ético detrás del auge de estos tratamientos. Vivimos en una sociedad que premia la inmediatez, donde todo debe suceder aquí y ahora, relegando así los procesos naturales y biológicos a un segundo plano.

El Dr. Lluís Bassas, destacado andrólogo, indica que muchas parejas buscan controlar meticulosamente cada aspecto de sus vidas, incluida la decisión de cuándo ser padres, basándose en factores tan superfluos como la agenda profesional. Esta mentalidad hedonista y centrada en la inmediatez ha llevado a que muchos rechacen tratamientos que les permitirían concebir de manera natural, optando por el costoso (tanto físicamente como económicamente) proceso de la reproducción asistida.

El auge de la reproducción asistida y el cristianismo

La pérdida de los valores cristianos, fundamentales en las raíces de España y Europa, está dando como resultado una sociedad más individualista y menos vinculada emocional y familiarmente. Es la sociedad desvinculada. Se vive para el deseo inmediato, en detrimento de la construcción de vínculos afectivos sólidos y duraderos.

Es importante resaltar que detrás de este fenómeno no sólo hay decisiones personales, sino también sesgos en la atención médica. Según algunos expertos, el foco se ha centrado tanto en las mujeres, que la fertilidad masculina ha sido en gran medida ignorada, conduciendo a tratamientos más invasivos y menos naturales.

Además, cada vez más mujeres, especialmente alrededor de los 35 años, eligen preservar sus óvulos para un uso futuro, previendo la necesidad de la reproducción asistida. Esta decisión se ve respaldada por estudios que indican un aumento en las alteraciones genéticas del ovocito después de los 35 años.

Ante esta realidad, es vital reflexionar sobre las consecuencias a largo plazo de esta creciente dependencia y auge de la reproducción asistida. Si bien la ciencia ha otorgado avances, como sociedad, debemos preguntarnos: ¿estamos priorizando la inmediatez sobre la construcción natural y auténtica de la familia? Y más importante aún, ¿a qué costo?

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1 Comentario. Dejar nuevo

  • La reproducción asistida debería llamarse reproducción cedida. Por ahora, porque dentro de poco será reproducción expropiada.
    Por lo demás, es una técnica chapucera, en el sentido físico, ético, ontológico y espiritual, es decir, en el sentido plenamente humano. Una persona no se merece ser engendrada, con premeditación y alevosía, por medio de este procedimiento.
    Una cosa es ayudar médicamente a parejas con dificultades orgánicas para engendrar hijos, y otra muy distinta satisfacer caprichos como el de engendrar sin cópula o sin gestación, o el de fingir la paternidad o la maternidad teniendo relaciones homosexuales.
    Una técnica reproductiva que genera embriones sobrantes, que los selecciona, que los congela, y que los destruye, es una técnica perversa, maligna y rechazable. El fin no justifica los medios.

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