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Bioética en riesgo: simulan el inicio de un embarazo usando un «embrión artificial»

(Agabi).- El 2 de diciembre de 2022 un equipo de científicos del Instituto de Biotecnología Molecular de Austria ha publicado en la revista científica Nature la producción de un embrión artificial a partir de células madre humanas y su implantación en el útero de la madre.

Nicolas Rivron, investigador principal de este estudio, explica que solo la mitad de los óvulos fecundados por un espermatozoide da lugar a una nueva persona. La otra mitad se pierde durante la implantación. Se preguntan qué decide que un embrión anide en el útero de la madre y que otro aparentemente igual desaparezca para siempre.

Para ello hicieron tres modificaciones moleculares en células madre humanas, que se reprogramaron y comenzaron a formar esferas muy similares a un embrión de unos siete días de edad, llamado blastocisto. En este punto el embrión es una pelota menor de un milímetro de diámetro, formada por 200 células, con toda la información genética de un ser humano. Posteriormente, juntaron estos embriones artificiales con las células del endometrio que recubren el interior del útero. Si no hacían nada, nada sucedía, pero si añadían estrógenos y progesterona en la misma cantidad que se produce durante el embarazo, los pseudo-embriones se pegaban a las células del útero simulando la implantación (algo apenas estudiado antes). Al analizar la expresión genética de los pseudo-embriones, se comprobó que coincide en un 97% con la de los cigotos humanos reales. Además, solo se implantaron el 50% de los embriones artificiales, igual que ocurre con los embriones humanos naturales. En el transcurso de esta investigación también se halló que una molécula ya conocida −SC144− impedía la implantación, lo que apunta  a que quizá pueda funcionar como anticonceptivo.

Riesgos asociados a esta investigación y el embrión artificial

Los científicos solo permitieron que su embrión artificial viviese 13 días. Lo hicieron en parte porque en muchos países europeos, incluida España, la ley impide cultivar embriones humanos más allá del día 14. ¿Por qué motivo? Porque a partir de ese día es imposible que salgan gemelos del embrión, y eso ha llevado a pensar que a las dos semanas de la fecundación aparece un nuevo ser humano. Sin embargo, hoy día se sabe con certeza que desde el momento de la fecundación hay un nuevo ser humano (cfr., por ejemplo, “El embrión ficticio” de Gonzalo Herranz. )

Este trabajo abre todavía más la puerta de controlar la capacidad de generar embarazos o de abortarlos, y también la de producir material humano que sirva como almacén de reparaciones para otros seres humanos que necesiten algún tipo de trasplante.

Abre también posibilidades delirantes, como implantar embriones artificiales en el útero de un animal o incluso de una mujer, e intentar que nazca un bebé. Rivron resalta que “nunca” debería hacerse tal cosa y añade que probablemente no tendría éxito. Su equipo lleva años intentando implantar un pseudo-embrión de ratón en el útero de una ratona. En ninguna ocasión consiguieron generar ratones recién nacidos. “Con toda probabilidad” tampoco funcionaría en humanos, resalta.

Por otra parte, los pseudo-embriones producidos a partir de células madre humanas pueden abrir una distopía transhumanista, es decir, la cosificación de seres humanos basada en un desarrollo sin limitaciones de la biotecnología, y la liberalización comercial del proceso. En ninguno de los dos casos se cuestionan las bases antropológicas que los sostienen.

Valoración bioética

Convertir células madre humanas para originar embriones no es ético, al menos cuatro razones:

  1. No daría lugar a un ser humano concebido por la penetración de un espermatozoide en un óvulo, sino un ser humano hermano idéntico al de la persona donante de las células madre adultas: un clon, aunque la técnica sea diferente. El método de los embriones artificiales incrementa exponencialmente la artificialidad del encuentro entre espermatozoides y óvulos de la fecundación in vitro, porque prescinde incluso de los gametos. Hipotéticamente hablando, de la concepción sin sexo llegaríamos a la generación del embrión sin fecundación.
  2. Igual que ocurre con la fecundación in vitro, el número de embriones perdidos para llegar al embrión útil para el trasplante sería elevado. Son seres vivos que se pierden.
  3. Un rasgo de la fecundación artificial –la cosificación del ser humano no nacido– se acentuaría considerablemente. El embrión artificial así producido nunca vería la luz. Su creación solo serviría para disponer de un almacén de células, tejidos y órganos en un intento de salvar a otras personas: un medio para los fines de otros. Un proceso monstruoso de canibalizar, como se hace con algunos fetos abortados.
  4. Por último, aunque no menos importante: separa la procreación de la unión. La única forma digna de que nazca un nuevo ser humano es que la concepción ocurra en el cuerpo de la mujer tras una relación sexual amorosa entre los cónyuges.
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