fbpx

Entrevista a Juan Encío: «La rabia forma parte de una fe adulta: gritar a Dios es tomarlo en serio»

COMPARTIR EN REDES

Juan Encío Avello (1999) no deja de sonreír. La suya parece una vida alegre porque de su rostro nunca se borra ese gesto esperanzado que nos recuerda que la vida merece la pena. Un cuarto de siglo en San Sebastián es mucho más de lo que pronosticaron los médicos. Al poco tiempo de nacer, su parálisis cerebral cayó como una sentencia condenatoria: no podría vivir mucho tiempo, apenas hablar o relacionarse con los demás. Desde entonces la suya, su vida aparentemente alegre, ha sido una lucha contra el dolor, el sufrimiento físico −pero también el cansancio espiritual− y las barreras que otros le diagnosticaban.

Aquel joven donostiarra se graduó en la universidad de Trabajo Social y hace apenas unos meses publicaba un libro sobre el sufrimiento y la fe. Desde el dolor a ti grito (Nueva Eva) se ha convertido ya en un bestseller de la editorial porque en sus páginas Encío no presenta un catálogo de argumentos, sino la certeza de que el dolor acompañado se puede convertir en una garantía de esperanza.

1. Desde muy pronto tu vida ha estado marcada por la fragilidad. Como si tu propio cuerpo fuera la manera de aprender qué es el sufrimiento, mientras que otros lo aprenden mucho más tarde…

Desde pequeño mi cuerpo me ha enseñado lo que es el sufrimiento, sí: necesito ayuda para muchas cosas y voy más despacio que los demás. Eso duele, pero también me ha enseñado a mirar la vida −y a los otros− desde la fragilidad, no desde el éxito.

2. El éxito, aunque relativo, también llega… frente a muchas expectativas, te has graduado en Trabajo Social. ¿Qué te ha enseñado el contacto con otras fragilidades sobre la tuya propia?

La carrera de Trabajo Social me ha mostrado que no soy el único que sufre: hay muchas historias rotas, muy distintas a la mía. Eso me ayuda a relativizar mi dolor y a ver mi discapacidad como una fragilidad más, no como la única ni la peor.

3. Habiendo experimentado tantas fragilidades, te animaste a fundar Cafarnaúm. ¿En qué momento descubriste que el dolor compartido puede ser un punto de verdadero encuentro?

Descubrí que el dolor compartido une cuando, al contar mi historia, otros empezaban a abrir la suya. En Cafarnaúm veo que, cuando nos atrevemos a decir «me duele», dejamos de estar solos: entre personas con y sin discapacidad nacen amistades muy hondas.

4. Hay que ser muy valiente para verbalizar el dolor… En un mundo obsesionado con eliminar el sufrimiento, tú propones mirarlo, nombrarlo y abrazarlo. ¿Qué es lo peor que podemos hacer con nuestro dolor? ¿Es peligroso eso de querer tapar lo que nos ocurre?

Lo peor que podemos hacer con el dolor es negarlo o anestesiarlo. Si lo tapamos, no desaparece: se transforma en amargura, en cinismo, en explosiones que dañan más. Mirarlo y nombrarlo es duro, pero es el inicio de la sanación.

5. También vemos muchas espiritualidades que prometen soluciones rápidas, el «querer es poder» y demás frases ilusorias. Tu propuesta, en cambio, parece detenerse en la herida. ¿Es importante no tener prisa con el dolor?

Sí, es importante no tener prisa con el dolor. Las recetas rápidas y el «puedes hacer todo lo que te propongas» aplicados al sufrimiento nos culpabilizan más. Dios suele trabajar despacio, acompañando la herida, no borrándola de un chasquido.

6. Como acabas de decir, esta visión esperanzada solo es posible desde la fe. Conoces a un Dios que no borra el sufrimiento, sino que entra en él y lo acompaña. ¿Cómo fue tu primer encuentro con ese Dios?

Mi encuentro con ese Dios ha venido sobre todo a través del amor de los demás. Cuando me he sentido querido, acompañado y sostenido por personas muy concretas, ahí he intuido que Dios estaba cerca. El cariño humano ha sido para mí la puerta para descubrir Su ternura.

7. Una ternura no siempre visible: ¿Has tenido momentos de rabia con Dios?

Sí, me he enfadado con Dios y he gritado. Creo que la rabia, cuando la dirigimos a Él y no rompemos el diálogo, forma parte de una fe adulta: no es falta de fe, es tomarse en serio la relación.

8. ¿Por qué has decidido escribir este libro? ¿Cuándo decidiste poner tu experiencia por escrito?

Decidí escribir este libro al ver que lo que iba escribiendo en mis diarios podía acompañar a otros. No quería contar «mi vida» sin más, sino poner por escrito un camino de dolor y fe que pudiera sostener a quien se siente igual de roto.

9. El título −Desde el dolor a ti grito− es una declaración de intenciones, como también lo es la historia de Ramón. ¿Quién es Ramón para ti? ¿Es un personaje, un espejo, una suma de rostros?

Ramón es un personaje, pero también un espejo y una suma de rostros. Tiene mucho de mi propia historia y mucho de jóvenes concretos que he conocido: heridos, creyentes, cansados, con familias marcadas por la enfermedad y el sufrimiento.

10. Así que, en el fondo, Ramón somos un poco tú y yo…

Escribo a Ramón, pero en realidad escribo a cualquier persona que sufre. El lector enseguida se reconoce porque esas cartas de la segunda parte del libro están pensadas para un «tú» muy concreto: tú que te sientes solo, herido, lejos y a la vez con ganas de creer.

11. En tus respuestas hay mucho dolor, sufrimiento e incomprensiones. Pero en todas ellas terminas con una mirada esperanzada. ¿Ese grito de lo hondo tiene siempre su respuesta?

Creo que el grito desde lo hondo siempre tiene respuesta, aunque no sea inmediata ni como nosotros queremos. A veces Dios responde cambiando las circunstancias, y muchas otras sosteniéndonos dentro de ellas.

12. Una forma de sostén han sido las presentaciones del libro, todas ellas exitosas. ¿Te ha sorprendido descubrir cuánta gente se siente acompañada por tu historia?

Sí, me ha sorprendido y conmovido. Descubrir que gente tan distinta me dice «me has puesto palabras» me confirma que el dolor es muy común… y que también lo es el deseo de sentirse acompañado.

13. Esa capacidad de compañía… ¿Crees que el sufrimiento puede convertirse en lugar de encuentro y no de soledad?

Sí, el sufrimiento puede ser lugar de encuentro cuando se comparte con verdad. Cuando dejamos de esconderlo, nos descubrimos muy parecidos en lo hondo y se abren relaciones que quizá no nacerían desde la «vida perfecta».

14. Mirándote, uno tiene la impresión de que tu sonrisa no es ingenuidad, sino una decisión firme. ¿Qué ha tenido que ocurrir dentro de ti para que esa alegría sea posible?

Mi alegría es muy natural en mí: siempre he sido risueño. Pero esa alegría ha pasado por la cruz: por aceptar mi historia, llorar lo que duele y dejarme querer por Dios y por los demás. Hoy es una mezcla de carácter y de gracia.

15. Entonces terminemos con gracia: ¿Es este el primer libro de muchos?

No sé si será el primero de muchos, pero seguiré escribiendo. Si Dios quiere que de mi fragilidad salgan más libros que acompañen a otros, yo estaré disponible. De momento, este ya es un regalo enorme.
Mi alegría es muy natural en mí: siempre he sido risueño. Pero esa alegría ha pasado por la cruz: por aceptar mi historia, llorar lo que duele y dejarme querer por Dios y por los demás. Compartir en X

¿Te ha gustado el artículo?

Ayúdanos con 1€ para seguir haciendo noticias como esta

Donar 1€
NOTICIAS RELACIONADAS
No se han encontrado resultados.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.