Escocia: reparten un libro infantil para normalizar la transexualidad

(Jo Bartosch/Spiked) A los niños de cuatro y cinco años en Escocia se les enseña ahora que algunas ovejas aúllan. Este es el mensaje del galardonado libro Brenda is a Sheep (Brenda es una oveja), del autor Morag Hood, un libro ilustrado que se entrega a todos los alumnos de esas edades por cortesía del Scottish Book Trust con motivo de la Semana de la Visibilidad de los Transexuales.

La historia tiene como protagonista a Brenda, una loba que se identifica como una oveja. Brenda, con su pelo gris y sus dientes puntiagudos, tiene algunos problemas para encajar entre sus “iguales”, las ovejas. Los lectores se preguntan si Brenda puede ser un peligro para las ovejas, sobre todo cuando empieza a perfeccionar su receta de salsa de menta.

Descrita por la editorial Pan MacMillan como “una historia divertida sobre la aceptación“, al final del libro Brenda es bienvenida en la cálida y lanuda comunidad ovina y todos viven felices para siempre.

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La intencionalidad política es evidente y explícita: se trata de mostrar que está mal no aceptar a los hombres que se identifican como mujeres transgénero y piden acceso a los espacios de las mujeres. El libro enseña a los niños a no confiar en sus certezas, ni a cuestionar los motivos que la gente puede tener para pretender ser algo que claramente no son.

Tracy Shaw, portavoz de la Safe Schools Alliance UK, que se dedica a garantizar que las escuelas sean seguras e inclusivas para todos, ha explicado los motivos por los que la SSA está preocupada sobre este libro:

Los niños necesitan ser animados a confiar en sus impresiones sobre las personas y las situaciones y sentirse apoyados para expresarlas. Las personas que se aprovechan de los niños utilizarán todo tipo de estrategias para acercarse a ellos. Este libro anima descaradamente a los niños a cuestionar los límites bajo la apariencia de ser amable e inclusivo. Este libro tiene luces rojas de peligro por todas partes y deja a los niños más expuestos al abuso sexual, no menos”.

Si no fuera por el hecho de que los activistas trans tienden a carecer de sentido del humor, sería tentador imaginar que el “lobo con piel de oveja” se utiliza para poner de relieve los problemas potenciales de permitir a la gente “autoidentificar” cuál es su sexo.

Las escuelas de Escocia se han convertido en la zona cero para el despliegue de la enseñanza sobre el género. A principios de este año, la diputada Mhairi Black acompañó a Nathan Mullen, una drag queen que actúa bajo el nombre de “FlowJob”, a la escuela primaria Glencoats. Cuando se supo que Mullen había subido contenido pornográfico extremo y explícito en su cuenta de Twitter hubo una serie de quejas. Black rechazó a quienes cuestionaban el beneficio educativo de invitar a una drag queen generadora de contenidos pornográfico en las redes sociales a una escuela primaria porque, según ella, estaban movidos por la homofobia.

En los últimos años, han surgido grupos de base que han presionado contra la introducción de la ideología de género en las aulas escocesas. El análisis realizado a partir de 2019 por Women and Girls in Scotland (WGiS) identificó 15 artículos de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño que eran violados en el programa gubernamental Supporting Transgender Young People: Guidance for Schools in Scotland. Desde la educación física hasta los baños y los vestuarios, WGiS afirma que “las orientaciones planteadas establecen un conflicto de intereses, en particular entre los jóvenes transexuales de sexo masculino y las chicas“. De manera similar, después de que el grupo For Women Scotland (FWS) señalara que recursos ofrecidos por el gobierno para niños de cuatro y cinco años de edad les enseñaba que dependía de ellos “decidir si son un niño o una niña”, el FWS se preguntó:

¿Sobre qué base se supone que los niños muy pequeños tomarán esta decisión, aparte de la preferencia por ciertos comportamientos, vestimenta o actividades? En efecto, así se están reforzando unas ideas rígidas acerca de los rasgos masculinos y femeninos y se alienta la creencia de que si un niño no se conforma a estos rasgos no es realmente un niño o una niña.

En Inglaterra, tras un anuncio hecho en septiembre por la Ministra de la Mujer y la Igualdad, Liz Truss, el Departamento de Educación emitió una guía en la que se advertía explícitamente a las escuelas sobre los peligros de utilizar expertos externos que enseñen a los niños que es posible “nacer en el cuerpo equivocado”. Pero esta guía no se aplica a Escocia. Y dada la tendencia a la independencia de Escocia, parece poco probable que se apresure a seguir el consejo inglés.

Pero la cuestión de hombres que buscan entrar en los espacios sólo para mujeres sigue siendo muy delicada. Como muestran las cifras del Ministerio británico de Justicia de 2017, el 98% de los condenados por delitos sexuales son hombres. En otras palabras, es un hecho que los hombres representan un mayor riesgo para las mujeres que viceversa. Además, hay pruebas considerables que sugieren que existe un vínculo entre las pautas masculinas en los delitos sexuales y el deseo de identificarse como una mujer. Las estadísticas recopiladas por el grupo Fair Play for Women, publicadas en The Sunday Times, muestran que en 2018 casi la mitad de los reclusos de las prisiones del Reino Unido que se identificaron como “mujeres transgénero” habían sido condenados por delitos sexuales.

Aunque podemos tratar el libro Brenda es una oveja como una broma, debería preocuparnos que todos los niños criados creyendo que Brenda es una oveja sean más vulnerables a la mordedura del lobo.

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