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Francisco recuerda que Jesús pide «ser ciudadanos honestos»


Este domingo, vigésimo noveno del tiempo ordinario, el Papa Francisco ha realizado la oración del Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano para comentar el Evangelio dominical (cfr. Mt 22,15-21) que en esta ocasión relata cómo Jesús afronta la hipocresía de sus adversarios respondiendo sabiamente a la pregunta insidiosa que le habían lanzado para ponerlo en una situación difícil y desacreditarlo ante el pueblo.

«¿Es lícito pagar tributo al César, o no?», reza el Evangelio (v. 17). «En aquel tiempo, en Palestina, el dominio del imperio romano era mal tolerado, también por motivos religiosos», explicó el Papa haciendo hincapié en que para la población, el culto al emperador, «subrayado incluso por su imagen en las monedas, era una injuria al Dios de Israel», tal y como explica Vatican News.

Asimismo, el Santo Padre indicó que con esta respuesta, Jesús se sitúa por encima de la polémica: «Por una parte, reconoce que se debe pagar el tributo al César, porque la imagen sobre la moneda es la suya; pero, sobre todo, recuerda que cada persona lleva en sí otra imagen, la de Dios, y por tanto es a Él, y solo a Él, a quien cada uno debe la propia existencia».

La civilización del amor y Francisco

En este punto, Francisco destacó que de esta sentencia de Jesús, «no solo se encuentra el criterio para la distinción entre la esfera política y la religiosa, sino que de ella también emergen orientaciones claras para la misión de los creyentes de todos los tiempos, incluidos nosotros hoy».

Al respecto, el Papa aseveró que de aquí deriva la misión de la Iglesia y de los cristianos: «hablar de Dios y testimoniarlo a los hombres y a las mujeres del propio tiempo. Se trata de esforzarse con humildad y con valor, dando la propia contribución a la edificación de la civilización del amor, en la que reinan la justicia y la fraternidad».

Antes de despedirse, el Santo Padre pidió a María Santísima que nos ayude a huir de cualquier hipocresía, a ser ciudadanos honestos y constructivos.

«Y que nos sostenga a nosotros, discípulos de Cristo, en la misión de testimoniar que Dios es el centro y el sentido de la vida», concluyó Francisco deseando a todos los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro un buen almuerzo e impartiendo su bendición apostólica.

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