Cada época y cada sociedad tiene sus tabúes: temas escondidos, dormidos en el fondo de las cabezas y los corazones. No aparecen en la prensa, en la opinión pública ni en las redes sociales. Nunca, o casi nunca, se habla de ellos. Y a veces ni siquiera se les llama por su nombre.
Un ejemplo actual es la muerte. No la muerte de un personaje conocido, ni la muerte fruto de un suceso violento o de un crimen, sino la muerte cotidiana: la de un padre, un hijo, un familiar o un conocido.
En muchos países —España entre ellos— el suicidio y las enfermedades mentales han sido durante años temas tabú. En las últimas dos décadas se han ido visibilizando más. No es que antes no existieran, sino que permanecían ocultos.
Uno de los temas que, a mi juicio, sigue siendo profundamente tabú —incluso entre amigos— es el de la infertilidad. Entre el 15 % y el 20 % de las parejas la sufren; es decir, una de cada seis. Basta pensar en una reunión de amigos con seis parejas, o seis hombres o seis mujeres: estadísticamente, una de esas personas está atravesando una situación de infertilidad. Como toda estadística, en grupos concretos puede haber más o puede haber menos, pero la realidad está ahí.
La información es poder. También en este tema oculto, del que cuesta hablar, la información nos ayuda a orientarnos, a asimilar la situación y a saber qué podemos —y qué queremos— hacer. Si estamos en una habitación oscura, difícilmente hallaremos una salida; si hay un poco de luz, al menos podremos ver las puertas que existen y elegir por cuál salir.
El tema es complejo y tiene muchas derivadas. En las siguientes líneas pretendo simplemente esbozar algunas de las posibles “puertas” de esa habitación oscura.
1. Provocar artificialmente la generación de un hijo
La solución que más se promueve desde el punto de vista cultural, liberal —e incluso empresarial— es recurrir a las técnicas de reproducción asistida. Algunas “provocan” el embarazo transfiriendo espermatozoides al útero de la mujer para que fecunden el óvulo: es la llamada inseminación artificial, que puede realizarse con esperma de la pareja o de un donante. Otras técnicas transfieren al útero uno o varios embriones producidos previamente en un laboratorio, en muchos casos congelados antes del momento de la transferencia.
Sin entrar ahora en el análisis ético y humano, me limito a una reflexión basada en datos. Según las cifras de 2022 —que apenas han variado en los últimos años— casi el 88 % de las inseminaciones artificiales no tienen éxito, y cerca del 80 % de los ciclos de fecundación in vitro tampoco. Son datos publicados por la Sociedad Española de Fertilidad, que agrupa a estas clínicas en España.
En términos positivos, poco más del 12 % de las inseminaciones artificiales terminan con el nacimiento de un hijo vivo, y algo más del 20 % de los ciclos de fecundación in vitro llegan a ese resultado.
2. Intentar curar y facilitar el embarazo y el parto
Otra opción es intentar curar, como se intenta curar cualquier dolencia del cuerpo o del espíritu. Si tenemos un problema de visión acudimos al oftalmólogo, y no nos conformamos con que alguien nos lea las letras del cartel. Lo mismo ocurre si nos rompemos un hueso o si un riñón no funciona bien. Es puro sentido común, aunque a veces sea el menos común de los sentidos.
Existen especialistas en este ámbito, englobado bajo el nombre de Medicina Restaurativa de la Fertilidad. Es un camino más lento y, en general, más barato, pero también más eficaz. Los estudios —con sus particularidades metodológicas— hablan de que alrededor del 35 % de las parejas que siguen este proceso terminan con un hijo entre sus brazos, e incluso más.
Además, más allá del posible nacimiento de un hijo, esta vía suele mejorar la calidad de vida física y también la dimensión más profunda y trascendente de quienes la recorren.
Con frecuencia el cuerpo nos avisa de su malestar afectando primero a funciones menos básicas para la supervivencia. Ante un problema de fertilidad frente a uno cardíaco o pulmonar, sin duda es preferible el primero. Es mejor seguir vivo sin hijos que perder el corazón —y la vida— teniendo varios hijos.
3. Adoptar o acoger a un niño
Se trata de una solución “peculiar”, una auténtica vocación, tanto para algunas parejas infértiles como para muchas parejas fértiles. No es una opción para todos, y nunca hay que olvidar cuál es su fundamento: no se trata de que nosotros tengamos un hijo, sino de dar unos padres a un niño que, por diversas razones, ha sido abandonado o separado de sus padres biológicos. El centro de esta decisión no está en la pareja, sino en el niño.
Existen muchas asociaciones que acompañan los procesos de acogida y adopción. Es un acto profundamente generoso, pero también vocacional, que exige una gran entrega. Personalmente, pienso que en ocasiones un hijo adoptado —especialmente si ya tiene dos o tres años— puede encontrar un apoyo importante en un hermano no biológico para aprender a ser hijo. Es una opinión personal, no respaldada por estudios psicológicos o psiquiátricos. Pero no quiero dejar de expresar mi admiración por tantos padres generosos que han encontrado aquí su camino.
4. Ser fecundos en la infertilidad
Este camino puede elegirse después de haber transitado alguno de los anteriores, o puede ser la opción asumida desde el inicio. El deseo de un hijo es legítimo y profundamente humano. El amor, por su propia naturaleza, quiere expandirse, darse. El hijo es un fruto maravilloso de ese amor, pero no el único.
Por eso me gusta hablar de fecundidad: de un amor compartido que va más allá de la biología y del hijo biológico, de la fertilidad…
Independientemente de la situación concreta de cada matrimonio —con hijos, sin hijos, con hijos adoptados— todos comparten este camino de la fecundidad, del dar amor a quienes nos rodean. Las circunstancias varían, pero el “deber” de difundir el amor es una senda común para cualquier matrimonio y para cualquier persona.
Poco más del 12 % de las inseminaciones artificiales terminan con el nacimiento de un hijo vivo, y algo más del 20 % de los ciclos de fecundación in vitro llegan a ese resultado. Compartir en X









