Los daños sociales de la dejación cristiana

El problema del mundo es su descristianización. Esta es una evidencia que cae por su propio peso.

Cojamos uno de tantos ejemplos entre los muchos posibles: la ferocidad con que se critica, descalifica e insulta en las redes sociales. Habitualmente se considera que este grave defecto colectivo ha sido propiciado por la existencia de las propias redes. Esta es por el tipo de crítica que evita abordar el sujeto responsable, porque las redes son un simple instrumento y quién decide la forma de utilizarlas es cada persona en concreto.

Quien sea miembro de un club de tiro, porque le gusta este deporte, dispondrá de una o varias armas, las utilizará, le gustarán, pero esto no significa ni mucho menos que sea un asesino en potencia, ni tan siquiera que le guste disparar a una persona. Es así porque el instrumento en cuestión, la pistola o el revólver, no determina la acción posterior. Es el ser humano quien lo hace de acuerdo con su conciencia. Y esto es lo que sucede con las redes sociales. El ejemplo utilizado, el arma, mucho más agresiva formalmente que una cuenta en Facebook o Twitter, permite ver con mucha más claridad la neutralidad del instrumento.

Lo que sucede es que hemos perdido el respeto al prójimo porque hemos prescindido de aquello que estaba fuertemente enraizado en nuestras confidencias y en nuestra cultura popular: el cristianismo. Jesucristo nos enseña en Mateo 7.1 que no juzguemos si no queremos ser juzgados y que de la misma manera que tratemos al prójimo seremos tratados. Nos dice también que no seamos hipócritas, que no veamos solo la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el propio, y que antes de recriminarle aquel defecto nos esforcemos en erradicar el nuestro. Si este trasfondo cristiano fuera común, si actuáramos de acuerdo con esta concepción, examinaríamos con mucho más cuidado nuestra manera de hacer antes de pronunciarnos, partiríamos de una actitud respetuosa con el otro. Continuaríamos discutiendo de todo lo humano ,de lo divino, pero haríamos en otros términos de consideración y de respeto, y también nuestras palabras surgirían de una mayor la reflexión y razonamiento, tendríamos mucha más calidad y por ello constituiría un servicio a los demás. No es así por desgracia, y es una de las tantas cosas que ha perdido la sociedad en el camino de dejación del cristianismo.

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