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“Mariconeo” y abusos en la Iglesia Católica

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El papa Francisco provocó un terremoto entre amplios sectores sociales a finales de mayo de 2024, cuando se difundió que en una reunión con 200 obispos italianos les había dicho que “hay demasiado mariconeo en los seminarios” y que no deberían aceptarse homosexuales. Luego, por medio de una nota oficial del Vaticano, se excusaría por haber hecho uso de una palabra posiblemente ofensiva para los afectados. Pero el contenido seguía.

He dejado pasar un par de semanas desde aquellos días tensos para analizar el hecho con mayor perspectiva.

Los sectores homosexuales y ámbitos “progres”, todos ellos con muy importante presencia en los medios de comunicación, se lanzaron a la yugular del Pontífice.

De alguna forma no era para menos. Siquiera porque Francisco ha sido en todo su Pontificado muy comprensivo con el mundo homosexual, incluso utilizando términos y exponiendo reflexiones muy complacientes hacia él.

Desde los inicios de su papado, hace ya diez años, en el avión de vuelta de un viaje, expresó a los periodistas que no era él quien podía juzgar a los homosexuales -lo que incluso algunos presentaron como una aceptación y reconocimiento, aunque no dijo esto-, hasta la reciente Declaración “Fiducia Supplicans” que abría la bendición por parte de los sacerdotes de parejas homosexuales, lo que el propio Santo Padre tuvo que matizar en declaraciones públicas afirmando que “no bendigo un ‘matrimonio homosexual’ sino a dos personas que se aman”.

En total han sido diversas las declaraciones que podían ser recibidas con satisfacción más o menos amplia por el mundo gay, si bien las consideraran insuficientes.  Otra muestra evidente de este actuar es que el Papa ha recibido en los últimos años de forma frecuente a un activista LGTBI internacionalmente conocido como el sacerdote jesuita James J, Martin.

La Iglesia ha dejado clara su doctrina, aunque muchas veces a lo largo de la historia no se haya actuado de forma correcta, de que hay que respetar a las personas con sentimientos homosexuales, pero a la vez ha rechazado la ideología de género y los planteamientos incompatibles con la enseñanza católica sobre sexualidad, familia, etc. Asimismo, distingue entre tendencia y conducta, entre sentimientos y actos. No se planteó nunca como pecado la tendencia homosexual, sino los actos.

Dejando de lado la polémica suscitada en su momento por el papa Francisco, y también si era o no adecuada u oportuna la palabra utilizada, merece la pena profundizar en lo que implica con relación a algo mucho más de fondo como son los abusos sexuales causados por personas de la Iglesia Católica.

Desde todos los niveles de ésta se ha expresado en los últimos años la determinación de combatir la pederastia y sus consecuencias. Pero para hacerlo de manera correcta debe irse no solo a las consecuencias sino, sobre todo, a explicar las causas y ponerles remedio en lo posible. Un dato objetivo fundamental en el tema citado es que el 80 por ciento de los menores objeto de abuso sexual por parte de personas vinculadas a la Iglesia son niños (varones). Esto contrasta radicalmente con el acoso sexual global en la sociedad, en que el asedio a la mujer, también a las niñas, es muchísimo mayor que a los varones. La conclusión es evidente, aunque se silencie a nivel público: gran parte de los abusos han sido cometidos por sacerdotes homosexuales. Causa principal de los abusos es la homosexualidad en la Iglesia.

En el fondo, y aunque no se refiriera explícitamente a ello, es lo que el Papa Francisco ha venido a decir cuando habla de “mariconeo” y de no aceptar seminaristas homosexuales.

Durante años esto ha sido un secreto a voces dentro de la Jerarquía y entre los expertos, pero predominó lo políticamente correcto. En el fondo, la cobardía por temer acusaciones de homofobia y la reacción del fuerte lobby gay, hoy intocable, aunque éste ya ataca sistemáticamente a la Iglesia.

El cardenal Walter Brandmüller, presidente emérito del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, en una entrevista al Grupo ACI recordaba que el 80 por ciento de los abusos han sido contra niños o adolescentes varones, que en ello existe una relación con la homosexualidad y que afirmarlo no significa homofobia, sino, simplemente, aportar un dato real.

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