Amanece un 25 de julio, día de Santiago, en la ciudad de Oviedo. Centenares de peregrinos confluyen en una riada que conduce directamente a la catedral. Allí, a tempranas horas de la mañana, serán enviados a Covadonga, en un trayecto de 100 kilómetros que comienza con una estampa tan visual como aparentemente ajena al tiempo presente. Decenas de religiosos escoltan la imagen de Nuestra Señora de la Cristiandad, seguidos por una gran columna que atraviesa las estrechas calles portando crucifijos, estandartes y entonando himnos cristianos.
Con el inicio de la marcha, las miradas de los más madrugadores oscilan entre el asombro, el rechazo, la calidez y la añoranza. El latín resuena en templos y calles, las bendiciones espontáneas se multiplican y padres y madres luchan por dar los primeros pasos de una peregrinación que, con niños a cuestas, se antoja exigente.
Es solo un anticipo de lo que sucederá entre el 25 y 27 de julio en Asturias en la VI edición de Nuestra Señora de la Cristiandad España. Un fenómeno tan particular que recibe las más variadas valoraciones. Para algunos, se trata de una simple anécdota reaccionaria. Para otros, una muestra de fuerza del llamado tradicionalismo. Lo que en realidad sucede trasciende por mucho las etiquetas. Según sus protagonistas, peregrinos y organizadores, todo remite a una práctica tan propia de la Cristiandad como es la peregrinación sacrificial por la Iglesia y por España siguiendo el rito romano tradicional, que la Iglesia desarrolló durante siglos buscando elevar el modo en que el cristiano adora, agradece, pide y se arrepiente ante Dios.
La peregrinación del arraigo
La peregrinación, de tres días de duración, es tan exigente en lo físico como enriquecedora en lo litúrgico, espiritual y comunitario.
«Venir a la peregrinación es como transportarse a otro mundo. Dejas móvil, redes sociales y televisión y te ves rodeado de cientos de personas que comparten un mismo objetivo: dar gloria a Dios y crecer espiritualmente».
Así lo explica Diana Catalán. A sus 30 años, es la responsable de la peregrinación y fundadora de Nuestra Señora de la Cristiandad España, labor a la que dedica buena parte de su día a día tras conocer las peregrinaciones homólogas europeas como París-Chartres, en Francia.
El sistema y rutinas son similares a las que se han venido a llamar «peregrinaciones tradicionales», en las que la oración, la formación y lo sacrificial impregnan por completo el día a día. A lo largo del camino, explica que se van leyendo catequesis y meditaciones que nutren el espíritu, se reza el rosario completo, se alaba a Dios mediante cantos y los sacerdotes están continuamente disponibles para confesar.
Catalán invita a prolongar esta experiencia en la vida cotidiana mediante los encuentros organizados por cada capítulo. Así llaman a los grupos que acogen a los peregrinos en función de sus «comunidades naturales», generalmente divididos en regiones, ciudades, parroquias, colegios, familias o grupos misioneros. Actualmente la organización tiene registrados más de 40 capítulos activos, 12 de ellos extranjeros.
Siguiendo la épica espiritual de la Reconquista
Covadonga, más que el destino, es el espíritu que impregna toda la peregrinación. Precisamente allí, Pelayo y sus seguidores librarían una batalla decisiva frente a un islam que por entonces reducía a cenizas el Reino visigodo de Toledo. La batalla, más que por su dimensión militar, tendría especialmente un significado simbólico y espiritual, pues sería la primera victoria de un proceso en el que España adquiriría una identidad y madurez propias.
Para Catalán, Covadonga es el lugar donde, según la tradición, los españoles recibieron la asistencia de la Santísima Virgen para comenzar la Reconquista. Solo así se entiende que, al volver cada año, los peregrinos renueven sus ruegos a la Virgen para contribuir a la reconquista espiritual de España, «empezando por nuestra propia conversión y santificación».
Los jóvenes quieren épica y grandes causas
Cada año, cuando la peregrinación concluye en el santuario, muchos vuelven sobre la misma pregunta: ¿merece la pena? Pocos dicen que no, apenas se escuchan quejas, pero en su mayoría reconocen lo exigente de la marcha. Quizá la verdadera pregunta es qué los lleva a cambiar varios días de descanso veraniego por casi cien kilómetros de marcha.
De entre las muchas respuestas recabadas por la organización, abunda el gusto por la tranquilidad del campo, por el ambiente fraternal que se genera, por la calidad de las conversaciones o por la belleza de la música sacra, siempre presente durante la peregrinación y especialmente cuidada por el coro dirigido por Daniel Rubio.
«A los jóvenes también les atrae la épica, las grandes causas y que se les trate con seriedad».
Catalán agrega que la liturgia tradicional constituye el «eje central» de la peregrinación.
La sacralidad del culto a Dios, en el centro
En España, no siempre es fácil acudir a la liturgia tradicional. Por ello, subraya cómo durante los tres días de peregrinación se forja un poderoso vínculo espiritual y comunitario en torno a la misa y los sacramentos.
«Los amantes de esta liturgia muchas veces nos sentimos solos en nuestros lugares de origen y no queremos perder la oportunidad de unirnos. Este motivo tiene todavía más peso en los sacerdotes, que al venir a la peregrinación se sienten acogidos y entre hermanos que comparten la misma sensibilidad litúrgica, algo que muchas veces no pueden experimentar en sus propias diócesis», señala.
Por encima de todo ello, Catalán introduce como gran elemento diferencial de la peregrinación el término que, según ella, mejor define la misa tradicional: sacralidad.
«El silencio, los gestos, la reverencia, el latín, la orientación del sacerdote…», enumera. Para ella, todos esos elementos constituyen un reflejo majestuoso «de la sacralidad del culto a Dios» e impregnan la marcha de principio a fin.
«Durante la peregrinación, además, se celebra en su forma más solemne, y tendremos oportunidad de escuchar las diferentes partes de la misa cantadas, tanto en gregoriano como en polifonía», anticipa.
Una peregrinación que no busca replegarse
Precisamente esa riqueza, pero también lo reducido de los lugares donde se celebra, puede generar reticencias entre peregrinos que no conozcan bien el rito o que incluso nunca hayan asistido al mismo.
«Todo católico es bienvenido».
Por eso, Catalán se esmera en remarcar que tanto la cantidad como el perfil de peregrinos lo confirman año tras año. «Incluso se ha visto a algún no católico venir dispuesto a aprender sobre la fe», explica. «Aunque celebraremos el rito tradicional, no significa que quien no lo conozca o no asista regularmente no pueda venir».
Del mismo modo, despeja los temores ante el reto físico. Aunque la marcha es exigente y se anima a completar el recorrido, recuerda que «no es una competición».
«Habrá descansos y coches escoba. También tenemos una ruta más corta para las familias, y este año como novedad hemos añadido una minirruta aún más accesible», explica en referencia a una modalidad pensada especialmente para las numerosas familias con niños que acuden al evento.
La joven añade un mensaje dirigido a quienes dudan por no encajar o no conocer compañeros con quienes peregrinar. «Que tampoco tengan miedo: no son los primeros ni los últimos que han venido sin conocer a nadie y se han ido habiendo hecho grandes amistades».
Aprender a vivir un orden cristiano
Muchos se preguntan si lo vivido en esta y otras peregrinaciones produce frutos duraderos o si, al concluir, corre el riesgo de diluirse como un acontecimiento más del calendario estival. Ese es precisamente uno de los principales desafíos de Nuestra Señora de la Cristiandad España.
Aunque durante el camino, admite Catalán, «cuesta creer que pueda terminarse y haya que volver a la vida ordinaria», la peregrinación «tiene que ser únicamente el comienzo, una experiencia que pueda extenderse a lo largo de todo el año».
En este sentido, destaca el componente evangelizador y social como uno de los rasgos identitarios de la iniciativa. Conscientes de que el presente puede ser un tiempo «poco católico», en Nuestra Señora de la Cristiandad no se resignan, sino que aspiran a contribuir, en la medida de sus posibilidades, a remediarlo.
«La idea es que, al menos por unos días, en un rincón de Asturias, cientos de personas aprendan a vivir en un orden social cristiano y que, al regresar a casa, instauren en la medida de sus posibilidades un poco de esa Cristiandad».
Antes de concluir, Catalán se dirige también a quienes no podrán asistir presencialmente a esta edición. «También quienes no puedan acudir pueden participar espiritualmente en la peregrinación, uniéndose al capítulo de los Ángeles de la Guarda y rezando por los frutos de la misma».









