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Noticia bomba en Reino Unido: cierran la clínica Tavistock de “cambio de sexo”

(La Nuova Bussola/Ermes Dovico) Estamos ante una noticia impensable hace muy poco. Tras las duras críticas vertidas en un informe independiente, publicado provisionalmente en marzo por la conocida pediatra Hilary Cass, el National Health Service -el servicio de salud británico- ha decidido finalmente el cierre de la clínica de «cambio de sexo» que se encuentra en el Centro Tavistock de Londres desde 1983. Se espera que la clínica, la única para menores en todo el Reino Unido, cierre «para la primavera de 2023», según ha declarado una fuente del NHS a The Guardian. Esta es la buena noticia, que llega como culminación de un proceso en el que el Informe Cass (encargado por el NHS) ha sido sólo el último acto. Antes, de hecho, hicieron falta años de denuncias de pacientes, familiares e incluso de antiguos empleados que fueron despedidos por razones de conciencia, es decir, por no querer ser responsables de los experimentos realizados con niños y jóvenes.

La noticia potencialmente menos buena es que el actual «Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género» (Gids, en sus siglas en inglés) evolucionará hacia un modelo reorganizado en varios centros regionales, tal y como sugiere el citado informe. Todo dependerá de cómo se traten en el nuevo modelo los casos de niños que dicen tener disforia de género. El NHS dijo en un comunicado que tiene la intención de construir un «servicio más resistente» capaz de «garantizar las necesidades holísticas» de los pacientes muy jóvenes. Comenzará con dos centros, uno en Londres (gestionado por el Great Ormond Street Hospital y el Evelina London Children’s Hospital) y otro en el noroeste de Inglaterra (gestionado por el Royal Manchester Children’s Hospital y Alder Hey en Liverpool). En la práctica, los centros serán gestionados por los hospitales pediátricos, que también ofrecerán servicios de apoyo a la salud mental. Un aspecto, este último, poco cuidado en la clínica Tavistock, según el Informe Cass. El número de estos centros podría aumentar hasta 7 u 8 en todo el Reino Unido, informa The Guardian.

En el informe de marzo, la Dra. Cass escribió que el modelo basado en una única clínica especializada «no es una opción segura ni viable a largo plazo, a la luz de las preocupaciones sobre la falta de revisión por pares y la capacidad de responder a la creciente demanda». El número de pacientes derivados a la clínica Tavistock ha aumentado de 138 en 2010/11 a 2.383 en 2020/21. Las listas de espera son cada vez más largas, con niños que esperan hasta dos años para una consulta. La otra cara de esta moneda es que muchos niños y jóvenes han sido dirigidos precipitadamente hacia el camino ilusorio de la «transición» al sexo opuesto, con daños devastadores para el cuerpo y la mente. Además, según el informe, a menudo había tensiones entre los pacientes y los médicos, ya que los primeros presionaban para que el acceso al tratamiento físico fuera lo más rápido posible y los segundos se mostraban más prudentes, conscientes de sus responsabilidades. Esta variedad de situaciones y puntos de vista de ambas partes hizo que los pacientes experimentaran lo que el documento de la pediatra británica denomina una «lotería clínica».

En cuanto al uso de tratamientos hormonales, Cass quiso advertir a los niños y jóvenes que «todavía hay mucho que no sabemos sobre los efectos a largo plazo». En particular, en su revisión de marzo de 2022, explicó que no hay «pruebas suficientes» para hacer recomendaciones firmes sobre el uso rutinario de medicamentos que bloquean la pubertad. De ahí su sugerencia al NHS de «inscribir a los jóvenes que se están considerando para el tratamiento hormonal en un protocolo de investigación formal con un seguimiento adecuado hasta la edad adulta, con un enfoque más inmediato en los problemas de bloqueo de la pubertad». Una aclaración necesaria. Si por un lado es cierto que un seguimiento, una monitorización periódica, puede aportar datos importantes sobre los efectos a largo plazo de los fármacos bloqueadores de la pubertad, por otro lado es necesario recordar que estamos ante un experimento deletéreo y, por tanto, explicitar la verdad que está en la base de todo el discurso: un tratamiento que bloquea un proceso fisiológico como la pubertad (fundamental para el desarrollo de la persona) no debería ni siquiera iniciarse.

Una de las justificaciones que dan los defensores de la ideología transexualista para el uso de fármacos bloqueadores de la pubertad es que así se gana tiempo antes de decidir si continúan o no con la «transición de género».

En realidad, estos fármacos acaban aumentando el malestar y la incertidumbre sobre la propia identidad sexual, incertidumbre que en cambio los adolescentes -en la mayoría de los casos- superan de forma natural si no se dejan engañar por pseudoterapias que contradicen su sexo biológico. En este sentido, Cass expresa su preocupación por el desarrollo cerebral de quienes se someten a tratamientos hormonales, señalando que «la maduración del cerebro puede verse interrumpida temporal o permanentemente por los bloqueadores de la pubertad, lo que podría tener un impacto significativo en la capacidad de tomar decisiones complejas y de riesgo, así como posibles consecuencias neuropsicológicas a largo plazo». A esto se añaden otros problemas físicos -como daños en el hígado, falta de desarrollo de la densidad y la fuerza ósea, riesgos para la fertilidad, etc.- que se han detectado en varios países, entre ellos Suecia, que por ello ha decidido restringir el uso de bloqueadores de la pubertad.

¿Por qué, entonces, seguir promoviendo tratamientos perjudiciales?

A la decisión sobre la clínica Tavistock se llegó, como ya se ha dicho, en parte gracias a las quejas de antiguos pacientes. Entre ellos, el caso más llamativo fue el de Keira Bell, que ahora tiene 25 años y que se arrepiente de haber emprendido -a los 16 años- el camino para «convertirse» en hombre, que comenzó con fármacos bloqueadores de la pubertad y continuó con una operación de extirpación de pechos. Keira, en declaraciones a BBC Radio 4, dijo que estaba «encantada» con la decisión de cerrar la infame clínica: «Muchos niños se salvarán de seguir el camino que yo recorrí. Pasé mucha angustia cuando era adolescente. En realidad, sólo necesitaba apoyo en materia de salud mental». Porque lo que se necesita en estos casos es ayudar al adolescente de turno a aceptar su sexo biológico, para que la mente pueda hacer las paces con el cuerpo. Apoyo psicológico y oración, para dejar atrás las sirenas de las ideologías actuales.

 

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