Posible acuerdo de intercambio de fronteras entre Serbia y Kosovo

Política

Diez años después de que Kosovo declarara de forma unilateral su independencia respecto Serbia, ambos países siguen sin encontrar un acuerdo para normalizar sus relaciones, a pesar de que desde 2013 la Unión Europea ha conseguido que se iniciara el diálogo.

Recientemente ha resurgido la idea de efectuar un intercambio de territorio entre Serbia y su antigua provincia de Kosovo. Fue el presidente kosovar Hashim Thaci quien formuló la idea en primer lugar, el pasado 6 de agosto, al afirmar que unos “ajustes fronterizos” podrían contribuir a mejorar la relación entre Belgrado y Pristina. Tan sólo un día después, el ministro serbio de Asuntos Exteriores, Ivica Dacic, recogió las palabras de Thaci y afirmó que tal intercambio sería en efecto posible.

En qué consistiría el acuerdo

Esencialmente, el acuerdo consistiría en entregar a Kosovo un área de Serbia habitada mayoritariamente por albano-kosovares, el valle de Presevo. Serbia recibiría a cambio una zona del noroeste de Kosovo de población mayoritariamente serbia.

Según la agencia de análisis Stratfor, otros territorios de Kosovo que albergan importantes monasterios ortodoxos y que tienen porcentajes elevados de población de etnia serbia recibirían además estatus especiales.

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Pero aún más importante, como consecuencia del acuerdo, Serbia reconocería Kosovo como estado independiente, lo que facilitaría su inserción en las instituciones internacionales.

Aunque una mayoría de países europeos y Estados Unidos reconocen Kosovo, otros no lo hacen. Entre éstos se encuentran Rusia -que se ha servido de su veto para evitar la entrada del país a la ONU- China, la India, México, Brasil o España.

Reacciones a favor y en contra

Desde el anuncio de la posibilidad, se han alzado una multitud de voces tanto a favor como en contra del potencial acuerdo, a nivel interno e internacional.

El presidente serbio Aleksandar Vučić y su homólogo kosovar Hashim Thaci confirmaron su voluntad de negociar el pasado 25 de agosto. Paradójicamente, los dos combatieron en bandos opuestos durante la guerra que desembocó en la separación de Kosovo entre 1998 y 1999.

Los Estados Unidos, que contribuyeron de forma crucial a inclinar la balanza en favor de los independentistas kosovares, afirmaron que están abiertos a la negociación y que no interferirán.

Alemania, en cambio, se ha posicionado claramente en contra y ha advertido que el proceso corría el riesgo de volver a abrir heridas del pasado.

La Alta Representante de la UE para los asuntos exteriores, Federica Mogherini, ha afirmado que existe un amplio apoyo entre los Estados Miembros de la Unión Europea para que Bruselas haga de mediadora entre Serbia y Kosovo.

Varios analistas políticos, como el bosnio Adnan Ćerimagić, han advertido que, de materializarse, el acuerdo lanzaría un peligroso mensaje: que en un país no pueden convivir culturas diferentes. Además, según defienden, el acuerdo haría resurgir las ideas secesionistas de la minoría serbia en Bosnia.

Otros, como Marko Prelec, consideran que el intercambio es una posibilidad única para normalizar la relación entre Belgrado y Pristina, y permitiría por un lado sanar la herida en el honor serbio que supuso la pérdida de la región, y de la otra el pleno reconocimiento de Kosovo en el teatro internacional. Además, el acuerdo tendría, según defiende, un efecto positivo para el conjunto de la región de los Balcanes ya que pondría punto y final a los conflictos de los años 90.

¿Un precedente para otras regiones de Europa?

Como Ćerimagić menciona en su artículo, una importante duda del potencial acuerdo radica en el hecho de que en Europa hay muchos países que tienen regiones mayoritariamente habitadas por miembros de minorías étnicas.

Son ejemplos los germanófonos del Tirol del Sur italiano y los del extremo oriental de Bélgica. Las repúblicas bálticas tienen importantes minorías de habla rusa. Y, por supuesto, Bosnia tiene una región con una mayoría serbia que se encontró en el epicentro de la terrible guerra en los años 90.

Una posible lectura del acuerdo sería que no sólo culturas diferentes no pueden convivir, sino que además, su separación es posible e incluso conveniente.

A nivel español, un potencial acuerdo introduciría más presión a Madrid. España es uno de los pocos países europeos que no reconoce la independencia de Kosovo, esgrimiendo que ésta se declaró de forma unilateral, algo generalmente inaceptable en derecho internacional. Si finalmente Kosovo y Serbia normalizaran las relaciones, los partidarios de la vía unilateral en Cataluña y Euskadi saldrían políticamente reforzados.

 

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