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Qué encontramos a faltar en nuestra Iglesia

Nos gustaría obtener de la palabra de doctrina y sacerdotal en la vida cotidiana de la Fe una mayor y mejor atención a las consecuencias colectivas de esta, esto es, a su dimensión política. Cuando esta palabra aparece, el espanto surge.

Hay razones para ello, hoy por hoy es un término divisivo generador de conflicto, desprestigiado. ¡Cómo no vamos a evitar que esta forma de entender la política se apodere de la Iglesia! Pero suceden dos cosas: la primera, que de hecho ya está dentro, es que aquellas personas que sienten la vibración política acostumbran, con toda la buena intención del mundo, a supeditar su fe a la visión del partido político. Y esta es la segunda cuestión: cuando tememos a la política es porque la confundimos y la hemos reducido a la pugna entre partidos; y esta solo es una parte importante, pero ni mucho menos toda la política. Porque esta, recordémoslo, es la tarea común. La de un pueblo, también la del pueblo de Dios, para lograr el bien común, que es uno de los fines primordiales de la doctrina social de la Iglesia.

La doctrina social de la Iglesia o es política o no es nada.  somos pueblo seguidores de Jesucristo y hemos de actuar como tal pueblo y que la doctrina social de la Iglesia exige un sujeto colectivo, que no significa necesariamente unos partidos, para hacerse realidad; y que no puede fiarse solo a la acción espontánea de las individualidades, que ha llevado a la Iglesia a la marginalidad en nuestro país y en buena parte de Europa.

Nos encontraríamos más acompañados si la Iglesia presentara la dimensión integral de Jesucristo de manera habitual, en lugar de limitarse a presentar una y otra vez lo que considera su cara más amable. Esta obviamente es la más importante: “venid a mí los que estáis fatigados”, dice Jesús, pues en Él encontramos refugio. Pero también añade que “mi yugo es suave y mi carga es ligera”. Esto nos ayuda, pero su seguimiento implica obediencia, implica una Cruz, al menos la de la vida, que no nos aplasta, pero que pesa. Jesús en ocasiones se manifiesta con una cierta dureza y esto también hay que explicarlo y contextualizarlo bien, porque, de lo contrario, se corre el riesgo de presentar a Jesús pasado por la censura del mundo desde el preciso momento histórico.

Nos sentiríamos más confortados si no se tendiera a predicar el amor que surge del sermón de la montaña de una manera que cada vez se confunde más con la emotividad del mundo. Más cuando la palabra Amor en nuestra sociedad ha perdido parte de su gran riqueza en sus diversos significados y ha quedado reducida a la satisfacción del deseo. De esta manera, es difícil que el amor persista sin sus grandes compañeros: el deber y el compromiso fuerte, que finalmente desaparecen.

Entendámonos bien, no se trata de presentar el amor desde la perspectiva del deber. Nos referimos a presentar el amor cristiano basado en la donación a Caritas más que en la concupiscencia, el afán de poseer. Aunque sin negarlo enteramente, el amor hace manifestar las condiciones necesarias que envuelven “lo que debo hacer”. es un vínculo que une por encima de las contrariedades y que resulta imprescindible.

Creemos que nos ayudaría mucho más para nuestra vida espiritual si se nos explicara de una manera suficiente nuestra necesidad de salvación y por tanto de la gracia. Porque aquella es en definitiva la causa de la encarnación de Jesús: presentar la salvación como una posibilidad y no como una certeza que relativiza todo deber y todo compromiso. Una posibilidad, eso sí, que es un derecho y un deber ASUMIR por parte de cada uno, como bien explica Romano Guardini. Se trata de atreverse a creer que cada uno es un elegido y actuar en consecuencia, porque la elección no es un título escrito sino un afecto eficaz de Dios en favor de los seres humanos.

Pensamos que, si todo esto se hiciera más presente, la verdad tendría más fuerza y la transmisión de la fe resultaría favorecida.

El sermón de la montaña es una enseñanza básica del cristianismo, no constituye una ley rígida, sino que implica una exigencia viva y una fuerza eficiente. Es el tensor que hace avanzar nuestras vidas hacia el horizonte de sentido cristiano. y, para que esto no se traduzca en un subjetivismo e individualismo fuera de medida, es necesario presentar bien todas las dimensiones que encierra la vida cristiana.

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6 Comentarios. Dejar nuevo

  • José Herrera Valdés
    17 enero, 2020 19:12

    Pero tenemos una jerarquía eclesiástica acobardada, afuncionariada, sólo quiere entender de culto y, en ése, la predicación va desmochada, liricoide, narcisista, alienada del mundo. Por éso quedan pocos hombres y muchas más septuagenarias. Ya se nota en la última década el vacío biológico que dejan. Nuestros jerarcas no quieren complicarse la vida. Hablo por supuesto en general. Pero así ocurre desde presbíteros a algún que notro cardenal español.

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  • Me conformaría con una misa hecha con un unción, consciente de que allí se actualiza el sacrificio de Jesucristo por nosotros y que se explicará bien que ocurre en esa liturgia.

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  • Hacer el bien, buscar lo bueno, eso es Amar…pero que es lo bueno hoy sin tan siquiera sabemos quien es la Verdad?
    La politica esta vacia porque ya no hay verdad en ella. La ideologia lo ha destruido todo.
    Ya el Si no es Si ni el No No.

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  • José Herrera Valdés
    21 enero, 2020 14:28

    También me gustaría que nuestros jerarcas arz/obispos (No digamos cardenales), hubieran tenido una vida de noviazgo con la labor Pastoral Parroquial que hubiera sido bastante más real y amplio. Sin aprovechar el tiempo debido a los feligreses en una parroquia para preparar tesis alguna, sino para sentarse en las plazas con ancianos, hablar con pastores pero de los de verdad: De ovejas o cabras; con sanos, enfermos, niños, calaboradores o comunistas. Lo mismo que dirime(=´Inhabilita´) el Matrimonio un cierto grave desconocimiento de la otra persona, aunque por supuesto no sea completo. El jerarca arz/obispito debe de haber tratado en corto a algo más que añejos vicarios, arz/obispos, bibliotecas, curias y otras realidades, que aunque sean necesarios, tienen que ver con la realidad por desgracia lo que yo con la Astronáutica. Sólo conocen una realidad maquillada… Omito más calificativos.

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  • Silveri Garrell
    22 enero, 2020 05:23

    Esto no tiene solución, al final siempre cargamos las culpas a los sacerdotes y obispos, el Pueblo no existe. Tal vez la solución sería que se ordenaran mas sacerdotes estilo primeros tiempos «presbíteros» (ancianos) aunque estuvieran casados, al menos de esta manera el Pueblo de Dios que realmente lidera a las bases seria más numeroso y se meterían mes en Política.

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    • José Herrera Valdés
      24 enero, 2020 20:29

      El día que quede abolido el celibato en la Católica de Rito Romano, creeré que me equivoqué de Iglesia. Es una gran herencia y, cuando quiebra un banco, a nadie se le ocurre culpar a un conserje, sino al consejo de administracción. Algo así ocurre en la Católica de España. Tenemos mucho babieca encumbrado y éso es mucho peor que tener el enemigo fuera.

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