¿Qué es comulgar? (4)

En la actualidad debe ser muy duro para todo ministro consciente el modo generalizado del pueblo comulgante. Consiste en acercarse al presbiterio para recibir en la mano el Sacramento de la Eucaristía, con la mascarilla colocada para no infectarse. Con la mascarilla colocada ¿ qué hacer una vez el Cuerpo de Nuestro Señor depositado en la palma de la mano izquierda? Se coge a continuación con los dedos pulgar e índice de la mano derecha. ¿Dónde están los avisos por megafonía advirtiendo que la mascarilla se baja hasta el cuello previamente para poder comulgar?

Con las dos manos se baja previamente la mascarilla lo mínimo para liberar la propia boca y tener libre la mano izquierda para extenderla (con la derecha debajo) y poder comulgar en la mano correctamente. Hay comulgante que va lento pues espera a hacer todo esto delante del ministro. La cola entonces no es fluida. Lo es y mucho si comulgas con la mascarilla en el cuello unos segundos antes. ¡No vale no comulgar delante del sacerdote o ministro de la comunión! Comulgar es siempre sumir la hostia consagrada delante del ministro.

Al unísono bajarse la mascarilla con la mano izquierda y con esta misma mano mantenerla extendida para recibir no es factible. Extender la mano izquierda sin la derecha debajo porque está ocupada con la mascarilla no es correcto. ¡Es duro para el ministro tener que esperar, advirtiendo individualmente, que primero se baja la mascarilla y luego se recibe al Señor en la palma extendida de la mano izquierda con la palma de la derecha debajo! La mascarilla no forma parte de la recepción del Sacramento de la Eucaristía. Sí forma parte de la comunión en la mano: a) extender la palma izquierda con la derecha debajo ante el ministro. b) sumir la hostia consagrada delante del ministro con los dedos pulgar e índice de la mano derecha. Cabe recolocarse la mascarilla volviendo de la cola una vez se ha comulgado.

Parece ser que el virus coronado no está en las manos súper limpias de los fieles comulgantes. Parece ser que – a pesar de las constantes desinfecciones visibles de las del ministro sacerdote celebrante- el virus éste puede adherirse a los dedos pulgar e índice de su mano derecha, por contacto involuntario con la lengua de un comulgante en la boca susceptible de padecer virus. Parece ser que quien comulga en su lengua está más propenso a infectarse que quien comulga en la palma de su mano. Pues las palmas de las manos no contienen virus y están todas muy limpias. En cambio, las lenguas de los comulgantes sí son susceptibles de contener virus. ¿No será completamente al revés señores sacerdotes, obispos, frailes, monjas y laicos/as de altar?

¿Sigo? No. Este es el razonamiento implícito y explícito pastoral al uso. Razonamiento decadente que prescinde de la intervención divina de Nuestro Señor Jesucristo en la recepción de su Sacramento. Por consiguiente, trato de ser de los primeros en acercarme a comulgar -en mi lengua- y no de los últimos. También es un modo de predicar con el ejemplo de modo visible. Si yo actúo así ayudo a que otro fiel indeciso actúe del mismo modo. Cuando acudes por lo habitual al mismo templo el ministro o ministros son los mismos. Igual sucede con fieles asistentes. Si soy conocido  ¿ qué  problema hay en ser de los primeros para comulgar en mi lengua con inclinación previa en señal de adoración? Pues lo que cuenta en el Sacramento de la Eucaristía es mi acto de adoración a El. También como ejemplo a seguir por la totalidad de los fieles presentes en el templo.

Pie de foto. El Papa Benedicto XVI administrando la comunión con patena a un adulto arrodillado en reclinatorio portátil.

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