Sobre la huelga feminista del 8 de marzo

España volverá a ser uno de los pocos países del mundo que para conmemorar el día mundial de la mujer convoca una huelga reivindicativa con la intención teórica de pararlo todo, incluida las tareas en el hogar y el cuidado doméstico. Naturalmente eso es una pura teoría. No se parará nada, y en todo caso provocará conflictos y alteraciones.

Queremos afirmar con claridad que no es una huelga, sino la culminación de un proceso político de agitación y propaganda que este año además se reviste de un fuerte contenido electoral. Es, de hecho, una huelga gubernamental, lo cual es un gesto de irresponsabilidad.

No existe ninguna justificación para la misma, y las razones son claras, concretas y evidentes. España es uno de los países más seguros del mundo para las mujeres, el número de feminicidios y violaciones es muy bajo comparado con los países del entorno europeo, y especialmente en relación con aquellos que se toman como paradigmas de los derechos femeninos, Dinamarca, Islandia, Noruega. Las leyes de protección de la mujer son las más duras del mundo. Es el único país con castigos penales asimétricos en función de si el autor del delito es un hombre o una mujer en un caso de violencia. España es el quinto mejor país del mundo para la mujer de acuerdo con el Women, Peace, and Security Index del Georgetown Institute for Women, Peace and Security, realizado conjuntamente con el Peace Research Institute of Oslo. En la clasificación del Banco Mundial sobre derechos de las mujeres en el ámbito profesional y de los negocios, ocupa una posición destacadísima, solo por detrás de Bélgica, Dinamarca, Francia, Letonia, Luxemburgo y Suecia con 97,5 puntos sobre un máximo de 100, y además aventaja a todos aquellos países en condiciones de seguridad: violencia, homicidio, abusos y violaciones.

La pregunta que debe formularse es esta: ¿Por qué si en términos humanos, es decir por comparación, la situación es tan razonablemente buena, se promueve una agitación desde hace días que culmina en una huelga oficial?

¿Es perfecto? Claro que no, pero sería de desear que en la inmensa mayoría de apartados que rigen la vida de nuestra sociedad, la posición española fuera tan buena como la que se da en relación con la mujer. La huelga no es una reivindicación de igualdad, sino de poder para un grupo ideológico de mujeres y hombres, y sobre todo de intereses.

La huelga solo obedece a una ideologia política de poder, y su uso para enmascarar la desigualdad real que es económica, y la injusticia social que afecta a hombres y mujeres.

Es además una ideologia que llamándose feminista en realidad promueve un determinado estereotipo de mujer, relacionada con la visión liberal del individualismo económico y en el enfrentamiento contra todos los hombres. Este feminismo que se reviste de oropeles progresistas es el feminismo del liberalismo de la globalización, que excluye a la mayoría de las mujeres reales, como lo constatan las grandes omisiones:

  • La Prostitución. Ni en el pacto de estado sobre protección de la mujer ni en las reivindicaciones del 8-M figura para nada: no promueve la prohibición de la prostitución como han hecho otros países, el último Israel, ni tan siquiera, la de la tercería, la prohibición absoluta de obtener un beneficio directo o indirecto relacionado con ella. La prostitución es uno de los principales factores de violencia estructural contra la mujer, y tiene precisamente en España un gran desarrollo.
  • Pornografía. Es otro mecanismo de lucro a gran escala de denigración y cosificación de la mujer, y ya es la puerta de entrada principal de los adolescentes en el imaginario sexual. Ni tan siquiera está planteado.
  • Las mujeres embarazadas sufren múltiples discriminaciones en lo que se refiere a sus oportunidades laborales y de promoción, de falta de protección laboral, de discriminación por parte de los servicios públicos: solo atienden y ayudan económicamente a las mujeres que quieren abortar, no a las que desean ser madres. En la educación sexual de los adolescentes, donde el embarazo se trata como una enfermedad de trasmisión sexual, en lugar de ser concebido con la responsabilidad del acto que da la vida. En la cultura donde una mujer con hijos, sobre todo si son numerosos es calificada como un ser raro
  • La mujer como madre y cuidadora. Solo el mercado realiza a la mujer ese es el mantra oficial del feminismo, del liberalismo y del estado. Nada se hace para ayudar económicamente a esta función, no existen servicios que le permitan optar por la maternidad sin renunciar a su profesión, ni compensaciones si su vocación es la del cuidado de sus hijos y sus dependientes, a pesar de ser tan fundamental. Serán progresistas, pero solo ven a la mujer como fuerza de trabajo sometida a la ley del mercado. Lo que les importa es que se rija por las mismas reglas del hombre, a pesar de que estas reglas sean malas. No se apunta hacia los de arriba, sino contra el que está a tu lado.
  • Las viudas que dependen de la pensión del marido muerto. No se reivindica algo tan elemental como la necesidad de que sus ingresos sean suficientes como para no incurrir en una situación de pobreza; esto es, que no estén por debajo del 60% de la media de la renta per cápita. Y es que la mujer que ha dedicado su vida a la familia no tiene lugar en el estereotipo del feminismo neoliberal y de género.
  • El trabajo en el hogar y la libertad de elección. La mujer, como el hombre, tiene el derecho a elegir si prefiere dedicar menos o nada de su actividad a un trabajo de mercado. La respuesta a esta libertad no es que el estado entre en los dormitorios de las parejas para decirles quien ha de dejar de trabaja y quien no, sino que debe adoptar dos medidas: 1/ La renta garantizada para el miembro de la familia que opta por dedicarse al cuidado de los hijos o de las personas dependientes de su familia, incluida la Seguridad Social, y que ha de crecer en funcion del numero de hijos que atiende. 2/ El derecho a una parte de la propiedad de los bienes acumulados desde la formación de la pareja. Esta es también la manera de dotar de seguridad a la mujer en el caso de ruptura y evitar la feminización de la pobreza. No tiene sentido el debate siempre inconcluso sobre la renta universal garantizada, y no empezar por aplicar esta medida a una parte de la población que puede realizar la decisiva tarea de cuidar a los hijos, ayudar a los dependientes. Esta medida no excusa la existencia de los servicios necesarios para facilitar el trabajo, como son las guarderías y otros aspectos relacionados con el cuidado de la infancia y la conciliación de la vida laboral y familiar

Todo eso, el feminismo neoliberal y cosmopolita del 8-M lo ignora, porque ignora las condiciones reales de vida de la mayoría de las mujeres, y esto lo disfraza con su agresión a todos los hombres, no por sus actos, sino por el simple hecho de serlo.

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