«Venite ad me»: la fe que ya no pasa sola de padres a hijos

Iglesia

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El 22 de octubre de 2026, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe dio a conocer «Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época», un texto de ocho capítulos y 144 apartados firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto, y monseñor Armando Matteo, secretario para la Sección Doctrinal. León XIV lo aprobó el 21 de agosto de 2026, memoria de san Pío X, y ordenó su publicación. El texto se presenta como unas consideraciones abiertas a posteriores profundizaciones y nuevos desarrollos Vatican News lo difundió el mismo día.

La elaboración venía de lejos: Francisco la había pedido en los últimos momentos de su vida y León XIV renovó el encargo. El texto ofrece un diagnóstico y una propuesta pastoral.

Constata que la fe ya no se transmite de generación en generación con la naturalidad de otras épocas y señala la percepción de que la tarea de los sacerdotes se reduce al «mantenimiento» de las estructuras.

Como resumió Religión en Libertad, el acento recae en el primer anuncio y en la evangelización de los adultos.

El primer tabernáculo, roto

El segundo capítulo describe cómo se transmitía la fe. La familia era el primer tabernáculo: allí se aprendían las oraciones, se leía el Evangelio, se participaba en la misa dominical, se rezaba antes de las comidas y se preparaba el belén.

Ese eslabón se ha roto: «La transmisión de la fe en el ámbito familiar se ha interrumpido en muchas partes del mundo», afirma el texto, y añade que ya no se produce «de manera, por así decirlo, “automática”». Los obispos españoles describen el efecto:

Persona y familia sufren las consecuencias en la crisis cultural y social que acompaña a este proceso, y, a su vez, se convierten en causa de su avance, por su debilitamiento en la transmisión de la fe y en el consiguiente agrietamiento de vínculos imprescindibles para la vida en sociedad.

En Colombia, los abuelos suplen las carencias de la catequesis doméstica, en paralelo a la parroquial. En los territorios de la antigua Unión Soviética, la fe pasó de las abuelas a los nietos sin la generación intermedia; los obispos greco-católicos húngaros ya no dan por supuesto que los padres la transmitan.

Una crisis cultural

La ruptura familiar forma parte de una crisis más amplia. «No solo está en crisis la transmisión de la fe, sino también una determinada visión del ser humano y de sus valores fundacionales y fundamentales, que había encontrado precisamente en el Evangelio su plenitud» . En ese marco sitúa el «cambio de época» que Francisco describió en 2019.

De ahí surgen sociedades que el documento llama «post-cristianas». En ellas, como denuncian los obispos de Rumanía, la rápida secularización hace que «la falta de práctica religiosa ya no se perciba socialmente como una ausencia que haya que justificar».

La fe se percibe sobre todo como un asunto privado, con la tendencia a excluirla del espacio público.

En ese contexto aparece el riesgo de fabricarse una religión a la medida. El texto lo advierte al hablar de las tecnologías digitales, que pueden favorecer el testimonio pero también producir «una supuesta fe “a su medida”, modelada según sus propios gustos y preferencias, en lugar de la enseñanza de la Iglesia». En esa línea, Catalina Pidal advertía hace unos días en ForumLibertas: «El hombre que deja de preguntarse por la verdad termina, tarde o temprano, aceptando la verdad que otros han preparado para él».

Volver al primer anuncio

Frente a ese panorama, el Dicasterio propone recentrar la pastoral en el kerygma, el primer anuncio de la salvación. «Jesucristo, que está vivo, te ama y ha dado su vida para salvarte»: esa es la noticia que debe volver a sonar.

Pide que ese anuncio sea «performativo», capaz de tocar el corazón y de abrir un camino de conocimiento y amor a Cristo.

El texto no opone el primer anuncio a la formación. Insiste en que la formación no es un lujo posterior: «Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma» (, citando Evangelii gaudium 165). En el número 84, al recordar la jerarquía de las verdades, pide no dispersarse y no perder de vista lo que hay en ella de «más sólido, de más profundo, de más seguro, de más consistente»: el amor de Dios.

A nuestro juicio, el riesgo sería quedarse en un kerygma sentimental, separado de la doctrina y de la moral. Leída así, la jerarquía de las verdades ordena la doctrina entera sin recortarla.

En palabras del propio texto, el kerygma es el «hilo de oro» que atraviesa la jerarquía de las verdades e ilumina todos los contenidos del depositum fidei (§138). La Enciclopedia Católica recuerda que el kerygma es el primer anuncio de la salvación realizada por Dios en Jesucristo, muerto y resucitado, y que invita a la fe. Es el corazón de la fe que la Iglesia ha recibido y está llamada a transmitir entera.

Adultos, liturgia y piedad popular

El Dicasterio pide expresamente «la evangelización de los adultos» y apuesta por superar una pastoral centrada «únicamente en la catequesis de los niños y adolescentes» . La razón es simple:

¿cómo pueden los adultos transmitir la fe a las nuevas generaciones si ellos mismos no la viven primero a nivel personal?» Esa pregunta apunta a los padres, pero también a los abuelos, a los catequistas y a los pastores.

Junto a esa prioridad, el texto se detiene en dos realidades: la liturgia y la piedad popular. «La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia» ( citando Evangelii gaudium 24). Llama a superar la visión de la liturgia como simple marco ritual: es una experiencia de fe, un lugar donde la comunidad se nutre de la Palabra y del Pan de vida. De ahí la importancia de una educación adecuada en el lenguaje litúrgico.

La segunda es la piedad popular. Reclama un compromiso renovado con ella y señala el atractivo que las peregrinaciones y las cofradías ejercen entre los jóvenes. Es una transmisión que pasa por gestos y símbolos, y el texto la sigue considerando hoy un medio importante para transmitir la fe.

Signos de esperanza

El Dicasterio sostiene que «una visión realista de esta situación no debe llevarnos a desesperarnos por el futuro de la Iglesia». Entre los signos de esperanza, cita el aumento de bautismos de adultos en Francia: un 28 % más en 2026 que el año anterior, y más del triple que en 2016; la gran mayoría tiene menos de 40 años .

Añade testimonios concretos: el joven belga que llegó a la fe al encontrar una oración en TikTok y el colombiano que salió de las bandas y de la droga en un centro de rehabilitación de una fundación cristiana. EWTN Noticias recogió estos relatos.

El texto advierte, con todo, que se trata de porcentajes limitados y pide prudencia ante la falta de perseverancia de los neófitos . Aun así, los considera signos concretos de esperanza y de vitalidad evangélica. La conclusión recurre al cirio pascual: en la Vigilia, la llama pasa de una vela a otra. «A nosotros, los creyentes, ya se nos ha concedido el don de encontrar la luz y de dejar que nuestra vida sea iluminada por la “luz verdadera” del mundo», dice el texto. «Ahora nos toca a nosotros transmitir ese mismo don a los hombres y mujeres de nuestro tiempo».

María, «Maestra de la transmisión de la fe» , cierra el documento. El texto recuerda que el Evangelio se transmite «a través de símbolos, experiencias, confianza y afecto», y que la fe de los sencillos no se comprende desde una actitud solo intelectual. El documento no promete una restauración automática: pide a los adultos vivir primero lo que pretenden transmitir y a las comunidades celebrar con belleza. La tarea queda encomendada a la intercesión de María.

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