¿Chico en colegio público?: 50% de no acabar la enseñanza obligatoria
Existe una presión que no cesa de los poderes públicos para presentar a la mujer en una situación de absoluta inferioridad ante el hombre, y por consiguiente para corregir estas realidades, se adoptan leyes y se aplican políticas de discriminación positiva. Hay una buena parte de verdad en todo esto, lo que sucede es que precisamente se encuentra donde menos la buscan los gobernantes.
Por ejemplo, es una discriminación la que sufren todavía muchas mujeres al quedar embarazadas, porque todavía hay empresas que ven con malos ojos esta opción natural entre sus trabajadoras. Es también una discriminación la pensión que perciben las viudas, que sufren un expolio por parte del propio Estado, dado que sus ingresos disminuyen por el hecho de ser viuda con independencia de lo que haya cotizado el marido difunto.
Pero al mismo tiempo entre los sectores mas jóvenes de nuestra sociedad se está produciendo una polarización inversa, que en ningún caso puede ser considerada positiva. Se trata del desequilibrio creciente en el nivel de estudios que presentan chicos y chicas. Si malo era el anterior en contra de la mujer, tampoco puede considerarse buena la tendencia actual.
Es bien sabido que el fracaso escolar español está situado en la cifra astronómica del 30%, el doble que la Unión Europea. Pero si se observan las tripas de estos datos, se constatará una diferencia clamorosa entre chicos y chicas. Mientras que en ellas la magnitud del fracaso se acerca a los valores medios europeos, aunque sin llegar ni mucho menos a ellos, en el caso de los muchachos el fracaso escolar supera de largo el 40%. Más de 10 puntos por encima de la pésima media española.
El porcentaje de graduados en secundaria fue en el curso 2003-2004, según el “Sistema Estatal de Indicadores de Educación 2006”, fue del 65% para los varones, y del 79% para las chicas. 14 puntos porcentuales de diferencia, un 21,5% contando sobre la base masculina. Es una diferencia excesiva. Pero todavía es mayor si observamos si nos referimos solo a los centros públicos. En este caso, los que alcanzan el graduado escolar solo son el 57%, o sea poco más de la mitad, un verdadero desastre, mientras que las mujeres se sitúan en el 74,5%, la diferencia aumenta hasta los 17 puntos porcentuales, que en términos relativos significa un ¡30% más!
En contrapartida, los centros concertados ofrecen unos resultados que pueden considerarse como mas razonables con el 79 % de graduados en los muchachos, y el 87 % en ellas, ocho puntos escasos de diferencia, un 10%.
Hay que apuntar además, que la tendencia no ha disminuido con el tiempo. Según los datos de la fuente citada mas arriba, en 1994 la diferencia chicas-chicos era de 10 puntos favorables a ellas. En el 2005 ha crecido hasta los 11,4 puntos. Es decir, no viene de ahora y no se aminora sino que mas bien tiende a crecer.
El discurso sobre la peor situación de la mujer en la sociedad no se sostiene en un indicador básico, el del capital humano, que va a condicionar no solo su nivel cultural, sino sus ingresos futuros: la titulación educativa. Esquematizando podríamos decir que ser varón y asistir a un centro público es tener el 50% de posibilidades de carecer ni tan siquiera del titulo que acredita haber terminado la enseñanza obligatoria. Lo mínimo. Es lo que se denomina abandono escolar prematuro.
Naturalmente estas cifras repercuten es las fases posteriores de la enseñanza. Si de los adolescentes y jóvenes nos trasladamos a la población que tiene entre 25 y 29 años, la que será la fuerza laboral del mañana, podemos observar como en España mientras casi el 30% de las mujeres tienen una titulación universitaria, entre los hombres este nivel cae hasta el 19%, según los datos del reciente estudio del BBVA sobre la economía de Cataluña. Aquella relación para el conjunto español todavía puede ser peor en determinadas comunidades autónomas.
Y a la inversa: si observamos solo la educación obligatoria, los varones se sitúan en el 51% mientras que las mujeres están 11 puntos por debajo, porque ellas se sitúan mayoritariamente en los niveles superiores. Los niveles intermedios de secundaria post obligatoria y formación profesional, aportan en contrapartida cifras prácticamente equivalentes entre hombres y mujeres.
¿Qué significa todo esto? Que en España se está produciendo una clara división en la formación del capital humano en el sentido de que esta siendo mucho más alto en las mujeres que en los hombres. Esta es una realidad que también debería preocuparnos, porque se encuentra fuera del marco del discurso de lo políticamente correcto, y por consiguiente está oculta de los focos de atención, y sobre todo porque nos enseña que el sistema educativo no está bien adaptado a las necesidades de nuestros adolescentes y jóvenes, en especial, la enseñanza pública.
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