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Las 10 consecuencias de la quiebra de la sociedad desvinculada en Afganistán (2)

Las guerras, si eres el más poderoso las ganas siempre si mantienes una estrategia coherente. Estas son las principales causas de que no haya sucedido así en Afganistán:

  1. Evidente: la yihad ha ganado y el Occidente de la desvinculación ha sido escandalosamente derrotado, porque no se ha retirado, ha huido. La insurgencia ha utilizado con éxito un principio estratégico que ya explicaba Sun Tzu, sobre “el arte de utilizar el tiempo y el espacio”: emplear el tiempo para incrementar la fuerza cuando se está en posición de debilidad, y compensar la inferioridad física con una mayor resolución, coraje y perseverancia. Han aplicado con acierto lo que el historiador militar Hans Delbrük llamó ermattungsstrategie, la “estrategia de agotamiento”, del desgaste. Estados Unidos también ha olvidado un principio básico de Clausewitz: “las consideraciones políticas pueden tenerse en cuenta solo en tanto en cuanto no exijan cosas que militarmente son descabelladas o imposibles” y también, y esto es de Von Moltke, discípulo aventajado de Clausewitz: el primer objetivo de las operaciones militares es la destrucción de la fuerza de combate enemiga. La idea de Biden de retirar primero al ejercito y luego a los civiles, forma parte de los planteamientos políticos descabellados. El cambio de estrategia de Obama significó que el ejercito de EUA ya no luchaba para destruir al enemigo, sino que se guarecía para evitar muertos. En realidad, tanto la Secretaría de Estado como el Pentágono van sobrados de conocimientos estratégicos, de manera que el país, que es el padre de la aplicación de la teoría de juegos en este ámbito, sabía sobradamente que un buen resultado significaba aceptar el mejor de los peores resultados posibles. Pero nunca han funcionado bajo este criterio por razones políticas, y tampoco han explotado otro criterio básico, el de sacar el mayor provecho del aprendizaje sobre el otro, cosa que sí han hecho los talibanes con la ayuda del ISI paquistaní.
  2. Para la política exterior de Estados Unidos, la lectura de “El Americano Feo” debería ser obligatoria, porque la obra de ficción de Eugene Burdick y William Lederer es el mejor manual sobre los errores cometidos por los americanos al enfrentarse al comunismo en el sureste asiático. La enseñanza es obvia: si quieres influir en una sociedad que no es la tuya, debes vivir con aquel pueblo y conocer su lengua y cultura. Todo lo contrario de la cultura del reducto. Esto y la firme y visible determinación de ganar, de manera que el pueblo se sintiera protegido y sin miedo a las represalias futuras del enemigo, ya que solo se así se conseguía que las fuerzas armadas autóctonas resultaran eficaces y combativas.
  3. Es un argumento de extraordinario poder de convicción para la yihad que una milicia no especialmente bien armada, entre 70 y 100 mil hombres, sin medios aéreos ni artillería pesada, pero dotada de una fuerte convicción de combate y victoria, hayan vencido a una coalición formada por el primer ejército del mundo junto con el resto de la OTAN, la mayor alianza militar del mundo, además de un ejército afgano de 300 mil hombres dotado de aviación. Vietnam ya mostró algo parecido, pero ahora ha sido mucho más apabullante, porque al final el general Nord vietnamita Giap y su tropas componían grande unidades regulares que fueron las responsables de la ofensiva final y su triunfo, además de la fuerzas guerrilleras. Pero solo con estas, como casi siempre sucede, si los progubernamentales no se hunden, no se gana una guerra. Se resiste y desgasta, pero nada más. Pero los talibanes, como antes Castro con el ejército de Batista, ha sido la excepción a la norma. Les ha bastado para una victoria rápida. Mucha tela que cortar en este suceso histórico que cambiará el mundo.
  4. Ha triunfado la antítesis radical de la sociedad desvinculada. Tradicionalista hasta la transmisión de lo malo, comunitarista hasta el exceso tribal, verdaderamente patriarcal y machista en lugar de los molinos de viento que combaten con presupuestos públicos las feministas de género en Europa y Estados Unidos. Homófobos y transfóbicos a muerte, enemigos de toda ideología liberal y de la democracia representativa, contrarios a los derechos humanos, teocráticos ante los estados occidentales que oscilan entre el laicismo y el ateísmo práctico.
  5. La exhibición de la debilidad Occidental. Huir y luego apresurarse a pactar sin solución de continuidad con los enemigos, dice poco de fortaleza Occidental. La capacidad para regular los tiempos lo es casi todo en la política y en la guerra, y Borrell en nombre de la UE, y el propio Biden demuestran que no es lo suyo en ambos casos.  Por si fuera poco, la   presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, ofrece abundante dinero a los talibanes si se portan bien. Mas o menos lo que hacia Roma al final de su larga decadencia. Pagar a los “bárbaros”
  6. El giro internacional es histórico. ¿Con qué auctoritas EUA impresionará a China para evitar que un día de estos se anexione Taiwán? ¿Alguien se imagina a Biden yendo a la guerra por este motivo después de Kabul? Ucrania y los Países Bálticos supongo que ya deben haber tomado nota. Israel se tienta la ropa pensado en su capacidad de disuasión atómica como último recurso ante la flojera estadounidense, anticipada ya por Obama en Siria. Todo un cierto orden, que si bien maltrecho aun permanecía en pie, ha saltado por los aires. Para Europa, la visión mimética del fin del Imperio Romano, tanto en su versión romana como bizantina, se hace evidente. Con una diferencia fundamental, la de que, como advierte Alasdair MacIntyre en Tras la Virtud, los Bárbaros no están en las puertas, sino que hace años que gobiernan.
  7. Un desastre humanitario de grandes proporciones que prepara fuertes oleadas inmigratorias sobre Europa, que como el Imperio Romano en decadencia, intentará frenar, pagando a terceros países para que los detengan en sus fronteras. Estados Unidos ya lo está haciendo, enviando a parte de sus colaboradores afganos a Kosovo y Albania, países de mayoría musulmana.  Ya ahora se calcula en unas 400.000 las personas desplazadas. El impacto sobre Europa, unido a las reticencias por el creciente peso de la población islámica, puede alterar muchas cosas. En Alemania por ejemplo, se registra un asesinato por honor islámico cada semana, 53 en el 2020, una cifra que sectores sindicales de la policía consideran baja. Se producen sobre todo entre la población llegada de Afganistán  en la anterior oleada del 2015,
  8. El tráfico de opio y heroína queda ya totalmente en manos de los talibanes, y esto significa, no solo mucho dinero, sino que también es un arma política contra Occidente y su sociedad desvinculada, paraíso de todo tipo de adicciones, porque sus gobiernos, en nombre de la libertad, eso sí, decidieron que era más fácil gobernar así. En el 2020 los talibanes, fuera del poder, ya ingresaban 1600 millones de dólares por este comercio. Esto explica también su capacidad para financiar la guerra sin ayudas -y dependencia- de otros países.
  9. El fracaso de trasplantar el modelo político liberal en sociedades muy distintas. La incapacidad de los Estados Unidos para entender y participar de otras tradiciones no es una parte menor del fracaso.
  10. La debilidad militar de la sociedad desvinculada, que se manifiesta con fuerza en la Guerra del Vietnam, o segunda Guerra Indochina 1965-75, que fracturó la propia sociedad norteamericana y a su presencia en el mundo. Fue la emergencia en aquel país de la cultura de la desvinculación, que también se manifiesta en el “Mayo 68”, que eclosionó en Europa, y que es causa del malestar y la decadencia de Occidente a pesar de sus avances materiales. La presidencia del demócrata Carter, dejando caer al Sha Reza Palevi en 1979, pero no para propiciar una democracia, sino dejando rienda suelta al teocracia chiita más radical, fue una de sus consecuencias, a la que todavía hoy Estados Unidos rinden tributo en Oriente Medio. Obama, el presidente que en mayor medida expresa la cultura desvinculada, ha profundizado esta debilidad, primero en Siria y después en Afganistán. Ahora Biden, un prototipo demócrata de la política profesional de Washington, ha culminado la caída. Si los costes de Carter todavía se pagan, imagine la acumulación de estos otros, y siempre con un ganador el Islam en su expresión más radical, sea chiita o sunita. En esta ocasión, los ganadores además de la teocracia islámica y el Pakistán, son la China y Rusia, en la medida que Estados Unidos ha vuelto a mostrar su debilidad. Pero, sobre todo, el gran éxito es para el Islam de la Yihad. A fin de cuentas, el éxito del comunismo vietnamita, que tantos intentaron imitar sin éxito, empezando por Che Guevara, tiene en el islamismo que combate a Occidente una implantación mucho más fuerte y extendida. Desde el Sahel a Libia, Nigeria, Oriente Medio, hasta Filipinas, además de todas las corrientes combatientes, aunque minoritarias en la mayoría de los estados islámicos. Ahora ya saben que la lucha sin tregua y la determinación contra Occidente termina con premio. También es una llamada al terrorismo en Europa, y un estímulo para el desarrollo de los estados policíacos rosa, que nos refiere Ross Douthat, en La Sociedad Decadente.
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