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El XIV Congreso de Familias y Docentes Católicos desborda expectativas

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La Fundación Educatio Servanda ha celebrado con gran éxito el XIV Congreso de Familias y Docentes Católicos, que este 21 de marzo ha reunido en el Colegio Juan Pablo II de Alcorcón a más de 650 inscritos, colgando el cartel de completo en una edición centrada en una de las grandes urgencias de nuestro tiempo: cómo educar en tiempos difíciles.

El éxito de asistencia ha desbordado previsiones y ha puesto de manifiesto una realidad esperanzadora: familias, docentes e interesados siguen buscando criterios firmes para educar en medio de una cultura marcada por la confusión antropológica, la fragilidad emocional, la presión ideológica y los desafíos tecnológicos.

La gran acogida del encuentro demuestra que existe una necesidad real de volver a pensar la educación desde la verdad, el bien y la belleza.

Con un cartel de ponentes de gran nivel, esta XIV edición ha ofrecido una reflexión de fondo sobre la misión educativa.

Una idea ha atravesado toda la jornada: educar es custodiar lo valioso.

Custodiar en los hijos y alumnos aquello que merece ser salvado, fortalecido y transmitido: el amor a la verdad, la formación de la conciencia, la fortaleza interior, el sentido del bien y la apertura a la belleza.

El Congreso se inauguró con Vicente Bellver, presidente del Congreso, Juan Carlos Corvera, fundador de Educatio Servanda y Mons. José María Avendaño Perea, obispo auxiliar de la diócesis de Getafe, el cual subrayó en la apertura que educar es hoy un acto de esperanza y recordó que el futuro del mundo pasa por la familia. Defendió la alianza entre hogar y escuela, agradeció la labor de Educatio Servanda y animó a formar personas libres, responsables y abiertas a Dios.

Educar no es evitar el dolor, sino enseñar a alcanzar bienes mayores

A lo largo del Congreso se ha insistido en que educar no puede consistir en despejar todos los obstáculos del camino ni en evitar sistemáticamente la frustración. Educar no es preparar a los hijos para vivir sin dolor, sino para alcanzar el bien. Y eso exige esfuerzo, paciencia, sacrificio y una orientación interior clara.

El Congreso ha reivindicado que lo verdadero cuesta. Cuesta aceptarlo, vivirlo y transmitirlo. Pero precisamente por eso la educación necesita valentía: porque no se trata de facilitar siempre lo cómodo, sino de enseñar a desear bienes mayores, aquellos que hacen crecer a la persona y la orientan hacia una vida plena.

Las intervenciones de Francisco Javier Rubio Hípola y Teresa Pueyo Toquero incidieron, precisamente, en la necesidad de formar hijos fuertes en una sociedad débil y de afrontar una cultura en la que lo emocional corre el riesgo de sustituir a la verdad. En ese marco, se subrayó que el problema de la autoestima es, en el fondo, un problema de identidad, y que la realidad no depende de los deseos, sino que existe más allá de ellos, por lo que resulta imprescindible educar en el discernimiento.

No confundir emoción con verdad

Uno de los ejes principales del encuentro ha sido la crítica a una época de emotivismo exacerbado, en la que a menudo se absolutiza la vivencia subjetiva hasta convertirla en criterio último.

Frente a ello, se ha recordado con claridad que no se puede confundir emoción con verdad.

Las emociones son parte de la vida humana y poseen un enorme valor, pero no bastan por sí solas para orientar la existencia. Cuando la emoción ocupa el lugar de la verdad, la identidad se vuelve frágil, la voluntad se debilita y la educación pierde su norte.

El problema de la autoestima y desánimo en los adolescentes y jóvenes no se resuelve inflando la percepción de uno mismo, sino ayudando a cada persona a descubrir quién es de verdad, cuál es su dignidad y para qué está llamada.

En esa tarea resulta imprescindible recordar, como señaló Teresa Pueyo, que la realidad existe más allá del deseo. Educar no consiste en adaptar el mundo a los impulsos cambiantes del momento, sino en ayudar a reconocer la realidad, a amarla y a responder a ella con libertad.

De ahí la importancia, repetida a lo largo de la jornada, de formar a niños y jóvenes en el discernimiento, para que sepan distinguir entre lo aparente y lo verdadero, entre lo que halaga y lo que construye, entre lo inmediato y lo que verdaderamente merece la pena.

Educar la conciencia para la nobleza de espíritu

Por su parte, Enrique García-Máiquez puso el foco en la urgencia de educar la conciencia para la nobleza de espíritu, recordando que la misión educativa no puede reducirse a la mera adquisición de habilidades o competencias, sino que debe ayudar a reconocer el bien, amarlo y elegirlo libremente. La educación de la conciencia aparece así vinculada a vivir con hondura, rectitud y grandeza.

Hablar de nobleza de espíritu es hablar de una educación que ensancha el alma, que eleva el horizonte y que invita a vivir no a ras de suelo, sino orientados hacia lo mejor.

Es enseñar a los niños y jóvenes que la vida humana no se agota en el bienestar, la utilidad o la satisfacción inmediata, sino que está llamada a la verdad, al bien, al servicio y a la trascendencia.

La familia, primera escuela de amor y verdad

El Congreso ha situado a la familia en el centro de la misión educativa. Es en el hogar donde el niño aprende las primeras lecciones decisivas de la vida: saberse acogido, aprender el sentido del límite, ejercitar la responsabilidad y descubrir que no está solo en el mundo.

Se ha subrayado varias veces, especialmente la importancia de que cada niño pueda saberse amado y querido. Esa certeza funda la seguridad interior necesaria para crecer con equilibrio y fortalece la identidad personal desde la raíz. En este mismo sentido, se ha recordado que la vida es un don, y que educar en esa conciencia despierta gratitud, responsabilidad y apertura a algo más grande que uno mismo.

También se ha reivindicado la importancia de comer en familia por parte de varios ponentes, no como un mero hábito social, sino como un espacio concreto de presencia, conversación y transmisión. La mesa compartida sigue siendo uno de los lugares privilegiados donde se aprende a escuchar, a esperar, a agradecer y a convivir.

Reencantar el mundo desde la belleza y los cuentos

Entre las intuiciones más sugerentes y coincidentes del Congreso ha destacado la invitación a reencantar el mundo a través de los cuentos e historias. Se ha defendido el valor de los relatos que ayudan a los niños a comprender la realidad en profundidad, a reconocer el bien y el mal, el sacrificio, la esperanza y la posibilidad de una vida con sentido.

Ese reencantamiento pasa también por exponer a los niños a la belleza. La belleza no es un lujo añadido a la educación, sino una vía privilegiada para despertar el alma, abrir la inteligencia y educar el deseo. Un niño expuesto a la belleza aprende a admirar, a contemplar y a salir de sí mismo; aprende que no todo se reduce a utilidad, consumo o estímulo inmediato.

La batalla del hombre en tiempos de IA

En la misma línea, Diego Blanco abordó la batalla del hombre en tiempos de IA, una cuestión decisiva en un momento de aceleración tecnológica que obliga a repensar qué significa formar a una persona y qué rasgos específicamente humanos deben ser protegidos y cultivados.

Lejos de adoptar una postura meramente técnica o utilitarista, las reflexiones del encuentro han puesto el foco en la defensa de lo humano: la interioridad, la libertad, la responsabilidad moral, la capacidad de contemplación, el vínculo con la realidad y el sentido último de la existencia.

En este contexto, la cuestión educativa no puede limitarse a enseñar a usar herramientas, sino que debe ayudar a los jóvenes a comprender quiénes son y qué les hace irreductiblemente humanos.

La batalla del hombre en tiempos de IA no es solo una discusión sobre máquinas, sino una pregunta radical sobre el destino de la persona. Por eso educar hoy exige más que nunca fortalecer el juicio, formar el carácter y custodiar aquello que ninguna tecnología puede reemplazar: la conciencia, el amor, la verdad, la belleza y la apertura a la trascendencia.

También hubo espacio patrocinado por Forum Libertas para el testimonio y la cercanía con los jóvenes a través de la mesa redonda protagonizada por René ZZ, Carla Restoy y Pietro Ditano, que aportaron su experiencia personal y su modo de comunicar la fe en el entorno digital. Su participación contribuyó a reforzar una idea central del encuentro: que los jóvenes no están llamados simplemente a sobrevivir en una cultura confusa, sino a descubrir que su vida tiene sentido, que son amados y queridos, y que han nacido para algo más.

El lleno absoluto del XIV Congreso de Familias y Docentes Católicos no es solo una noticia de éxito. Es también el síntoma de una necesidad profunda.

El Congreso se clausuró con la presencia de Vicente Bellver, presidente del Congreso, Juan Carlos Corvera, fundador de Educatio Servanda y D. Ginés García Beltrán dejando todos ellos una convicción clara: en tiempos difíciles, lejos de replegarse, la educación está llamada a ser una de las formas más altas de esperanza.

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