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Cerca de nueve millones de personas padecen exclusión social en España, casi la mitad de ellos son pobres

Familia

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En los últimos cuatro años, la recuperación económica en España ha sido cuestionada por diferentes expertos. Entre otras razones, la creación de empleo lleva aparejada una contratación temporal y precaria que no resuelve la situación de muchas familias españolas que difícilmente llegan a final de mes.

Al respecto, las previsiones de Funcas anuncian que, “para el conjunto de 2018, se prevé un crecimiento del PIB del 2,6%, dos décimas menos que en la anterior previsión”, mientras para 2019 “la economía crecería un 2,2%”, también por debajo de lo previsto.

La economía seguirá desacelerándose durante los próximos trimestres. Esta tendencia, que ya se anticipaba en las anteriores previsiones, será algo más acusada de lo previsto”, destaca este think tank dedicado a la investigación económica y social.

Con este escenario, ¿se podrá seguir hablando de recuperación económica? Probablemente sí, pero tímida y con un reparto desigual que no alcanza a todos.

En los últimos diez años ha aumentado la pobreza: afecta ya a más de cuatro millones de personas
En los últimos diez años ha aumentado la pobreza: afecta ya a más de cuatro millones de personas

Demasiada exclusión social y pobreza

De hecho, cerca de nueve millones de personas padecen exclusión social en España y casi la mitad de ellos son pobres, según los datos del informe ‘Exclusión Estructural e Integración Social, Análisis y Perspectivas 2018’, publicado por la Fundación FOESSA y que se presentará próximamente.

Un avance de ese estudio, del que se ha hecho eco Raúl Flores, coordinador de estudios de Cáritas España, advierte de que actualmente “hay 8,6 millones de personas que se encuentran en el espacio de exclusión social, 1,2 millones más que en 2007”.

De este total, 4,1 millones están en situación de exclusión grave, es decir lo que el informe califica de “pobreza”, lo que supone un 40% más que hace 10 años, cuando empezó la crisis.

Al mismo tiempo, “se detecta una tendencia a que las personas en situación de integración precaria tienden a concentrarse en la frontera con la exclusión moderada. El 13% de la población (6 millones de personas) que se encuentra dentro del tramo de integración social se encontraría, sin embargo, en una posición de gran debilidad”, o sea que si empeorara su situación sus posibilidades de caer en la exclusión serían elevadas, añade el informe.

Por todo ello, “podría hablarse de una recuperación a dos velocidades, que provoca un mayor distanciamiento entre los que viven una participación social integrada y quienes transitan por los espacios más alejados de la exclusión”, advierte Flores.

Así, “el balance general de esta década es que nuestra sociedad muestra un espacio de integración con bases más débiles y con una exclusión severa que se enquista en la estructura social”, concluye el informe en este apartado.

“El empleo no augura la integración social”

Por otra parte, el informe destaca que “una de cada cinco personas en exclusión está afectada simultáneamente por la exclusión del empleo, la vivienda y la salud, una de cada tres si hablamos de personas en situación de exclusión severa”.

Al respecto, hay que reconocer la evidencia de que ha habido una mejora en cuanto a la tasa de desempleo. Mientras en el primer trimestre de 2013 se registraba un máximo histórico (27,2%) en el periodo entre 2007 y 2018, en la actualidad ese porcentaje es del 15,3%, como se puede observar en el siguiente gráfico, reproducido a partir del estudio.

Sin embargo, ese porcentaje “sigue constituyendo una grave preocupación social”, debido entre otras cuestiones a la precariedad de los contratos laborales.

La precariedad del empleo nos está conduciendo a un escenario en que tener trabajo ya no es sinónimo de integración”, afirma Flores.

También se ha reducido el número de hogares con todos sus miembros en paro, como se ve en el gráfico: “el porcentaje de hogares con todos los activos en paro, un indicador todavía más relevante socialmente, que alcanzó su máximo a comienzos de 2013 (11%) apenas llega hoy al 6% del total”.

Pero, “esta mejora media no parece haberse traducido, sin embargo, en una reducción equivalente de algunas de las manifestaciones más claras de la vulnerabilidad de los hogares españoles”, añade el estudio.

En ese sentido, “el empleo no asegura la integración social”, afirma el informe. La precariedad del mismo, en términos sobre todo de temporalidad y bajos salarios, nos está conduciendo a un escenario en el que disponer de un empleo ya no es sinónimo de integración”.

De hecho, la mitad de las familias en las que hay un empleo no disfrutan de una situación de integración plena, es decir que la calidad del empleo no garantiza cubrir las necesidades de esos hogares.

“La incidencia en personas en situación de exclusión que, aun contando con empleo, atraviesa por dificultades en otras dimensiones es muy superior a la de la población global, llegando al 54% en el caso de la vivienda, al 50% en el de la salud, y al 24% en la dimensión del consumo. Uno de los fenómenos sociales que más explica esta situación, es la vivencia de los ‘trabajadores pobres’”, detalla el informe.

Familias monoparentales y numerosas, los grupos más expuestos a la exclusión social
Familias monoparentales y numerosas, los grupos más expuestos a la exclusión social

Familias numerosas y monoparentales abandonadas a su suerte

Otra cuestión preocupante de la que se encarga el informe de FOESSA es la situación de las familias numerosas y las monoparentales. “Las familias numerosas, desde el punto de vista del tamaño del hogar, son el grupo con mayores niveles de exclusión social con un 33,3% en esta situación”, advierte el informe.

Como se puede ver en este otro gráfico, “el 19,4% de las familias numerosas se encontrarían en una situación de exclusión severa, lo que significa multiplicar por 2,3 el valor de la media de la población global. El 90% de estos hogares serían parejas con hijos y el 10% serían hogares monoparentales”, añade.

Al mismo tiempo, “los hogares monoparentales, en su mayoría con mujeres como sustentadoras principales (81,1%), siguen siendo uno de los grupos más expuestos a situaciones de exclusión con un 28,6% de afectación”.

De ellos, el 14,4% viven una situación de exclusión severa, mientras al 14,2% se les puede considerar de exclusión moderada.

Por otra parte, “en el otro extremo encontramos a los hogares compuestos por parejas sin hijos, donde el 62,8% han conseguido una integración plena”, mientras solo el 12,2% padece algún tipo de exclusión, destaca el estudio.

En cuanto a las parejas con hijos, el 16,6% está expuesto a la exclusión, sea severa o moderada; y el 50,6% goza de integración plena.

En los hogares unipersonales la exclusión afecta a un 20% y la integración plena a un 39,4%.

Los responsables del informe consideran que “estos datos corroboran, por un lado, la falta de políticas de apoyo suficiente a la familia, específicamente a las numerosas y monoparentales, y por otro la dificultad que a día de hoy sigue implicando la crianza”.

“Se estén debilitando los vínculos de nuestro modelo social", advierte FOESSA
“Se estén debilitando los vínculos de nuestro modelo social», advierte FOESSA

Una sociedad desvinculada

Una última cuestión que aborda el estudio es “el importante papel que están desempeñando familias y redes de apoyo en el sustento que están brindando a los que viven situaciones más críticas” en una sociedad cada vez más desvinculada.

Tanto es así que Flores advierte del riesgo de que “se estén debilitando los vínculos de nuestro modelo social, ya que las diferencias que existen en las condiciones de vida entre diferentes capas y colectivos sociales están tensando los ligamentos que nos mantienen unidos como sociedad”.

“En la evolución de nuestro marco social estamos construyendo una sociedad desligada, que destruye con cada vez mayor intensidad los vínculos o ligamentos por los que nos sentimos miembros, con derechos y deberes, de nuestra sociedad”, señala.

Los retos para un futuro inmediato

Al finalizar su informe, la Fundación FOESSA hace mención a los retos a abordar en el corto y medio plazo. Resumimos algunos de ellos:

  1. La igualdad entre hombres y mujeres. La brecha de sexo repunta en el espacio de la exclusión, […] una brecha del 25% que duplica la brecha que existía en 2013.
  2. La integración social y económica de los más jóvenes. Los hogares con menores y jóvenes sufren mayores niveles de exclusión social.
  3. La inserción laboral de los adultos mayores. Los adultos mayores que se desconectan de la recuperación también son protagonistas negativos.
  4. La protección de las familias más débiles. Las familias numerosas y monoparentales reflejan una vulnerabilidad especial.
  5. La convivencia e integración para todas las personas. La situación de desventaja de la población extranjera se hace crónica.
  6. La respuesta de las políticas sociales. Asistimos a una protección social insuficiente, pero ahora en época de bonanza económica.

Por tanto, “la coyuntura de bonanza económica constituye una oportunidad para generar los apoyos necesarios a quiénes a día de hoy se encuentran peor, como son, con toda claridad, los grupos descritos, que deberían tener prioridad desde las políticas sociales del momento”, concluye el informe.

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