Chavismo y Trumpismo: carceleros de la soberanía venezolana (y III)

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En el acontecer histórico más reciente, la entrada de tropas estadounidenses a Venezuela, para la más que merecida captura y enjuiciamiento de Nicolás Maduro, también ha traído efectos secundarios muy indeseados para nuestra soberanía nacional. El presidente norteamericano, Donald Trump, en uno de sus arrebatados cambios de postura, ha pasado de perseguir al chavismo como lo que es: un régimen forajido y con múltiples tentáculos en el crimen internacional; para ahora declarar que sus líderes son sus “nuevos grandes amigos”.

El inefable Trump, al tiempo que soslaya los alaridos de la realidad venezolana, manifestando con total desparpajo que nuestro pueblo “está feliz y bailando en las calles”, ha aprovechado la intervención en Venezuela para gestionar y controlar directamente importantísimos aspectos de nuestra industria petrolera y las finanzas públicas de ella derivadas. Todo esto con la anuencia de la usurpadora presidente interina Delcy Rodríguez.

Esta novísima, ignominiosa y contranatural alianza entre el chavismo y el gobierno de Donald Trump, es decir, el presidente del “Imperio” contra el que pretendía luchar Hugo Chávez en sus máximos episodios de megalomanía, deja claro que el trumpismo –al menos en el caso venezolano– no es que solamente responda a los intereses privativos de su nación (egoísmo), sino que, aún más en el fondo, obra inspirado por un capitalismo auténticamente salvaje (materialismo) –del tipo denunciado por el Magisterio social de la Iglesia católica–.

De modo que en la actuación del trumpismo quedan en grosera evidencia las grandes tentaciones y debilidades morales del capitalismo: por un lado, el egoísmo (“America first”) y por el otro la primacía del ‘tener’ (‘Petroleum first’).

Por su parte, el chavismo no se queda atrás, exhibiendo muy nítidamente sus respectivas tentaciones y debilidades morales. El ADN del socialismo tiene una carga genética que lleva a sus líderes a sacrificar cualquier cosa por mantenerse en el poder. Así como la tentación del capitalismo es el ‘tener’, la del socialismo es el ‘poder’ (someter, controlar). Por ello, hoy podemos ver en Venezuela esta inmoral alianza en contra de nuestra soberanía nacional: el trumpismo tiene petróleo y el chavismo se mantiene en el poder. Cada uno revolcándose en la capitalidad de su pecado esencial; cada uno disfrutando de lo que mueve su vida, sin importar el sufrimiento que ello comporta para el pueblo venezolano.

Los legítimos derechos e intereses de Venezuela no cuentan para el actual inquilino de la Casa Blanca. Trump, que antes -en modo Dr. Jekyll- denunciaba la criminalidad del régimen chavista, ahora -en modo Mr. Hyde– trabaja juntamente con ellos en esta inmoral negociación ‘ganar/ganar’, por la que cada uno se está llevando la parte que le importa (poder y petróleo), sin importar que el pueblo venezolano lo pierda todo (soberanía, bienestar, dignidad nacional).

Reconocemos que, dentro del escenario político norteamericano, valoramos —y seguimos valorando— como preferente la opción electoral de Donald Trump ante Kamala Harris. Por coherencia con nuestros principios y valores culturales, basados en el judeocristianismo, valoramos ciertas ideas y postulados que, aunque de manera limitada e imperfecta, fueron defendidos por Trump en relación con la concepción del hombre y la sociedad (no al abortismo, no a la ideología de género, etc.). Quienes creemos en la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural entendemos que la vida y la naturaleza tienen un orden que debe ser respetado. Quienes sabemos y valoramos la bondad y utilidad de estos principios y valores para el orden social en todas sus dimensiones (familia, comunidad, nación, relaciones internacionales) entendemos la necesidad de opciones electorales que cooperen o, al menos, no obstaculicen la defensa de los mismos. Y por ello —con sus respectivos matices y claras imperfecciones— en estos aspectos nos hemos sentido en alguna medida representados en candidaturas como las de Trump en EEUU, Meloni en Italia, Abascal en España y Machado en Venezuela.

Pero no se trata de un cheque en blanco. Si queremos seguir la senda del bien, la verdad y la justicia, debemos mantener siempre encendida la lámpara de la sindéresis. La moral judeocristiana que, junto al Derecho romano y la filosofía griega, ha configurado nuestra cultura occidental, nos insta a discernir (ver, juzgar y actuar) ante cada situación injusta que afecte las realidades temporales (sociedad, política, economía, etc.). Por ello, debemos hoy denunciar ante el mundo que, tras su puntual acción para la loable captura de Maduro, Trump está violando la soberanía venezolana.

El fin no justifica los medios. La estabilización de Venezuela no justifica que Trump se haga cómplice de la violación de la Constitución venezolana, la cual establece un plazo muy claro -y ya expirado- para el fin del interinato de Delcy Rodríguez; así como tampoco justifica que personeros políticos y militares de EEUU se sienten a gestionar ‘de tú a tú’ -cual camaradas- con personeros del régimen que tienen orden de captura y hasta recompensa por ello. Tampoco podemos aceptar que, por mucho que le agradezcamos la captura de Maduro, e incluso si lo estuviera haciendo de muy buena fe, el presidente de una potencia extranjera usurpe la autoridad venezolana; en lo cual, a todas luces, está incurriendo Donald Trump al incidir en la gestión y control de la industria petrolera venezolana y los fondos que ella genera.

Ya no caben palabras edulcorantes por parte del secretario de Estado, Marco Rubio. Este prostibulario contubernium que mantiene el chavismo con Trump no es más que un capítulo en su larguísima novela de traición a la patria venezolana. Pero para los EEUU también es un hecho vergonzoso. La historia contará cómo la justa captura de Maduro fue usada como moneda de cambio para luego negociar beneficios bilaterales con los restantes cabecillas del chavismo.

Venezuela debe resistir. No somos ni queremos ni merecemos ser una colonia norteamericana. No aceptamos una situación de protectorado, ni mucho menos las peregrinas ideas de algunos necios que empiezan a soñar con convertirnos en el ‘Estado 51’ de la Unión Americana. Somos una nación soberana y debemos exigir absoluto respeto por ello.

A manos del chavismo y el trumpismo, Venezuela se encuentra hoy en estado de capitis diminutio, encarcelada en esta especie de mazmorra con dos carceleros, cada uno con un ámbito y nivel de responsabilidad; cada uno con una llave que le convierte en co-secuestrador de nuestra soberanía nacional.

“Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron: ‘No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca’. Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica”. (Jn. 19: 23 y 24).

Chavismo y Trumpismo: carceleros de la soberanía venezolana (II)

Hoy podemos ver en Venezuela esta inmoral alianza en contra de nuestra soberanía nacional: el trumpismo tiene petróleo y el chavismo se mantiene en el poder. #Venezuela Compartir en X

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