Consejos de un opositor para sobrevivir al confinamiento (II)

En el artículo anterior, mencionamos una serie de invitaciones y consejos para aprovechar mejor este tiempo. Continuamos con la segunda de las tres entregas, con ánimo de no abrumar al lector y contribuir a su mejor aprovechamiento:

  1. Tener una rutina: Estos días se habla mucho de que vivíamos a un ritmo frenético y que con el confinamiento parece que todo se ralentiza. Que nuestras rutinas se disipan y que se reordenan nuestras prioridades. Es un momento de cambio y de adaptación, y como tal es necesario reorganizarse. Para ello es clave fijarse una rutina, acorde con nuestras tareas, pero adecuada a la situación en la que estamos. La vida del opositor se caracteriza por su simetría, su orden y su rutina. Todo es a, b, c. Ello es así para ayudar a conseguir el objetivo final, para ahorrar esfuerzos en pensar cómo organizarse cada día y para ser autodisciplinados. Siempre me ha llamado la atención como personajes como Steve Jobs o Mark Zuckerberg, mentes con una creatividad enorme, se visten cada día con la misma ropa. Es llevarlo al extremo quizás, pero es el resultado de un proceso de minimización de esfuerzos prescindibles. Con esto no quiero decir que no haya que ser aseado o ser un descuidado. Sino poner de manifiesto la importancia de una buena rutina en nuestras vidas. A la hora de fijar una rutina me dieron un consejo que nunca se me olvidará: procura ser lo suficientemente rígido, pero a la vez flexible para cumplirla en la situación en la que estés. Una rutina no tiene que ser una repetición constante de actos, sino más bien una adecuación a lo que se va aprendiendo gracias a un orden en nuestra vida. Como dice Federer, cuando llegas a número 1 de la ATP no te queda otra que seguir mejorando, porque de lo contrario, estancarse o mantenerse es retroceder, porque los de abajo buscan ese número 1. Vivir bien el día a día del confinamiento exige una rutina que nos permita tener la mente activa, interesada en vivir. Cuando uno está encerrado mucho tiempo es cierto que cuesta establecer una rutina agradable (“apete” que podría decirse). La limitación espacial es inevitable. Sin embargo, una de las maneras que más me ha aprovechado para vivir bien mi rutina durante la oposición es el cambiar de actividad. Dedicar un tiempo a cumplir nuestras obligaciones y otro dedicarlo a algo que nada tenga que ver con ello. Y tener la tranquilidad de que no se pierde el tiempo con ello, sino que se gana. Un defecto del opositor, por muy contradictorio que parezca, es estudiar de más. Suele ocurrir que los días malos queremos echar más horas porque, por lo que sea, no estamos centrados. El error es romper la rutina, no parar cuando deberíamos hacerlo. Levantarse, cerrar los libros, ver una película, llamar a un amigo, tocar un instrumento… puede parecer que no nos aprovecha a sabernos mejor los temas, pero en realidad es gasolina para nuestra mente. Se activan nuevas zonas del cerebro que teníamos bloqueadas y contribuimos a un mayor dinamismo de nuestro pensamiento. Por eso el cambio, aunque no sea muy grande, nos ayuda en nuestra rutina. Por lo tanto, en estas semanas, buscar una rutina que nos ayude y que sea agradable es algo que nos reconfortará.

 

  1. Vida sana: El encierro provoca un cambio inevitable en nuestro organismo. Las calorías que habitualmente consumíamos y a las que nos habíamos acostumbrado ahora parecen demasiadas. Estamos abocados a una vida sedentaria, a ver como se deteriora nuestra salud. Sin embargo, ello no tiene porqué ser así. La actividad física es importante pero más aún lo es la alimentación. No solo aporto en este caso mi experiencia sino la realidad de los deportistas en general. Un buen estado de salud se alcanza con una alimentación adecuada. Quizás no sea el momento más oportuno para convertir nuestro cuerpo en un monumento, o sí, pero al menos podemos conservarlo en buen estado. Al respecto a mí me han ayudado dos cosas. Primero, diferenciar el hambre de la ansiedad. Muchas veces comemos de forma compulsiva, porque estamos nerviosos, aburridos o porque aprovecho que paso por aquí y echo un vistazo a la nevera. Segundo, tener siempre a mano una pieza de fruta apetecible. Puede que no seamos capaces de resistir a ese impulso de comer, pero ya que sucumbimos por lo menos que nos aproveche. Y la fruta siempre es buena compañera. Normalmente no la tomamos por la pereza que nos puede dar el tener que pelarla o porque está en el último rincón de la nevera. Personalmente, me ha sido de gran ayuda tener a mano una pieza de fruta como una manzana o un plátano o fresas que son frutas que puedes comer sin necesidad de usar un cubierto, con solo lavarlas ya las tienes disponibles. Por otro lado, un aspecto importante también para conservarnos sanos es la actividad física. Es cierto que en estos días es inevitable reducir esa actividad, pero es necesario tomarse en serio que el cuerpo necesita activarse y la sangre debe fluir por nuestros órganos, y el pasarse el día sentado no nos ayuda. Cada uno dentro de sus posibilidades y sus limitaciones debería integrar en su rutina un tiempo para el ejercicio. Quizás los movimientos aeróbicos los tengamos más limitados (sin perjuicio de aquellos que dispongan de máquinas en casa), pero otros ejercicios estáticos contribuyen al propósito dicho, incluso el mero hecho de pasear por la casa 20 minutos. Insisto en la importancia del movimiento porque una doctora me tuvo que prescribir unas pastillas para que me mejorase la circulación porque al pasar tanto tiempo sentado estudiando el cuerpo sufría, las extremidades se adormecían y se entumecían y no era sano. Por eso, conviene tomarse como una prioridad llevar una vida sana para sobrellevar estos tiempos de asentamiento.

 

  1. Diferenciar entre el lugar de estudio (o trabajo) y de descanso: Hemos hecho antes referencia a la necesidad de aprender a cambiar de actividad. A saber decir “hasta aquí”, y pasar a lo siguiente. Un aspecto que puede ser muy útil durante la cuarentena es saber diferenciar, gracias a nuestro entorno, lo que nos toca hacer en cada instante. En la oposición, es habitual que tu lugar de estudio sea tu dormitorio (por supuesto hay excepciones). Eso puede ser letal para una persona, porque tiene la sensación de que su vida pasa entre, literalmente, cuatro paredes. Sin embargo, para evitar esa sensación es aconsejable cuidar el entorno. Y el entorno que tenemos ahora es nuestra casa, nuestra habitación. En primer lugar, cuidar de que esté lo más ordenada posible para estar cómodos en ella y no sentirse “aplastados”. Otro aspecto que puede ayudar es cambiar el lugar donde cumplimos nuestras tareas del lugar donde descansamos. Si tenemos la posibilidad de trabajar/estudiar en una habitación distinta de la que descansamos, fenomenal. Si no es así, igualmente no hay problema: ser ingenioso. Disponer la habitación de tal forma que cuando la vea sepa que estoy en modo trabajo o en modo descanso. Algunos trucos para ello pueden ser: cambiar la mesa de estudio, el mobiliario de sitio de tal forma que cambie la configuración de la habitación durante el día; cambiar la iluminación mayor o menor según estés descansando o no; poner música de fondo, un hilo concreto para trabajar para llevarnos mentalmente a un estado distinto de cuando toque descansar, etc. Según las posibilidades materiales de cada uno, distintas serán las soluciones. Pero sí creo que es recomendable adecuar el entorno a lo que se hace en cada momento.

Consejos de un opositor para sobrevivir el confinamiento (I)

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1 Comentario. Dejar nuevo

  • Francesc Martinez Porcell
    Francesc Martinez Porcell
    18 abril, 2020 11:37

    Truco de ejercicio físico: bajar y subir, subir y bajar una y otra vez las escaleras de la finca en la que residimos. Mejor con el bozal colgando de la oreja por si nos cruzamos con un vecino.

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