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Daniel Arasa: «Dejar de pensar en la muerte significa perder el sentido de la vida»

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Daniel Arasa Favà (Tortosa 1944) ha publicado la continuación de su anterior libro, Dios no pide el currículum con el título ¿Tú por aquí? Conversaciones en el Cielo (carena, 2022) donde entrevista desde el más allá a personajes relevantes en vida.

Periodista e historiador, Arasa es doctor en Humanidades y Ciencias Sociales e Ingeniero Técnico Químico. Ha sido profesor asociado de las Universidades Pompeu Fabra y la Universitat Abat Oliba CEU, siendo hoy Defensor Universitario de esta última. Tras ejercer durante cuarenta años como periodista, buena parte como Jefe de Redacción de Europa Press de Cataluña, sigue colaborando de manera regular con La Vanguardia, Forum Libertas, COPE, Radio Estel y L´Ebre.

Arasa ha publicado unos treinta libros en catalán y castellano y mantiene una actividad intensa llevando el mensaje de Cristo a la vida pública. Le entrevistamos para ForumLibertas.

¿Tú por aquí? Conversaciones en el Cielo viene a ser una continuación de su anterior libro, Dios no pide el currículum. ¿Qué le llevó a continuar profundizando en el tema?

El libro Dios no pide el currículum consistía en reflexiones espirituales de un periodista sobre temas de la tierra, con visión cristiana, pensando en ir al Cielo. El nuevo libro, ¿Tú por aquí?, pasa ya al otro lado. Por ello se subtitula Conversaciones en el Cielo.

«Para muchos, incluso cristianos, parece que no exista la vida eterna»

Lo escribí, en primer lugar, porque considero importante hablar del Cielo, y también del Infierno, del Purgatorio, del Juicio. De esto nadie habla, ni siquiera en los púlpitos. En otras épocas eran temas recurrentes en la predicación. Era excesivo, pero ahora hemos pasado al extremo opuesto. Para muchos, incluso cristianos, parece que no exista la vida eterna. Es importante recordar a todos que estamos de paso.

De otro lado, sabemos que en el Cielo la felicidad será completa. Desconocemos en qué consistirá, pero tengo el convencimiento de que lo que nos hace felices en la tierra lo tendremos allí elevado al summum. Como a mí me entusiasman el periodismo y la historia, creo que me divertiré trabajando en ellas durante la eternidad.

Lo mismo pasará con nuestros amores de aquí, que crecerán, incluido el matrimonial. Ya sé que allí no se casarán, como explicó Cristo, pero estoy seguro de que el amor persiste y crece.

De otro lado, quise hacer ver a través del texto que personas que han pasado sin ningún relieve por el mundo pueden estar mucho más cerca de Dios que otras que han sido grandes de la política, de la economía, de las artes, etcétera, a las que el mundo aplaudió y muchos envidiaron.

En el libro escoge una estrategia narrativa ingeniosa: entrevistar a personalidades históricas cuya voz nos llega desde el más allá. ¿Por qué decidió optar por esta manera de exponer las ideas del libro?

En la historia de las naciones quedan muchas incógnitas sin aclarar y no pocas interpretaciones sobre hechos y personas son erróneas. Incluso en estudios históricos serios. En el Cielo, con la clarividencia que da Dios, se tendrá pleno conocimiento y los que fueron protagonistas de la tierra podrán exponer lo sucedido sin las limitaciones de este mundo. Veremos con claridad desde pequeños asuntos personales hasta cómo se han producido caídas de grandes imperios. Estoy seguro de que personas que han pasado como nefastas no lo eran y, a la inversa, algunos que han sido encumbrados veremos que no eran tan maravillosos.

¿Cuál es el personaje que le ha gustado más entrevistar desde el más allá y por qué?

Hay muchos personajes que deseo entrevistar. Lógicamente, deberán estar en el Cielo.

Por citar algunos. Lucrecia Borgia ha pasado a la historia como una criminal, pero no está tan claro que sea así. El coronel Von Staufenberg, que puso la bomba para acabar con Hitler. Deseo que explique las bases éticas con las que actuaban los conspiradores que querían ahorrar millones de vidas. Dolores Ibarruri “Pasionaria”, a la que conocí personalmente, pero hablar de muchas cosas sobre la Guerra Civil española, la Unión Soviética, el comunismo, su relación con el Catolicismo incluido su retorno final. Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la unidad europea, para que analice si los valores en que se basa hoy la UE son de verdad los de los padres fundadores que eran profundamente católicos.

¿Qué se va a encontrar un lector en ¿Tú por aquí? Conversaciones en el Cielo?

En primer lugar una reflexión para que cada uno replantee su propia vida sabiendo que hay un destino eterno. Saber que hay muerte, juicio personal (y universal) y que existen el Cielo, el Infierno, y el Purgatorio. No como algo etéreo, sino concreto.

Y, de otro lado, un repaso a una serie de temas históricos que pueden interesar a muchos lectores, clarificados a través de sus protagonistas.

«El libro quiere animar a hablar sin miedo de que uno es cristiano»

Hoy en día, desde la propia Iglesia se advierte sobre los “cristianos tibios” (Apocalipsis 3:15-16), que viven la Fe desde la intimidad, con cierto amilanamiento. Algo que Guzmán Carriquiry ha denominado “cristianos light”. ¿Cuál es su diagnóstico?

Un aspecto del libro es precisamente el de animar a hablar sin miedo de que uno es cristiano. Propongo que los cristianos “salgan del armario” y muestren ante los demás sus creencias. Incluso hará falta en ocasiones hacerlo con tanta desfachatez como la que tienen otros para mostrar lo que son. Son demasiados los cristianos tibios, y todos fallamos en esto más o menos.

No se trata de imponer nada y hay que respetar a todos, pero no puede continuar lo que está ocurriendo, con una ausencia de los cristianos de la vida de la sociedad a pesar de ser tan numerosos.

En ese sentido, la dictadura ideológica dominante (cultura ‘woke’, ideología de género, relativismo…) y los juicios públicos que se establecen en internet a través de las redes sociales y algunos medios de comunicación polarizados piden poco menos que el martirio mediático a un cristiano que expone sus ideas públicamente. ¿No cree que eso provoca que algunos cristianos prefieran no exponerse? ¿Qué riesgos cree que tiene esa decisión?

Hemos de tener conciencia, en primer lugar, de que es una realidad el que estamos sometidos a una dictadura ideológica, la del relativismo. Muy bien lo formula en su pregunta, pero muchos cristianos tibios no se han dado cuenta, porque ellos no lo sufren, entre otras cosas porque tampoco defienden sus principios.

Está clarísimo que en muchas sociedades occidentales se produce una marginación de los cristianos. Se les quiere silenciar. Como máximo, dejarles que practiquen su religión a nivel privado, sin que intervengan para nada en la vida de la sociedad.

«En Europa no hay peligro de que atenten contra tu vida por ser cristiano, pero sí estamos sujetos a la cancelación»

El miedo que se tiene no es físico, sino de autocensura, de temer que nos digan que no argumentemos en base a nuestros principios, o de que queremos imponerlos a los demás.

En Europa no hay en este momento, en principio, peligro de que atenten contra tu vida por ser cristiano, como ocurre en muchos países del mundo, pero sí estamos sujetos al silencio, a la cancelación, al insulto en las redes sociales… Pero, ¿qué menos podemos sufrir por Cristo? Es bien poca cosa.

¿Por qué un cristiano debe actuar en la vida pública?

Un cristiano debe cumplir el mandato de Cristo de llevar su doctrina y amor a los demás. Esto se puede hacer de muchas formas, con la palabra y con el ejemplo, desde la relación individual a dar doctrina colectivamente.  Una de las formas más importantes es la de participar en la vida pública para trabajar en bien de todos.

«La vida pública es una de las mejores maneras de ejercer la caridad»

Varios de los últimos Papas han reiterado que participar en la vida pública es una de las mejores maneras de ejercer la caridad, porque si se hace con rectitud de intención significa dejar de lado asuntos e intereses propios para dedicarse a los de todos.

Al hablar de vida pública, no significa solo la política, aunque ésta también. Hay muchas organizaciones intermedias, como ONG, instituciones culturales y sociales, etcétera, que hacen una gran labor.

Si un cristiano, que ha vivido su Fe desde la privacidad confortable, decidiera participar en la construcción pública de la cultura cristiana, ¿por dónde le recomendaría empezar, qué primeros pasos debería dar?

Animo a todos los cristianos a participar en la vida pública. Aunque muchísimos ni se lo hayan planteado, todos, o casi todos, pueden hacerlo. Evidentemente a título individual uno difícilmente logrará gran cosa, por lo cual lo mejor es incorporarse a alguna organización, la que cada uno elija en función de sus capacidades o incluso aficiones, pensando que es a través de ella donde podrá aportar a la sociedad. Hay muchas organizaciones. Baste pensar en las de defensa de la familia o de la vida, o de las que realizan ayuda social a los necesitados o a los enfermos, o las que promueven de manera directa la presencia cristiana en los medios de comunicación, o en el cine, o en la música o el arte, etc. Si, además, una persona tiene vocación política, participar a través de partidos. Campo y posibilidad de elección no falta. Lo que se requiere es decisión.

La cultura predominante en Occidente ha alejado a sus ciudadanos de la muerte y les invita a vivir la vida como único fin ligado al cumplimiento de sus deseos y cierta mirada epicúrea. ¿Qué consecuencias ha tenido ese hecho en relación con la importancia del eco de la vida terrenal en la vida más allá de la muerte?

Las consecuencias de olvidar el más allá son muchas. Dejar de pensar en la muerte y en lo que la sigue significa, nada más y nada menos, que perder el sentido de la vida. Esta es una paradoja. Para entender la vida hay que tener asumido su final, y para salvarla hay que estar desprendido de ella. Basta darse cuenta que en una sociedad con tantos recursos y medios de todo tipo, mucho más que en épocas precedentes, el número de suicidios es mayor que nunca.

Una vida cómoda, epicúrea, no es sinónimo de vida feliz. Como escribí en el libro Dios no pide el currículum, “para ser feliz hay que meterse en líos”.

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