El estrés laboral prolongado puede tener consecuencias importantes para la salud de los profesionales sanitarios y para la calidad de la atención que ofrecen. El burnout, también conocido como síndrome de desgaste profesional, aparece cuando el estrés crónico no se gestiona adecuadamente y puede traducirse en agotamiento físico y emocional, distanciamiento respecto al trabajo y una menor sensación de realización profesional.
En el ámbito sanitario, esta problemática está relacionada con múltiples factores, como la elevada carga asistencial y emocional, la presión del tiempo, la burocracia, la falta de recursos, las dificultades para conciliar la vida personal y laboral o la percepción de recibir un reconocimiento insuficiente.
Ante esta realidad, el estudio Caracterización de los profesionales sanitarios que presentan bajos niveles de burnout profesional pone el foco en los elementos que protegen el bienestar de quienes trabajan en el sistema sanitario. La investigación, impulsada por el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”, ha sido liderada por el doctor Oriol Yugero, del eHealth Centre de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y Anna Mitjans, coordinadora de proyectos de la Fundación Galatea. También han participado la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), la Universitat de Lleida (UdL) y el Institut Català de la Salut (ICS).
Una de las principales conclusiones es que prevenir el desgaste profesional no depende únicamente de la capacidad individual para afrontar las dificultades. Las condiciones de trabajo, el respaldo de los compañeros y el estilo de liderazgo de las organizaciones desempeñan un papel fundamental.
El descanso y las relaciones laborales marcan la diferencia
La investigación se basa en las respuestas de 992 profesionales de medicina y enfermería de Cataluña, que completaron cuestionarios mensuales durante seis meses. De ellos, 239 —el 24 %— presentaron niveles bajos de burnout. Además, 103 personas sin burnout persistente participaron en grupos de discusión y en una experiencia de realidad virtual inmersiva.
Los resultados muestran diferencias relevantes en los hábitos de descanso. Entre los profesionales sin burnout persistente, solo el 10,8 % dormía menos de seis horas diarias, frente al 28,3 % de quienes presentaban indicios de desgaste profesional. Por su parte, el 84,8 % dormía entre seis y ocho horas y refería menos dificultades para conciliar o mantener el sueño, así como menos cansancio al despertar.
También se observaron menores niveles de fatiga durante la jornada y al finalizar el día, junto con una menor presencia de cefaleas, dolores de espalda y articulaciones y molestias digestivas. La proporción de profesionales que declaraba ansiedad o depresión era del 3,6 %, frente al 17,7 % del grupo con indicios de burnout. Asimismo, presentaban un menor consumo de somníferos y hábitos alimentarios más saludables.
Más allá de los aspectos relacionados con la salud, el entorno laboral fue uno de los factores diferenciales más destacados. Quienes no experimentaban burnout persistente manifestaban sentirse mejor tratados por sus organizaciones, superiores y compañeros. También percibían un mayor reconocimiento por parte de los pacientes, los responsables directos, las instituciones y la sociedad.
Tres prioridades para cuidar a los profesionales sanitarios
A partir de los resultados, el estudio plantea tres grandes retos para avanzar hacia un sistema sanitario más sostenible.
1. Superar la idea de que todo depende de la fortaleza individual
La estabilidad emocional y el optimismo pueden ayudar a afrontar situaciones difíciles, pero no compensan unas condiciones laborales inadecuadas. La responsabilidad de prevenir el desgaste no puede recaer exclusivamente en cada profesional.
«La resistencia individual tiene un límite que las organizaciones deben respetar», señala el médico e investigador Oriol Yugero.
2. Reforzar el liderazgo y el apoyo dentro de los equipos
El buen trato, el reconocimiento y un liderazgo cercano, claro y empático figuran entre los principales factores protectores identificados por la investigación. Disponer de equipos cohesionados, en los que exista apoyo mutuo, también contribuye a reducir el impacto del estrés crónico.
«Un equipo cohesionado y con espacios de apoyo mutuo actúa como un escudo natural frente al estrés crónico», destaca Coral Fernández, gerente de la Fundación Galatea.
3. Prestar especial atención a los profesionales más jóvenes
El estudio advierte de una mayor prevalencia de burnout entre los profesionales jóvenes. Por ello, considera especialmente importante acompañarlos durante la transición entre la formación y el ejercicio profesional.
Entre las medidas propuestas figuran las tutorías de calidad, los espacios de supervisión y apoyo emocional y unas condiciones de trabajo que permitan aprender de forma segura, adquirir autonomía progresivamente y conciliar la vida personal y laboral.
Yugero subraya que los profesionales que cuentan con más factores protectores no solo presentan menos síntomas, sino que también muestran mayores niveles de bienestar, optimismo, apoyo social, sensación de control, estabilidad emocional y capacidad de recuperación emocional.
En la misma línea, Fernández destaca que la calidad del entorno laboral resulta determinante. El reconocimiento, el liderazgo de apoyo, la autonomía profesional, la cohesión de los equipos y la claridad organizativa contribuyen a proteger la salud de los sanitarios. Estos elementos, añade, están alineados con el trabajo de la Fundación Galatea en la promoción de la salud, la prevención y la intervención en equipos sanitarios.
Una metodología que combina encuestas y realidad virtual
La investigación propone cambiar el enfoque tradicional de análisis del burnout, centrado principalmente en identificar los factores de riesgo, para prestar más atención a las condiciones que ayudan a prevenirlo.
Para ello, utiliza una metodología que combina distintas fuentes de información: encuestas longitudinales, grupos de discusión y evaluación de las respuestas ante situaciones de estrés mediante realidad virtual inmersiva.
Esta última herramienta permite observar cómo reaccionan los profesionales ante escenarios clínicos exigentes, como una parada cardiorrespiratoria, una sepsis pediátrica o una atención domiciliaria de cuidados paliativos. De este modo, se pueden analizar tanto la regulación emocional como la capacidad de colaboración y apoyo entre compañeros en situaciones críticas.
Los resultados refuerzan una idea central: cuidar la salud de los profesionales sanitarios exige algo más que fomentar el autocuidado individual. También implica construir organizaciones que ofrezcan apoyo, reconocimiento, liderazgo adecuado y condiciones de trabajo compatibles con el bienestar emocional.
El burnout sanitario no depende solo de la capacidad individual para afrontar el estrés. El apoyo del equipo, un liderazgo cercano y unas buenas condiciones laborales son claves para prevenir el desgaste profesional. #Burnout #Sanidad Compartir en X









