El insufrible paro. Instrucción “Libertad y Liberación”, avalada por Juan Pablo II

Aunque el punto álgido de la crisis ha pasado, todavía existe en nuestro país un nivel insufrible de paro: el 12% y ello agravado porque el 32,4 % de los desempleados son parados de larga duración (dos o más años buscando trabajo sin éxito). Además, el empleo que se ha recuperado parcialmente es de pobre calidad (como ha comentado el cardenal Juan José Omella (Hoja Dominical de Barcelona, 21-7-2019):

“Crece el número de personas afectadas por condiciones laborales precarias sueldos bajos, horas intermitentes de trabajo, contratos inexistentes, horarios intempestivos…”

Una persona que no encuentra trabajo durante un largo período de tiempo, se siente desmoralizada, abandonada por la sociedad que, como mucho, le da una prestación mísera, que ni siquiera costea una vida mínimamente digna.

Que nuestro sistema tolere un nivel tan alto de paro, (España, 12%, Latinoamérica 8%, mientras que Reino Unido, 4,2 y EE. UU. 3,7) es una injusticia que clama al Cielo, es lo que la doctrina social de la Iglesia llama “estructura de pecado”. Y que muchas personas y hogares enteros sean víctimas de esta situación engendra tentaciones de desesperación tanto a nivel individual como social. Aparte de los dramas personales se pueden producir locuras sociales, y como el hombre es el único que tropieza dos veces en la misma piedra puede surgir un auge de ideas comunistas (a veces bautizadas como populismo).

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En la instrucción citada, N.º 13, nos da Juan Pablo II una síntesis de esta problemática: “La ideología individualista (…) ha favorecido el desigual reparto de las riquezas en los comienzos de la era industrial, hasta el punto de que los trabajadores se encontraron excluidos del acceso a los bienes esenciales (…)” “Pero las más de las veces la justa reivindicación del movimiento obrero ha llevado a nuevas servidumbres porque se inspiraba en concepciones materialistas.”

“A veces esta reivindicación ha sido orientada hacia proyectos colectivistas y engendró injusticias tan graves como aquéllas a las que pretendían poner fin.”

Pero ello no supone que no se luche contra las injusticias que atenazan a tantos trabajadores. Continúa Juan Pablo II, N.º 85: “Todo hombre tiene derecho a un trabajo, que debe ser reconocido en la práctica por un esfuerzo colectivo que mire a resolver el dramático problema del desempleo. El hecho de que éste mantenga en una situación de marginación a amplios sectores de la población, y principalmente a la juventud es algo intolerable. Por ello la creación de puestos de trabajo es una tarea social primordial que han de afrontar los individuos y la iniciativa privada e igualmente el Estado.” (El Estado si la iniciativa privada no puede solventar este vital problema tiene una función subsidiaria de llegar adonde otros agentes no llegan, sin substituirlos y menos aún suprimirlos).

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