Estrasburgo: desafían la prohibición de arrodillarse en las manifestaciones contra la prohibición de las misas

Política

Informábamos este jueves de que el ministro del Interior francés, Gerald Darmanin, había amenazado con sanciones a los católicos en relación a las concentraciones de protesta contra el cierre de las misas, amparándose en que la oración en la vía pública no está permitida.

El presidente del European Center for Law and Justice y autor del libro Mi deseo es la ley. Los derechos del hombre sin naturaleza, Gregor Puppinck, ha reaccionado a la decisión del estado francés de prohibir, no sólo el culto, sino también las protestas contra esta decisión .

Puppinck escribe en Valeurs Actuelles:

“Al gobierno no le gusta la oración pública. Lo ha demostrado una vez más al prohibir el domingo cualquier «manifestación a favor de la misa» en la que estuviera prevista una oración pública o una misa al exterior. A los organizadores de las manifestaciones no prohibidas, las prefecturas les han dado órdenes expresas y amenazantes de no rezar, de no arrodillarse, de no cantar himnos, e incluso, en Estrasburgo, de no «rezar en silencio». Evidentemente, todas estas órdenes son manifiestamente ilegales. Son ilegales porque son contrarias a las leyes de la República (en particular a la ley de 1905), a los derechos humanos (en particular a la libertad de expresión y de religión) y, por encima de tdo, a la ley de Dios (en particular al primer mandamiento del Decálogo).

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Bajo ningún concepto tiene el gobierno el poder de dictar a los manifestantes lo que tienen derecho a decir, hacer o pensar, siempre y cuando respeten el orden público y las normas sanitarias. El papel de la República es garantizar la libertad de conciencia y el libre ejercicio de los cultos, no reprimirlos. Si la República es laica, Francia es profundamente cristiana; no podemos tolerar que el cristianismo sea excluido del espacio público.

Por respeto a la legalidad y a las libertades, es un deber resistir a órdenes tan absurdas como ilegales, porque obedecerlas significa aceptar darles fuerza de ley, significa colaborar con ellas. Por otra parte, no cumplir con estas órdenes injustas es dar testimonio de la justicia, preservarla, restaurarla. Es pues por respeto a la ley de los hombres y de Dios que en Estrasburgo no hemos respetado la inicua y estúpida orden de no rezar en silencio, no cantar himnos y de no arrodillarse. La policía, que se sabía en la ilegalidad, no nos ha castigado. El derecho ha sido así respetado.

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