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Hartazgo de lo woke

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Conseguir una amplia respuesta a un artículo en soporte papel o en digital, a lo aportado en una conferencia, a la publicación de un libro, es hoy bastante infrecuente. Sí, son muchos los retornos, a veces cientos o miles, en las redes sociales, pero en su mayoría reducidos a un like o un emoticón de un mensaje breve. Raramente reflexiones profundas o expresiones motivadas de sentimientos.

Pero he vivido una excepción. Perdone el lector que me autocite. He publicado hace pocas semanas el libro Woke, cristianismo y sentido común (Ideas y Libros) y he quedado sorprendido por la enorme respuesta, la dimensión del feedback, denominación anglosajona a este retorno en la comunicación.

Ello a pesar de que la mayoría de medios de comunicación convencionales no han publicado nada sobre el libro, aunque lo hayan recibido en sus respectivas redacciones.

Leyendo o recordando los comentarios no valoro tanta respuesta como un mérito personal más allá de haber tenido la osadía de abordar frontalmente el tema, sino consecuencia del hartazgo que siente un número enorme de personas, que entienden que los woke se han pasado de rosca un largo trecho.

Aclaro para los lectores que quizás no conocen en detalle de qué se trata. Lo woke es un conglomerado de movimientos surgido inicialmente como rechazo al racismo en Estados Unidos, con mucha razón en sus reivindicaciones. Pretendía un reconocimiento real de la dignidad de las personas de raza negra, exigir respeto, evitar los abusos contra ellos, incluidos los malos tratos de la policía. Implicaba un “despertar” de los afroamericanos. Ahí estaba el movimiento “Black lives matter”. Totalmente justo lo exigido.

Pero aparte de algunos excesos de los antirracistas, a tal movimiento muy pronto se le sumaron las reivindicaciones de otros núcleos, con lo que lo woke es una amalgama ideológica en la que confluyen ideología de género, feminismo desbocado, transexualismo, antirracismo, ecologismo radical, reivindicación de reparaciones históricas con una visión justicialista, indigenismos, animalismos…

Lo que empezó bien porque en un primer momento significaba un despertar en favor de los desfavorecidos, la defensa de las causas de las minorías, se ha hipertrofiado y degradado y ha abocado a una opresión ideológica que ha asumido las aberraciones y excesos de una serie de movimientos.

A veces, asuntos que empiezan bien, acaban siendo muy negativos si se desmadran. Esto es uno de ellos, especialmente relevante.

Y para completar lo anterior, agravado todo ello por la agresividad y por la cancelación de quienes no compartan estos postulados. Con la particularidad de ser la ideología asumida y promovida desde las instituciones públicas y los medios de comunicación en no pocos países, entre ellos España.

Más allá de los principios, analicemos aspectos diversos de lo woke

Exigencia de respeto a los homosexuales. Muy justo, porque a lo largo de los años fueron discriminados, maltratados y en muchos casos perseguidos.

Pero de exigir el respeto se ha pasado a ir enseñando hasta a los niños de 5 años en las escuelas que pueden escoger el sexo que quieran y se puede cambiar.

Y la opción sexual se ha convertido en arma política como eje de derechos humanos. O en exhibicionismo erótico, y ahí tenemos los días y semanas del Orgullo Gay. O que en cualquier serie televisiva, o en muchas películas, o en spots publicitarios, metan en calzador gays o lesbianas (dirigido a normalizar todo lo homosexual). Son cuotas LGTBI+ que se pagan. Todo ello fomentado y financiado desde las instituciones públicas.

Aquel que diga que solo hay dos sexos en los humanos es acusado de extremista, de homófobo, de hacer discursos de odio, porque ellos postulan que hay un montón de “géneros”, y, por supuesto, de tipos de familia.

Aunque choque con la biología más elemental, gran parte de la gente, incluido médicos, jueces, etc., se han doblegado a ello y han convertido en general y normal lo que deberían ser considerados casos aislados.

Por ser una persona de raza blanca, y especialmente si es varón, ya queda catalogada como colonialista y racista. Y a partir de ahí no poder decir que una persona es “negra” porque se la “racializa”, o poner cuotas en los puestos de trabajo o en las series televisivas en función de la raza. O derribar los monumentos elevados a personas de siglos atrás supuestamente racistas.

O, en el caso de España, en la Memoria Histórica o Democrática. Muy loable recuperar restos de personas que fueron asesinadas y enterradas de cualquier forma en fosas comunes durante la Guerra Civil de 1936-1939. Pero luego los muertos no son igual los de uno y otro bando. Todo es sectarismo, manipulación política y en muchos aspectos tergiversación histórica. Se hace una lectura justicialista y con mentalidad e intereses actuales, no situados en el tiempo en que se produjo.

Quien diga que habría de tratar por igual a unos y otros de inmediato es acusado de fascista, de antidemócrata, de radical.

Derechos de la mujer. Se la considera discriminada históricamente. Cierto que hay que desterrar toda discriminación. Pero el feminismo ha evolucionado y hoy en buena parte está planteado como lucha de clases en que el opresor es el hombre, culpable por anticipado de cualquier cosa. Además, imponer cuotas laborales o de representación sin tener en cuenta el conocimiento, el mérito, la capacidad. De otro lado, uno de los principales objetivos feministas es el de convertir el aborto como un avance y un derecho.

O lo ecológico llevado al extremo. Está más defendido el huevo de un gorrión que un niño en el vientre de su madre. Que a nadie se le ocurra destruir un nido, pero el aborto es incluso presentarlo como un derecho. No faltan quienes han convertido en dios a la Madre Tierra y, en España, le han erigido altares.

Animalismos: Promover los supuestos “derechos” de los animales, igualándolos a las personas, sin entender que unos y otros son de órdenes esencialmente distintas. Del no maltratarlos, que debe hacerse, se ha pasado incluso a dirigir más amor a los animales que a los seres humanos.

Ahí tenemos las mascotas convertidas en miembros de la familia (perrhijos), llevadas como bebés, besadas y “conversando” con ellas.

Y no digamos el desarrollo en los últimos tiempos de los therians, que se consideran ellos mismos perros u otros animales.

En lo climático, a quien considera que el deterioro ambiental quizás no es tan apocalíptico como se describe es acusado de terraplanista, desinformado, incluso un vendido a las petroleras. Por supuesto, algunos promueven el reducir la población humana y con cualquier método.

O los indigenismos. Son duda los colonialistas cometieron aberraciones y abusos, pero se presenta a los indígenas como lo perfecto, el paraíso terrenal, olvidando las luchas tribales, los sacrificios humanos, las aberraciones que cometían.

Podrían añadirse otros. Es constatable que lo woke ha configurado una mentalidad general porque ha sido asumido por una mayoría de personas, aunque muchos ni siquiera se hayan percatado. Además, monopoliza la mayoría de medios de comunicación y es promovido y financiado desde las instituciones públicas. Hasta los más altos organismos de España o de Europa han incorporado y promueven lo woke.

Como se dijo antes, en el origen de buena parte de las reivindicaciones hay un deseo de justicia. Pero, al salirse de madre, lo que inicialmente podía ser una positiva lucha por unas minorías, en base a convertir en banderas los “deseos” de tales minorías se ha transformado en opresión para la mayoría de ciudadanos.

Por ello son muchos los padres cansados de la ideologización de sus hijos en las aulas, otras muchas personas de las imposiciones del pensamiento único y de las manipulaciones sistemáticas en los medios de comunicación, no pocos de aberraciones como convertir en aborto en derecho… Por ello no es extraña tanta reacción contra lo woke y la recepción jubilosa de un libro sobre él. 

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