Ideales pacíficos, historia violenta

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar Polonia. Pueblo atenazado por dictaduras nazis y comunistas, son ejemplo para todo el mundo, y aquí después de casi ochenta años del fin de nuestra fratricida Guerra Civil, nos seguimos enfrentando con la memoria histórica y reabriendo heridas. Es contradictorio que nos enorgullezcamos de nuestra Transición y que sigamos con la misma cantinela.

En España, el odio y la venganza sigue latente en muchos que quieren utilizarlo para sacar provecho político. Se quitan los nombres de calles,  símbolos, monumentos etc.; sin embargo en todas las ciudades polacas mantienen para recuerdo de todos, sus campos de concentración (Auswchitz-Birkenau), sus monumentos y construcciones fascistas y comunistas, ejemplos de ello: edificios emblemáticos de las construcciones comunistas donde vivían las personas, castillo de Poznán utilizado por Hitler como residencia oficial representativa y rehabilitado por más de 600 personas la mayoría forzadas, destaco la habitación de trabajo de Hitler, de 130 metros cuadrados y revestido de mármol.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno polaco reconstruyó el edificio, actualmente el castillo alberga salas de exposiciones, galerías de arte contemporáneo y organiza diversos eventos culturales. Al hablar con esas gentes que aún tienen en sus mentes el recuerdo fresco de la opresión, del miedo, la desconfianza, las cartillas de racionamiento y el hambre, las vejaciones por una y otra parte de esas ideologías que degeneraron en horror, me llenaron de admiración y de respeto absoluto. Pero este pueblo luchó siempre por la libertad, desde Gdansk (anteriormente Dánzig) inicio de la Segunda Guerra Mundial, donde resistieron valerosamente al ejército nazi, como al comunismo del general Wojciech Jaruzelski; por medio de sus líderes  Karol Józef Wojtyła (Sacerdote y después Papa Juan Pablo II)  y Lech Walesa (Sindicato Solidaridad). Podría seguir argumentando, como estas gentes a pesar de su sufrimiento, están centradas en la paz y el progreso.

Caminando por las calles de Varsovia, Cracovia, Poznán, Torún, Wrocław, Gdansk… iba relajado con mi familia, sin miedo, tanto de día como de noche, sin estar pendiente de que te roben. La policía se ve lo justo, la mendicidad y los excluidos sociales brillan por su ausencia. Verdaderamente me gustaría vivir de esa forma, yo quiero tener una democracia real y justa, una España así.

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