En sus famosos Ejercicios espirituales, San Ignacio propone dedicar la cuarta etapa a contemplar a Cristo resucitado a partir de sus apariciones (EE 218-226 y 299-312). Otros años, en estas páginas, he ido publicando algunas ideas para meditar alguna de esas apariciones. Pueden verlas recopiladas al final del artículo. Este año me quiero centrar en la aparición a la gloriosa María Magdalena.
Siguiendo el esquema típico ignaciano, sugiero primero hacer una composición viendo imaginativamente el lugar. Luego hacer una petición. Y luego dar algunas ideas para ver y oír lo que ocurre. Terminando con un coloquio. Comenzamos pidiendo al Señor que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su Divina Majestad (EE 46).
Composición de lugar: “ver la disposición del Santo Sepulcro” (EE 220). Dice San Juan que María fue al sepulcro el primer día de la semana «muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro» (Jn 20,1). Se parte, por tanto, de la oscuridad. Una oscuridad que era más honda, si cabe, en el alma, y que se arrastraba desde el Viernes Santo. Parece que María volvió entonces corriendo a la casa donde estaban los discípulos y alertó de que alguien se había llevado el cadáver (Jn 20, 2). Volvieron al Sepulcro a la carrera: Juan no tuvo inconveniente en correr más que Pedro (Jn 20,4). Pero al llegar no entró, como tampoco entró Magdalena. Hay que tener en cuenta que los soldados quedaron como adormilados, pero seguían allí. Acercarse era peligroso…
Luego, mientras Pedro y Juan miraban el interior del sepulcro, María estaba fuera y se movía por el jardín, y se asomaba desde el exterior a la cueva del sepulcro. Añade Ana C. Emmerich en sus visiones que «entonces, a unos diez pasos de la peña del sepulcro, hacia levante, en el sitio donde el Huerto sube hacia la ciudad, entre los arbustos que estaban detrás de una palmera, vio aparecer a la incierta luz del alba una figura alta y vestida de blanco» (La amarga pasión de Cristo, trad. Sánchez de Toca Catalá, J.M. Voz de papel, Madrid 2019, p. 293). El amanecer fue llegando y con ello la visión clara. Y todo después de volver allí de la mano de la Iglesia (con San Pedro). Una buena pista para cuando se padecen ciertas oscuridades… ir de la mano de la Iglesia.
Petición: “pedir gracia para alegrarme y gozar intensamente de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro Señor” (EE 221).
Primero, ver las personas: María ofuscada, Jesús un poco escondido por la ceguera de ella…
Hay que admirar la persona de la gloriosa Magdalena. Lo primero que quiero explicar es por qué doy a Magdalena el adjetivo de gloriosa. Creo que lo merece porque fue la primera (suponemos que después de la Virgen) en ver la gloria del Resucitado. Pero sobre todo es porque así la llama Santa Teresa: “era muy devota de la Gloriosa Magdalena y muy muchas veces pensaba en su conversión, en especial cuando comulgaba” (Libro de la vida 9,1).
Es un personaje fundamental, sobre el cual hay confusión. Se sabe que estuvo junto a la Cruz (Jn 19, 25) y que el Señor expulsó de ella siete demonios (Lc 8,2). No se sabe mucho más. A veces a nivel mediático (e incluso en ámbitos cristianos) se la quiere identificar con la mujer adúltera a la que Jesús libró de la lapidación (Jn 8, 1-11), con María de Betania, la que ungió de caro perfume de nardo al Señor tras resultarle a su hermano (Jn 12, 1-8), o con la mujer pecadora que ungía con sus propios cabellos al Señor en casa de Simón el fariseo (Lc 7, 36-50). Pero no hay certeza de que ninguna de esas mujeres pudiera ser María. Puede que incluso estemos antes cuatro personas diferentes.
Contemplar su persona es de gran riqueza. Pareciera que había sufrido muchísimo. Que la liberación verdadera de su alma llegó de manos del Señor. Y que por ello era un alma tan agradecida, que no se paraba en miedos ni en limitaciones. Fue capaz de estar toda la Pasión en primera línea. Se lanzó a cuidar el cadáver más y mejor que nadie, superando el miedo a ser detenida y confiando en que alguien le apartaría la piedra del sepulcro.
Jesús la escogió para anunciar su Resurrección en lo que es otro signo revolucionario más: nadie en aquel contexto confiaba en el testimonio de una mujer. Pero sobre todo la eligió porque era la más diligente, y la que más se estaba dejando llevar por el amor…
Segundo, mirar lo que hacen las personas: Magdalena que daba vueltas como una loca entorno al Sepulcro, va ofuscada, “llorando” (Jn 20,11). Primero habla con los ángeles. Luego se vuelve y ve a Jesús, pero no le reconoce, “pensando que era el hortelano” (Jn 20, 14). Jesús, al parecer, «jugó al despisté». Según las visiones de A.C. Emmerich llevaba “una azada en la mano y un sombrero plano que parecía una visera” (Ibidem, p.293) como si fuera un jardinero de por allí…
Tercero, escuchar lo que dicen: primero los ángeles preguntan: “mujer, ¿por qué lloras?” (Jn 20,13). Ella responde que “se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.
Luego Jesús primero sigue con el despiste, preguntando sin que se reconozca su voz (Jn 20, 15). Y dice el Padre la Puente (Meditaciones…, V, 4) que Jesús le pregunta cómo suele hacer cuando no aprueba algo (como pasó, por ejemplo, con la Samaritana, Jn4). Ante una situación de confusión o limitación del alma, el Señor acude al diálogo de fe. No riñe, no castiga… hace ver las cosas a quien está confundido.
La primera pregunta, ¿por qué lloras?, es muy sugerente. Si tuviéramos el corazón en su sitio respecto a Dios, lloraríamos cuando nos falta, por la propia falta de Dios. Sin embargo, muchas veces creemos que lloramos por nuestros pecados, y en realidad lloramos por el daño que padecemos, por algo que habíamos ideado nosotros y no Dios, y ha salido mal… Y no sabemos descubrir que el amor de Dios se vuelca de manera privilegiada ante la tribulación.
Ello lleva la segunda pregunta: ¿A quién buscas? Muchas veces no buscamos a Dios, sino a nosotros mismos, nuestra gloria y provecho. También vamos como huyendo de los trabajos que Dios nos manda, buscamos gustos emocionados… Caemos en lo que San Juan de la Cruz llama vicios del principiante (cfr. todo el libro primero de La noche oscura). Y Dios quiere que vayamos al fondo. Por cierto que conviene leer el documento “Cor ad cor loquitur”, sobre las emociones y la fe, del que nos hablaban hace días en este periódico.
De pronto, Jesús deja oír su voz de verdad. La llama por su nombre: «¡María!». Y según San Juan, ella responde: «Rabunní, que significa Maestro» (Jn 20, 16).
Y entonces ella se lanza a abrazarle y besarle los pies. Los pies en los que estarían las llagas de los clavos, aunque cauterizadas… Y Él le dice que todavía no le toque, que aún no ha subido al Padre (sorprende que buscase antes a los suyos en la tierra que al Padre) y que vaya a anunciarles a los apóstoles la Resurrección (Jn 20,17). Pero no fija lugares o tiempos extraordinarios para el encuentro. Manda que vayan a Galilea. Lo cual tiene dos significados:
Por un lado, quiere que vuelvan al lugar de su vida cotidiana, que es donde quieres estar con nosotros. Dijo el gran Benedicto XVI que «Dios está en la vida real, no en la fantasía» (JMJ Australia, 19-7-08). En buena medida, tanta red social, tanto sueño, tanto producto audiovisual ficticio, tanta emulación excesiva que nos ofrece este mundo de prisa, inmediatez, estrés… nos coloca lejos de la realidad. Pero Dios nos quiere devolver a ella. Y será ahí donde comunique la alegría y ejercite el oficio de consolar que trae el resucitado (EE 224).
Por otro lado, como en Jerusalén estaban muy inquietos por la persecución, quiere que vuelvan al lugar donde pueden estar tranquilos con el Señor. Toda una lección de vida, en la que a veces nos dejamos estar en los lugares que nos inquietan, en vez de buscar el tiempo y espacio donde es más fácil encontrarse con Él.
Con todo esto, se puede hacer un buen coloquio de amor con Jesús. Contándole sinceramente por qué lloras y a quién buscas. Abriendo el oído para oír su voz. Dejando que se aparezca y alegre el alma. Que nos saque de alguna pena… Y descubriendo tal vez que el lugar a donde llevar esa alegría no está aparte, sino en mi propia realidad: la verdadera, no la que me ayudan a fabricar los artificios de hoy en día… O tal vez descubriendo alguna isla de paz que tengo a mano, pero frecuento poco.
ANEXO: RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS SOBRE OTRAS APARICIONES:
La aparición a San Pedro: https://www.forumlibertas.com/la-aparicion-del-resucitado-a-pedro/
La aparición a Santiago: https://www.forumlibertas.com/la-aparicion-del-resucitado-a-santiago/
La aparición a San Pablo: https://eldebatedehoy.eldebate.com/noticia/enfoques/18/04/2021/aparicion-del-resucitado/
La aparición a José de Arimatea: https://www.forumlibertas.com/la-12-aparicion-del-resucitado-a-jose-de-arimatea/
La aparición a quinientos hermanos: https://www.forumlibertas.com/la-aparicion-del-resucitado-a-500-hermanos/
Con todo esto, se puede hacer un buen coloquio de amor con Jesús. Contándole sinceramente por qué lloras y a quién buscas. Compartir en X






