La “revolución” de los demócratas de EE.UU. termina donde empieza Nancy Pelosi

Política

Las últimas elecciones a mitad de mandato en los Estados Unidos, que no consiguieron arrebatar la mayoría del senado a los republicanos, ven ahora enturbiada su mayoría, y por tanto el liderazgo en la Cámara de Representantes a causa de Nancy Pelosi. Esta mujer de 78 años, que habita entre los legisladores desde hace una eternidad y lleva unos dieciocho como líder demócrata, ya anunció en su momento que pensaba repetir, aunque su carta de presentación era en apariencia rechazada por muchos candidatos de su partido. La causa era semejante a la que castigó a Hillary Clinton: encarnar el equivalente de lo que aquí puede ser la gauche caviar, es decir, un progresismo elitista que vive una vida rodeada de dinero. El caso de Pelosi es más acentuado que el de Clinton porque lleva más años en el mismo papel.

La renovación del Partido Demócrata surgida como una reacción contra Trump y que ha llevado a más mujeres a la Cámara, algunas con programas socialistas, como Ocasio-Cortez de Nueva York, feministas, grupos étnicos y grupos LGBTI, ha quedado cercenada a partir del momento en que la veteranía de Pelosi y su control de comités y subcomités de la cámara y, por consiguiente, de reparto de poder entre los electos, los ha ido desactivando a todos, uno a uno, incluso aquellos que habían firmado una carta pidiendo su sustitución, como Brian Higgins. Lo de la renovación Demócrata queda para mejor ocasión, y una vez más se ha mostrado el poder del establishment de Washington, del que Pelosi es una de sus grandes representantes, y sirve también para entender que, pese a sus desafueros, Trump sigue siendo visto como unos de los pocos que no se ha regido por sus leyes.

Pero estas contradicciones demócratas no empañarían su triunfo si no fuera que un grupo de representantes, 16 del ala centrista, según las fuentes, rechazan que Pelosi continúe siendo la presidenta de la Cámara, y pueden votar junto con los republicanos. De producirse este giro imprevisto, se perderían el liderazgo que entraña la presidencia, aunque no la mayoría formal.

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