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Lo que importa

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Constatamos que algunas personas con las que hablamos son críticas cuando no contrarias al aborto, y les parece una irresponsabilidad que las menores puedan practicarlo sin conocimiento de los padres y sin reflexión. También algunas otras, no ven nada clara la eutanasia, porque creen que es un peligro social, que va a producir muchos abusos sobre la gente mayor.

Este criterio, predomina entre aquellos que tienen relación con este grupo de población, y son conscientes de cómo abunda el maltrato y la marginación, sin que exista una protección legal mínimamente suficiente. Tienen vivo en la memoria lo que sucedió durante los primeros meses de la pandemia, cuando se produjo una verdadera criba por edad de quiénes podían vivir y quiénes debían morir. Otros, simplemente consideran que la eutanasia es, en el mejor de los casos, el último recurso, pero que antes, y, sobre todo, lo que debe estar al alcance de todo el mundo son los cuidados paliativos que, a fin de cuentas, también garantizan un fin sin dolor o al menos muy aceptable. Y no entienden que, en la práctica, en España, se haya declarado por parte del Gobierno y grupos de presión ideológicos, la incompatibilidad entre las curas paliativas y la eutanasia, a base de situar las primeras en un tercer plano y no dotarlas de los medios económicos necesarios.

Con el aborto también hay quienes lo critican por razones vinculadas a una concepción ecológica, natural. Entienden que, toda mujer embarazada inicia un proceso de transformación natural hasta el nacimiento, y que el aborto significa una ruptura, un trauma radical de este proceso.

Otra opinión nada menor, es la de los padres preocupados por cómo se educa a sus hijos en la escuela pública, y también en muchas concertadas. No están de acuerdo con que les pregunten en un cuestionario sobre si son niños, niñas o de otra condición, o que hayan instalado lavabos unisex, como hicieron los Jesuitas en Barcelona, hace unos años, aunque después rectificaron. Consideran que cada vez hay más ideología en la escuela y menos buena educación. Que lo que les piden a los maestros, no es que les digan a sus hijos cómo han de vivir la vida, sino que les enseñen bien los fundamentos de aquello que deben aprender, porque consideran que el sentido de la vida es algo que va surgiendo en el seno de la familia, que en todo caso la escuela debe acompañar, pero nunca sustituir.

Otras gentes ven con preocupación que vaya desapareciendo todo atisbo de sentido religioso en nuestra sociedad y, con él, la cultura religiosa de base cristiana que ha generado, porque son conscientes de que lo que somos es el resultado de un  largo proceso histórico de sedimentación y conflicto, regido por el cristianismo, que  queda absolutamente carente de sentido si aquel fundamento desaparece. Tienen toda la razón, porque como bien razona Charles Taylor en Las fuentes del yo: la construcción de la identidad moderna, ninguna época dispone de los recursos intelectuales suficientes para dar cumplida respuesta a sus problemas.

Este es un pequeño inventario de conversaciones y posiciones, de cristianos y otras de personas de las que desconocemos si tienen una fe religiosa, pero que intuimos que no forma parte de su orden del día.

Pero todas ellas  que formulan estos puntos de vista críticos, con el aborto, la eutanasia, la actual situación de la escuela, que se hacen extensivas a determinados partidos políticos, cuando les comentas que hay que dar respuesta a todo ello porque son problemas graves ,porque el  sentido y el modo de vida, y todo lo demás depende de ello, también el famoso modo de producción, la economía, las empresas, el funcionamiento de la justicia y de las instituciones, te contestan que no hay que perder el tiempo en estas cuestiones en el orden político, porque hay que centrarse en lo que importa.

¿Y qué es lo que importa para ellos?  Bueno, pues para algunos, que no hay suficiente dinero para la sanidad, para otros, que ciertamente no viven en Madrid, sino en Cataluña, porque el impuesto de sucesiones les parece que es pagar dos veces, que si hay que bajar impuestos, que si la inflación, y te lo plantean como que arreglar todo esto, pretenderlo, fuera incompatible con el sentido y el modo de vida.

Todo pasa por delante de la razón de la vida. Esta forma de pensar no se da en el ámbito de la progresía, que sitúa en su frontispicio aquel tipo de cuestiones, del aborto, del suicidio asistido, de la eutanasia, el matrimonio y la adopción homosexual, el que sea el Estado quien eduque a los niños, que en la práctica quiere decir el profesor de turno de la escuela pública. Todo esto para ellos son cuestiones vitales de guerra a muerte, en sentido figurado, pero, asimismo, peligroso con quien discrepe. Para este grupo social, todo esto es lo que importa, y los transexuales y la hegemonía GLBTI con recursos públicos, y la ideología de género, y eso se nota claramente con las leyes del Gobierno y con las batallas que dan en la opinión pública,

Esta diferencia entre ambos grupos está modulando a España su atomización como sociedad desvinculada, porque la progresía  cuando está en el poder, que han sido la mayoría de años desde  la transición a la democracia, dejan asentado su sentido de la vida y su modo de vida, mientras que los otros, los que en el plano privado discrepan y cuando gobiernan asumen todos los desastres cometidos, y además son incapaces de traducir en leyes y políticas lo que, más o menos dicen creer, porque “no es lo que importa” va esculpiendo una cultura. El resultado es que los fundamentos de nuestra sociedad sufren una erosión extrema, y con ellos todo lo demás, desde el buen gobierno, a la buena política, pasando por la forma de trabajar, de cómo funciona la economía y de los costes sociales que la afectan.

Por esto es tan importante la manifestación en Madrid del 26 de junio, porque significa una fuerte llamada de atención, el vigoroso punto de arranque de situar en el primer plano, otro sentido de la vida, otro modo de vida diferente al que nos impone el gobierno y la progresía. Un modo de vida, que la celebra, la cuida y la protege.

Manifestación Pro Vida

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