Los peligros de la conquista del espacio

En la última década no han sido pocos los proyectos privados para conquistar el espacio. SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic están en plena carrera espacial moderna. Con el antecedente de la pugna entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, empresas se disputan el negocio espacial. Pero esta aventura entraña peligros que van más allá de los intrínsecos del viaje: tensiones geopolíticas o un mayor impacto medioambiental pueden generar graves consecuencias para el ser humano.

Muchos de estos proyectos, a pesar de parecer a priori descabellados, tienen detrás millones de dolares invertidos para avanzar hacia los objetivos fijados. Jeff Bezos, CEO de Amazon, es el propietario de Blue Origin. Después de varias pruebas a principios de año, Bezos promete viajes espaciales para viajar rápido de una punta a otra de la tierra. El billete, como es lógico, tendría un precio superior a los 200.000 dólares (18.000 dólares por minuto).

Virgin Galactic también tiene como objetivo hacer que los viajes espaciales comerciales sean accesibles. Similar al Blue Origin, los pasajeros experimentarán de cuatro a cinco minutos de ingravidez antes de que la nave ingrese de nuevo en la atmósfera. El viaje total debería durar unas dos horas y media. Virgin Galactic ha realizado tres vuelos de prueba con cohetes de la Unidad SS y esperaba llevar a sus primeros pasajeros a finales de 2018. El fundador Richard Branson será uno de los primeros en hacer el viaje. Y Virgin Galactic ya ha vendido 700 billetes para futuros vuelos, con un precio de 250.000 dólares cada uno.

Blue Origin, Virgin Galactic y SpaceX, de Elon Musk, son los principales protagonistas de carrera espacial moderna, pero hay más empresas en el mercado. Se estima que el turismo espacial podría generar 1.600 millones de dólares en ingresos en la próxima década. “Igual que la Darpa (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa) sirvió de ímpetu inicial para Internet y cubrió muchos de los costes del desarrollo de la red en sus inicios, puede ser que la NASA haya hecho esencialmente los mismo al financiar las tecnologías fundamentales”, dijo Elon Musk, un año después de lanzar SpaceX en 2002. “Al traer al sector comercial, podremos ver la misma dramática aceleración que vimos en Internet”.

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Sin embargo, detrás de la exploración espacial se esconde numerosos problemas como pérdidas de vidas humanas, fallos en los lanzamientos, retrasos, tormentas solares, militarización y tensiones geopolíticas. Se calcula que cada año se producen entre 80 y 100 lanzamientos, produciendo numerosas partículas que orbitan alrededor de la Tierra. La Nasa reconoce que actualmente hay más de 18.000 objetos con un tamaño mínimo de diez centímetros orbitando el planeta. La basura espacial representa un contratiempo que no está exento de cierta paradoja. La misma tecnología que ha dado paso a la civilización moderna puede acabar con ella. Los miles de objetos que orbitan el planeta viajan muy rápido, a 27.000 kilómetros por hora. Esto provoca que las piezas se conviertan directamente en proyectiles. Por tanto, encontrarse con basura espacial se asemeja a ser ametrallado. Un pequeño artefacto puede acabar con un satélite e incluso poner en peligro las misiones tripuladas.

En los años 70 ya avisó el científico de la Nasa Donald J. Kessler, que propuso un escenario en el que los objetos en órbita se multiplicarían en una especie de reacción en cadena. «La basura, al chocar, genera más desechos, que al colisionar producen todavía más desperdicios. Estamos ante una reacción en cascada que es responsable de que hoy haya miles de fragmentos alrededor del planeta», asegura el astrónomo. Los satélites que están ahora mismo operativos y que cumplen alguna función suponen un porcentaje menor del enorme enjambre de chatarra que da vueltas al mundo

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