Los retos del nuevo obispo de Girona

A principios de verano el bisbe Francesc cumple 75 años. Al llegar a esta edad, el canon 401 del Código de Derecho Canónico invita a los obispos a presentar su renuncia al Papa, pero continuando en el ejercicio del ministerio episcopal mientras no se produce el nombramiento del sucesor, que en la práctica se puede alargar hasta un año. Para el nombramiento del nuevo prelado, el Nuncio tiene que proponer a la Santa Sede una terna de nombres, previa una investigación sobre la idoneidad de los candidatos entre presbíteros y obispos de otras diócesis.

Tenemos que agradecer al bisbe Francesc su talante cercano y cordial, las visitas pastorales que continuamente ha hecho a lo largo y ancho de la diócesis, que cuenta con casi 400 parroquias. Ha sido un obispo muy arraigado en el pueblo de Dios que se le ha encomendado guiar espiritualmente. Nos alegramos que haya decidido continuar viviendo en Girona una vez sea efectiva su renuncia.

¿Cuáles serán los retos del nuevo obispo? Seguramente el principal sea intentar revitalizar una iglesia que lleva muchos años con síntomas de modorra, resignación y laxitud espiritual. Ciertamente, esta diagnosis se podría aplicar a la gran mayoría de diócesis de nuestro entorno europeo occidental, pero en la iglesia catalana, y en la gerundense en particular, las señales son aún más evidentes.

Las razones son diversas. Ahora solo se pueden enunciar algunas, y aun esquemáticamente. Al carácter catalán, poco místico, se le añade la mentalidad materialista y utilitarista de nuestro tiempo, todo ello poco propicio para fomentar la vida espiritual en un ambiente cultural y político cada vez menos favorable a la fe cristiana. La avanzada edad de nuestros presbíteros (en la diócesis la media está alrededor de los 75 años) dificulta su empuje pastoral, su capacidad de discernir los nuevos signos de los tiempos, de responder creativamente y conectar con las nuevas generaciones. Nuestra diócesis lleva prácticamente tres décadas gobernada por obispos mayores de 65 años. El centro de gravedad de la acción de la iglesia se tendría que situar en la parte más joven y activa tanto de los presbíteros como de los laicos.

El ruido, o fressa como decimos por aquí, de la actitud contestataria que hubo en parte del clero de la diócesis se ha ido apagando. Pero a menudo todavía hay resistencias, procedentes de la época del post-concilio, para una plena comunión con la Iglesia de Roma, y un ambiente de confusión doctrinal que dificulta la acción pastoral. Por último, la Covid-19 ha acentuado la baja asistencia al culto dominical y la poca participación de los fieles gerundenses en las actividades de las parroquias.

Cuando una comunidad, un equipo o una empresa cae en la modorra, lo que necesita es el “sacudón” al que se refiere Gaudete et Exsultate, 137. Sin desmerecer los méritos y los aspectos positivos de la acción del bisbe Francesc y de sus antecesores, hoy la iglesia de Girona necesita un cambio en las maneras de hacer que dé la iniciativa a los sacerdotes más jóvenes y a los más activos, y que sea capaz de promover y aprovechar la vitalidad de los laicos.

Si ponemos sobre la mesa el número de sacerdotes diocesanos y sus edades, apostar de verdad por los laicos no es una opción, es pura necesidad que no se puede demorar más. Pero en nuestras parroquias todavía hay rectores que practican el clericalismo, y esto provoca el retraimiento de los laicos y la pérdida de su colaboración, tan necesaria. Para revitalizar nuestra diócesis es prioritaria también una dedicación creativa a los jóvenes y a los católicos procedentes del extranjero, especialmente de la América del Sur y Central.

Es muy importante también el papel de los Movimientos apostólicos. Durante décadas la actitud de nuestro Obispado respecto a los Movimientos laicales fue de abierta desconfianza, absoluta frialdad y carencia de colaboración. Ciertamente, con el bisbe Francesc ha habido un deshielo, pero es necesario dar todavía mayor confianza y protagonismo a estos movimientos en la vida diocesana, y en parroquias con una situación estratégica que se tienen que revitalizar.

Girona hoy no necesita un obispo canonista para mantener el orden, ni un obispo contemporizador. La situación de nuestra diócesis requiere un pastor con un gran carisma y empuje apostólico, con capacidad para conectar con las nuevas generaciones y con los llegados de paises lejanos, para responder creativamente a la realidad que nos toca vivir, y que esté dispuesto a ejercer el liderazgo entre el conjunto de fieles que solo al obispo corresponde.

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Publicado en el Diari de Girona, el 6 de junio de 2021

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