¿Matrimonios intra-extraeclesiales? (I)

Matrimonio por la iglesia

Podríamos registrar este apelativo como probado existencialmente, pues describe con bastante rigor una realidad cada día más habitual. Para hablar de ella, podemos empezar con la pregunta: ¿A santo de qué tanto matrimonio de eso que llaman “por la Iglesia”, si los contrayentes, que son los ministros del sacramento según el Catecismo, no viven en paz y comunión con la Iglesia? Y, para ir concretando, preguntémonos: ¿Por qué se acepta a personas que viven su vida incluso públicamente contraria a Ella? Porque no debemos olvidar que el vínculo (humano y divino) adquirido por el sacramento del matrimonio (por tanto, lo que llamamos “contrato”, pero más) es público, y por ende debe ser y vivirse como Dios manda.

Cabría plantearse, pues, que la mayoría de los matrimonios actuales son nulos, es decir, que no han existido nunca ante Dios, por inmadurez afectiva o por falta de rectitud en el cumplimiento de una moral auténtica y plenamente cristiana. No cabe duda de que por eso se rompen, y tan pronto; pero eso es una falacia: porque si esa alianza pública ante Dios y los hombres no ha existido, no puede romperse; lo que se rompe es la convivencia.

Pero ¿de qué nos extrañamos? ¡Si sus propios ministros no viven con anterioridad en paz y comunión con la Iglesia, ¿para qué se casan por Ella?! No es una contradicción en el término solo que se los acepte, sino ya que sean ellos mismos los que lo soliciten. ¿Viste quizás? ¿Lo hacen por aquello de “es que todos lo hacen”?, ¿porque “es tradición”? ¿O hay más? ¿Hay también mala intención? Porque, ¿cómo vamos a tolerar un contrato público humano-divino por medio de la Iglesia en estas circunstancias, cuando incluso se actúa con mala fe o al menos público descaro? Es el caso de una boda católica mediática –“de revista”- en la cual, en la celebración que seguía a la misa, se contaba con la presencia actuante de echadores de cartas, sabiendo como se sabe que la Iglesia los repudia por ser contrarios a su esencia y a la Providencia divina. ¿Es esto de recibo?

Los casos mediáticos con escándalo provocan confusión en la inocencia de tantas personas dentro y fuera de la Iglesia. Jesucristo pidió que la Iglesia acogiera en su seno a todo el mundo, pero previa rectificación y petición de perdón: el traje de fiesta del que habla Jesucristo (Mt 22, 11-12). Si no, es un camelo. Un camelo es un engaño al Pueblo de Dios y una tentación al mismo Dios. ¿No es eso permitir que los desaprensivos y errados jueguen con el corazón de Madre de la Iglesia? Más, teniendo en cuenta que ese corazón es el propio Dios. Se está desvirtuando el sacramento, y con ello la propia Iglesia: su credibilidad y su fuerza espiritual ante Dios y los hombres. …Y así, se acostumbran a una Iglesia “a la carta”, cuando todos sabemos que es dogmática.

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