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Raffaele Cattaneo al Meeting de Rímini: realismo, “Laudato si”, ambiente, Lombardía indica el camino

Cattaneo intervino el 21 de agosto en el Meeting de Rímini en un encuentro sobre “Y yo, ¿quién soy? Naturaleza humana y relación con la naturaleza”.

Consejero de Medio Ambiente y Clima de la Región de Lombardía y ya dos veces consejero de Transportes en los ayuntamientos de Formigoni, del que fue uno de los más estrechos colaboradores.

En esta extensa charla con Il Sussidiario, Cattaneo explica cómo una sólida cultura antropológica, no ideológica, se declina en las decisiones de gobierno. Y lanza un llamamiento a los moderados con vistas al 25 de septiembre. [NdT: en Italia habrá Elecciones Generales anticipadas]

P.: Comencemos con la transición ecológica. Nos enfrentamos a dogmas ideológicos al estilo de Greta Thunberg o a opciones que parecen arriesgadas, como cero emisiones en 2050 o solo coches eléctricos a partir de 2035. Pero Italia no es Letonia y tampoco España. ¿Qué debemos hacer?

R.: Ser realistas. Y el realismo hoy nos obliga a decir que la transición ecológica es una necesidad. No podemos ignorar el camino del cambio que tendrá lugar en los próximos treinta años y que será muy generalizado. El «cómo» debe ser discutido. Pero hay un dato objetivo imprescindible.

P.: ¿Cuál?

R.: El cambio climático es un dato de la realidad, como el aumento de la contaminación por el exceso de combustibles fósiles y la pérdida de biodiversidad. Pero precisamente porque el desafío es tan generalizado, hace que una cultura esté a su altura. Y el ecologismo integral no lo es.

P.: ¿Por qué razón?

R: Porque es sin antropología: es un culto a la naturaleza sin hombre. Dentro de los ‘Fridays for future’ nació el movimiento ‘Green Inclinations, No Kids’ (Gink), según el cual para salvar el medio ambiente es necesario dejar de tener hijos. No es necesario ir a América: hace unos años un folleto del Ayuntamiento de Cremona decía lo mismo. La matriz antropológica destructiva es evidente. Pero hay otro error a evitar.

P.: Y ¿cuál sería?

R.: El negacionista, como Trump: son todas ‘fake news’, sigamos como antes para seguir siendo competitivos. Pero sigues siendo competitivo si creas las condiciones para vender productos y servicios incluso de aquí a treinta años, no mirando hacia atrás.

P.: ¿Entonces?

R.: Necesitamos un equilibrio en las opciones para acompañar la transición sin desgarrarnos y prestando atención a las necesidades reales. ¿Quién tiene esta cultura? En Europa, los Populares. Estoy pensando en los certificados blancos (certificados de eficiencia energética, nota del editor) como sistema de compensación de emisiones: fue una idea del PPE.

P.: Sin embargo, es precisamente Europa la que hoy impone opciones que están lejos de la realidad de nuestro sistema productivo.

R.: Se lo debemos a Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión de la UE y exponente socialista.

P.: Ud. ha sido un estrecho colaborador de Formigoni ya desde su primer mandato (1995-2000). ¿Cuándo nació la política ecológica de la administración lombarda?

R.: En 1995, dos meses después de asumir el cargo, Formigoni tiene que enfrentarse a la emergencia de los residuos en Milán. La ciudad está llena de basura porque los ambientalistas bloquean los camiones que se dirigían al vertedero de Cerro Maggiore. También es una trampa política: el vertedero es del hermano de Berlusconi… Formigoni es nombrado comisario. De esa experiencia nació el modelo de gestión de residuos lombarda, que hoy es uno de los más avanzados del mundo.

P.: ¿Cómo lo habéis logrado?

R.: Los ecologistas querían la recogida selectiva de residuos pero no plantas incineradoras; otros, en cambio, querían quemarlo todo. Dos maximalismos. Hicimos el reciclaje y las plantas. Hoy en Italia hay un total de 37 plantas de conversión de residuos en energía, 11 están en Lombardía.

P.: ¿Y los resultados, a largo plazo?

R.: Separamos el 73% de los residuos recogidos; en 1995 estaban por debajo del 20%. El 62% de los residuos urbanos se envía para su valorización material y el 55% se recicla. En 1995 el 80% del material iba a vertedero, hoy el 0,02% va a vertedero. El 27% de los residuos urbanos se convierte en energía gracias a las plantas de valorización energética. De los residuos especiales (los de empresas, que son 6 veces más que los urbanos), recuperamos incluso el 85%. ¡Es una economía circular realizada, no anunciada!

P.: ¿Cuáles son las principales intervenciones ambientales de las que siente que puede presumir más?

R.: La más antigua es sin duda la coordinación de la estructura técnica del comisario de residuos, allá por 1995. Sacamos a Lombardía de la emergencia en pocos meses y marcamos un camino. Volví a cuidar el medio ambiente como concejal en 2018. Diría que la rehabilitación del lago de Varese – era uno de los lagos más contaminados de Italia, lo recuperamos apto para bañarse en tres años- y el proyecto ‘Move-In’ sobre la calidad del aire en Milán.

P.: ¿’Move-In’ es el control de los vehículos contaminantes?

R.: Sí. La «caja negra» que permite a aquellos con vehículos no estándar viajar una cierta cantidad de kilómetros en áreas sujetas a restricciones de calidad del aire. Es una medida de equidad social. No todo el mundo puede permitirse cambiar de coche cada tres años.

P.: En temas ambientales, ¿el centro-derecha persigue a la izquierda?

R.: Definitivamente no necesita hacer eso. Más bien, mi sensación es que a veces sigue un enfoque que regala estos temas a la izquierda.

P.: ¿Nos lo puedes explicar mejor?

R.: Hoy la cuestión ecológica es como la cuestión obrera cuando León XIII escribió la ‘Rerum Novarum’. La cuestión obrera era monopolio de la izquierda obrerista maximalista y parecía que los católicos no podían ni debían ocuparse de ella. Gracias a un enfoque humano integral, León XIII cambió los esquemas. Una revolución. ‘Laudato si’’ ha hecho lo mismo con la transición ecológica. Esto no puede interesar sólo a los verdes o la izquierda, porque la relación con la creación concierne a todos. Tenemos esta tarea hoy, no para imitar a la izquierda como monos de repetición ni para ignorar el problema, sino para buscar soluciones equilibradas, sabias y viables.

P.: Está bien, pero ¿qué significa en términos concretos?

R.: La transición ecológica no puede significar perder de miles de puestos de trabajo. En este caso, se necesitan diferentes formas y tiempos.

P.: Si el centro-derecha hiciera la esperada reforma del regionalismo, usted, como administrador, ¿qué poderes le gustarían más que hoy no tiene?

R.: Me gustaría un verdadero regionalismo. La autonomía diferenciada ya está prevista por la Constitución en el artículo 116 tercer párrafo, pero nunca se ha realizado. La reforma de Bassanini del título V es hija de una temporada en la que la izquierda intentó competir con la Liga Norte. Pero fue una reforma tímida y confusa, que generó muchos conflictos entre el Estado y las Regiones.

P.: ¿Cómo lo explicas?

R.: Ha prevalecido un igualitarismo abstracto. En cambio, la autonomía, la real, parte de la realidad, que muchas veces nos muestra diferentes situaciones. No somos todos iguales. Los que empiezan un poco por delante de los demás deberían tener más capacidad para hacerlo solos, y los que van por detrás deberían recibir más ayuda. Las formas diferenciadas de autonomía no deben causar escándalo.

P.: ¿No hay el riesgo de dañar irreparablemente las finanzas públicas o dividir la unidad nacional?

R.: Alemania, cuyos Länder tienen poderes muy fuertes, ¿es un país maltrecho? Estados Unidos, donde los estados son claramente diferentes entre sí, ¿está quebrado? La idea que dices es hija de una visión que confunde unidad con uniformidad. Prefiero una cultura en la que la diversidad, las diferencias, sean factor de unidad y de fuerza.

P.: Mientras tanto, Attilio Fontana ha disuelto la reserva y vuelve a ser candidato a la presidencia de Lombardía.

R.: La candidatura de Fontana es natural, legítima, la acojo con beneplácito y con mucho gusto la apoyaré. Fontana ha sido objeto de ataques muy fuertes que resultaron estar construidos sobre la nada, y se encontró a afrontar la tragedia de la región más afectada del mundo por la pandemia del Covid, la primera después de China. Hubo errores, insuficiencias, luego resueltos brillantemente. Preguntémonos qué habría hecho otro en su lugar.

P.: En el Meeting de Rímini Ud. hablará sobre «Naturaleza humana y relación con la naturaleza». Dos significados diferentes en una sola frase.

R.: No, al contrario, los dos temas se tocan, precisamente por todo lo que hemos dicho hasta ahora: no hay ecología sin una adecuada antropología. El tema de la relación con la naturaleza no puede ser tratado correctamente si no se tiene un concepto adecuado de la naturaleza humana. El hombre depende, no se hace a sí mismo, y no puede considerarse dueño absoluto de la realidad que le rodea. Sólo este enfoque permite evitar la destrucción del medio ambiente y la destrucción del hombre. Es el aspecto que veo más débil en la política actual.

P.: ¿Es decir?

R.: La antropología se ha debilitado, falta una cultura humana que pueda estar a la altura del desafío. En cambio, este es precisamente la contribución que los católicos y, más en general, los moderados pueden hacer a la vida política: restaurar el realismo, el equilibrio y una visión de la historia a la altura de los desafíos.

P.: El 25 de septiembre votamos. ¿Cuál es su opción?

R.: Ante la consistente probabilidad de que el centroderecha vaya al gobierno, creo importante que los componentes moderados de la coalición de centroderecha, hijas de la tradición y del compromiso político de los católicos populares, puedan tener el espacio que se merecen. Son necesarios para darle a la coalición la solidez y el equilibrio que mencioné anteriormente.

P.: Depende de los votantes.

R.: Ciertamente. Es decir que hoy, si queremos evitar el riesgo de una deriva demasiado a la derecha, es mejor apoyar a los de centro-derecha que tienen posiciones centristas y europeístas, que correr tras un idea de un tercer polo que con la actual ley electoral luchará por encontrar sentido y espacio.

Publicación Il Sussidiario del 19.08.2022

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