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Carlos III: «Juro que preservaré la verdadera religión protestante»

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La Reina Isabel II ha fallecido asumiendo el trono el primero en la lista de sucesión, el proclamado nuevo monarca Carlos III. Una monarquía que se debe a la religión protestante.

Una de las afirmaciones que han sorprendido más a parte de la sociedad occidental, cada vez más secularizada, es la pronunciada por Carlos III en su proclamación, que afirmó: «Yo, Carlos III, por la gracia de Dios, del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y de mis otros reinos y territorios, Rey, defensor de la fe, prometo y juro fielmente que preservaré inviolable el asentamiento de la verdadera religión protestante».

Oficialmente el Reino Unido tiene el anglicanismo como religión oficial. Una religión que, a pesar de los intentos de ecumenismo entre las religiones cristianas, mantiene un distanciamiento ideológico con la doctrina social de la Iglesia.

El anglicanismo ha sido víctima de las tendencias relativistas de las que son víctimas las sociedades occidentales, además de la denominada «cultura woke«.

La natalidad y la religión protestante

Un ejemplo de esa deriva es el episodio que se vivió cuando el Papa Francisco sacudió algunas conciencias cuando afirmó que las personas que adoptan mascotas en lugar de personas son egoístas en algunos casos. Una de esas conciencias fue la de parte del anglicanismo progre.

Sustancialmente el Papa Francisco constató que las economías están en problemas, en parte, debido a la disminución de las tasas de natalidad que no ofrece suficientes personas productivas para apoyar a las poblaciones que envejecen. También expresó su preocupación sobre cuál será el efecto en nuestra humanidad a medida que las personas pasen cada vez más de las familias humanas a los hogares de mascotas.

“Hoy, además, con la orfandad, hay un cierto egoísmo”, subrayó el Papa al referirse al “invierno demográfico” que se vive en algunos países occidentales. El Santo Padre lamentó que muchas parejas prefieren no tener hijos o al límite uno nada más y esta negación de la paternidad y de la maternidad “nos quita humanidad, la civilización envejece y la Patria sufre”. Por ello, pidió a San José un “despertar de las conciencias” sobre la paternidad y la maternidad que son la plenitud de la vida de una persona.

La reacción del anglicanismo progre y la «sostenibilidad»

Y, ¿por qué cierto anglicanismo progre reaccionó contra el Papa? Un artículo del Washington Post titulado «Is Pope Francis right about babies and pets?» («¿Tiene razón el Papa Francisco sobre los bebés y las mascotas?», en castellano) afirmó: «Nuestros «bebés peludos» no son simplemente «mascotas», sino miembros de la familia esenciales para formar un hogar. Son más fáciles y menos costosos que los niños. Además, la crianza de mascotas puede ser un buen ejercicio de calentamiento para los futuros padres. Si cuidar a una mascota es demasiado problema, imagina lo que requieren los niños. Por todos los medios, omita las clases de Lamaze [una metodología de enseñanza de padres a hijos] y contrate a un agente de viajes».

Otro artículo de la CNN titulado «The Pope is wrong. Choosing to have few or no children is the opposite of selfish» («El Papa está equivocado. Elegir tener pocos o ningún hijo es lo contrario de egoísta», en castellano) afirmaba que «los comentarios del pontífice, sin embargo, son totalmente erróneos».

«La sugerencia del Papa de que no tener hijos es egoísta está lejos de la verdad -consideraba la CNN-. Especialmente para aquellos de nosotros que vivimos en países con una gran huella ambiental, la elección de tener una familia pequeña, o no tener ninguna familia humana, es algo que ayuda a todos, especialmente a los niños, cuyo futuro depende de un planeta más sostenible».

La “ordenación episcopal” de homosexuales y mujeres

Otra cuestión es la integración del relativismo a través de la ideología de género.

En septiembre de 2007, los obispos episcopalianos, rama del anglicanismo en Estados Unidos, aceptaron suspender las ordenaciones de obispos homosexuales y uniones entre personas del mismo sexo ante la inminencia de un cisma dentro del mismo grupo episcopaliano de aquel país.

La ordenación, en 2003, de Gene Robinson como obispo episcopaliano de New Hapshire, en Estados Unidos, había lesionado la unidad de la comunión anglicana mundial. El caso de Robinson halló amplia acogida en la prensa mundial al ser el primer “obispo” anglicano ordenado abiertamente homosexual.

Sin embargo, no fue hasta 2006 cuando la tensión en la comunión anglicana se intensificó aún más tras la elección de una mujer “obispo” como líder de los episcopalianos en Estados Unidos. Más recientemente, la boda civil y la simulación de unión religiosa entre dos clérigos anglicanos (el neozelandés David Lord y el inglés Peter Cowell en la iglesia londinense de san Bartolomé El Grande), no hizo sino re-encender el fuego.

Fueron estos mismos hechos los que causaron que 280 obispos anglicanos de África y Latinoamérica rechazaran participar en la Cumbre de Lambeth y desarrollaran, casi a la par, una cumbre que defendiera los postulados tradicionales de la enseñanza Bíblica.

Por este motivo, delegados de más de 25 países, representantes del 60% de los anglicanos del mundo, se reunieron en Jerusalén en junio de 2008 en la así llamada Conferencia sobre el futuro de la Iglesia Anglicana.

Según informó el London Daily Telegraph, la Conferencia habría meditado seriamente el cisma respecto al resto de la comunión anglicana: “Los obispos conservadores dijeron que no hay perspectivas realistas de mantener la unidad entre los líderes mundiales del anglicanismo debido a sus graves desacuerdos sobre asuntos doctrinales y morales”, señaló el diario.

La decisión de ordenar sacerdotisas se remonta a 1974 y la de “consagrarlas” “obispos” a 1989.

Heridas abiertas y problemas de fondo

La Cumbre de Lambeth concluyó el 3 de agosto de 2008 sin llegar a soluciones, con heridas abiertas y opiniones contrastantes. De suyo, el Primado de la comunión anglicana, el arzobispo Rowan Williams, reconoció: “a lo largo de estos días que hemos estado juntos no hemos superado nuestros problemas ni hemos reinventado nuestra estructura, eso llevará tiempo”.

El 30 de julio, todavía dentro de la Cumbre de Lambeth, el cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, pronunció un extenso discurso titulado Reflexiones católicas-romanas sobre la comunión anglicana. En él dejó claro a las autoridades anglicanas la postura católica respecto a las divergencias que están siendo causa de una mayor división incluso dentro de la misma comunión: “Las iglesias de la comunión anglicana han ingresado en un periodo de disputas, ocasionado por la ordenación episcopal de una persona que vive en una relación homosexual llevada a cabo abierta y conscientemente, y por la autorización de ritos públicos de bendiciones para uniones homosexuales […] como ustedes bien saben, la ordenación de las mujeres al sacerdocio en varias provincias anglicanas ha complicado en gran medida las relaciones entre la iglesia anglicana y la católica”. Más adelante declaró: “Ha sido particularmente desalentador haber comprobado las tensiones crecientes en el interior de la comunión anglicana. En varios contextos, los obispos no están en comunión con otros obispos. En algunos casos, las provincias anglicanas ya no están en comunión plena con cada una de las otras”.

Un vistazo rápido y general a las resoluciones tomadas en anteriores Cumbres de Lambeth evidencian el deseo de ajustarse a la ideología dominante del momento: mientras en la sexta conferencia (1920) hubo una dura condena a la utilización de métodos anti conceptivos, en la séptima conferencia (1930) se aprobó su uso. En la octava conferencia (1948) se prohibió la ordenación de mujeres por ser contraria a la tradición y al orden de la comunión anglicana. Pero en la décima conferencia (1968) se recomendó la ordenación de diaconisas para, en la duodécima conferencia (1988), dar libertad a cada provincia de religión protestante anglicana para tomar sus propias decisiones respecto a la ordenación de mujeres “sacerdote”. Finalmente, en la décima tercera conferencia (1998) se pidió respeto a la ordenación de mujeres “obispos” según lo viera conveniente cada provincia anglicana. En esa misma conferencia se calificó a las prácticas homosexuales como “incompatibles con la Escritura” aunque los acontecimientos referidos anteriormente contradicen la resolución.

En definitiva Carlos III también hereda una religión protestante en profunda crisis de valores, que se suman a la del Reino Unido.

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